| VALLES
DE MENA Y LOSA
Entrar en el Valle de Mena descendiendo
las empinadas rampas del puerto de El Cabrio -antes se pueden visitar la
interesante portada románica de Bercedo y el puente romana de Agüera-
es introducirse en una de las tierras más hermosas y con mayor personalidad
e historia de toda la provincia de Burgos. Un paisaje siempre verde, al
que llegan sin dificultad las brisas húmedas del cercano mas Cantábrico,
va a sorprender gratamente a los viajeros.
Irús es la primera parada
de esta ruta. Al lado de su fortificada iglesia parte un camino por el
que enseguida se alcanza la obra de una calzada romana. Todavía
son visibles algunos tramos bien conservados del firme de esta vía
que atravesaba todo el Valle de Mena.
Por la carretera de Villasana se
localiza el ramal asfaltado que asciende al santuario de Cantonad. Desde
esta verdadera atalaya natural se divisa una de las mejores perspectivas
de Mena.
A la altura de Vivanco, lugar que
conserva varias casonas palaciegas y en donde se guarda un interesante
sepulcro románico, hay que desviarse por la carretera local que
conduce a Lezana de Mena. Enclavada en una zona de frescos prados naturales
-omnipresentes en la comarca- en los que pastan numerosas vacas y caballos,
aparece la altiva silueta de la torre de Lezana. Perteneciente a la ilustre
familia de los Velasco fue levantada, a finales del siglo XIV, en una época
de duros enfrentamientos entre las distintas familias de la nobleza local.
Por Sopeñano, desde donde
se pueden alcanzar las fuentes del río Cadagua, hay que seguir la
carretera que sin problemas alcanza las primeras estribaciones de la sierra
de la Magdalena. En este anfiteatro natural en el que se desploman los
verticales taludes rocosos de La Peña y que aparece tapizado por
un frondoso bosque caducifolio de hayas, robles y quejigos, se concentran
los más escogidos monumentos del románico local.
Encaramada en lo alto del pueblo
de Siones se encuentra la iglesia de Santa María. construido en
el último cuarto del siglo XII, en el interior de este magnífico
templo destacan la doble arquería del ábside y las misteriosas
representaciones iconográficas de los dos edículos que se
abren a los lados del crucero. Muy cerca queda la iglesia de El Vigo con
su tímpano historiado.
Lo que más sorprende de la
iglesia de San Lorenzo de Vallejo de Mena es su carácter exótico
e inacabado. De finales del siglo XII, posee una sola nave, tres portadas
y un curioso y robusto ábside. De este último destacan sus
haces de columnas y un dosel de arcos ciegos de clara influencia lombarda.
Un peregrino, con venera y bordón, esculpido en una arquivolta de
la portada principal de Vallejo nos recuerda el paso por Mena de uno de
los más antiguos caminos jacobeos.
La entrada de Villasanta de Mena
está guarnecida por una elevada torre, mandada edificar por Juan
Fernández de Velasco, en el siglo XV. Siguiendo por la calle del
Medio, toda ella flanqueada con casas de origen medieval, se localizan
el palacio de Matienzo y el convento de Santa Ana, dos de los edificios
más notables de la villa.
Para continuar el recorrido hay
que retroceder por la carretera de Burgos hasta el cruce que, desde el
cercano Villanueva, conduce a Caniego. Muy cerca quedan el famoso monasterio
de Taranco -lugar en donde por primera vez se escribió la palabra
Castilla-y el noble pueblo de Concejero. Después de enfilar hacia
Burceña y Hornes la carretera se dirige a Nava de Ordunte. Poco
antes de ese pueblo se puede tomar la desviación que asciende hasta
la presa del pantano de Ordunte. Desde este lugar parten varias rutas senderistas
a la búsqueda de los hayedos, los robledales y las cimas de los
Montes de Ordunte.
Desde Nava de Ordunte y por la carretera
de Valmaseda hay que llegar hasta El Berrón, último pueblo
de Castilla. Allí es necesario desviarse, siguiendo varias pistas
asfaltadas, hasta enlazar en Antuñano -muy cerca queda la iglesia
de San Pelayo y su interesante tímpano románico- con la carretera
que se dirige a la localidad alavesa de Arceniega.
Una vez situados en la serpenteante
carretera que enlaza Arceniega y Trespaderne, no resta más que ascender
tranquilamente hasta lo alto de la Peña de Angulo. Desde alguno
de los miradores que se asoman al espectacular paisaje del Valle de Angulo,
es posible dominar todo el conjunto de pequeñas aldeas que configuran
este pintoresco espacio geográfico. También el Valle de Angulo
es un paraíso para los entusiastas del contacto con la naturaleza:
hayedo de Encima-Angulo y cascadas de San Miguel y, sobre todo, Peñaladros.
El túnel del puerto de Angula
permite franquear la Sierra Salvada e internarse en las más meridionales
tierras del Valle de Losa. Al llegar a un cruce hay que dirigirse a Quincoces
de Yuso. De este próspero pueblo parte la pista asfaltada que se
acerca a Relloso. Un poco antes de llegar a esta aldea semiabandonada se
localiza la llamada Cueva del Agua, impresionante surgencia en la que nace
el río Jerea.
En el mismo Relloso, pueblo rodeado
por espesos hayedos y robledales, se puede coger el camino que asciende
hasta el túnel de la Complacera: magnífico mirador natural
de una buena parte de estas comarcas norteñas burgalesas.
Otra vez por la carretera de Trespaderne
y pasando por pueblos como San Llorente, Villaluenga y Río de Losa
se alcanza con facilidad el pueblo de San Pantaleón de Losa. Su
caserío se extiende a la sombra de una gran peña en cuya
cima se encuentra la famosa ermita de San Pantaleón, una de las
construcciones románicas más curiosas y bellas de todo el
románico castellano. Desde el pueblo hay que tomar el camino que
por la izquierda asciende suavemente hasta lo alto de la cresta caliza.
Pronto se descubre, levantada sobre un terreno con gran declive, la pequeña
ermita de San Pantaleón. Consagrada en 1207, es posible que se empezase
a construir a finales del siglo anterior. Consta solamente de un tramo
bajo cúpula y de un ábside. Sobre el arco triunfal aparece
situada una elegante espadaña. En la portado y en las ventanas se
concentra un original repertorio iconográfico.
Además de su alto valor artístico,
San Pantaleón está preñado de misteriosas y esotéricas
leyendas entre las que sobresale la del Santo Grial.
Después de contemplar el
magnífico paisaje que se divisa desde lo alto de la peña
-una alargada depresión enmarcada por los blandos materiales del
Cretácico Superior y cubierta en su mayor parte por espesos bosques
de pino, roble y encina- hay que regresar hacia Quincoces de Yuso y en
sus inmediaciones tomar la carretera que prosigue paralela al río
Nabón en dirección a Berberana. Antes de llegar a este último
pueblo se puede visitar el hayedo de San Martín de Losa y conocer
Villalba de Losa, patria chica de Juan de Garay, fundador de la ciudad
de Buenos Aires.
En Berberana es preciso desviarse
por la N-625 con dirección a Bilbao. Antes de culminar el puerto
de Orduña un camino forestal asfaltado conduce hasta Monte Santiago
y el mirador del Cañón. Desde este lugar, protegido bajo
la figura de “Monumento Natural”, se domina el salto del Nervión.
En época de deshielo o de fuertes lluvias el espectáculo
que ofrece la cascada es único e inolvidable. Se pueden realizar
numerosas rutas de senderismo.
Otra vez por Berberana y siguiendo
también la N-625 hay que introducirse en Álava. El objetivo
es alcanzar la Jurisdicción de San Zadornil, una porción
de la provincia de Burgos que sólo es accesible desde tierras alavesas.
EN este desconocido espacio provincial, cuajado de verdes prados, densos
bosques y aislado por el sur por los encrespados riscos calizos de la Sierra
de Árcena, se comenzó a fraguar a partir del siglo IX, la
historia del primitivo reino de Castilla.
Por la desviación que señala
Valdegovía rápidamente se alcanza el pueblo burgalés
de Valpuesta. Sede de uno de los primeros obispados de la Reconquista -desde
el año 802 hasta 1087- Valpuesta aún conserva los restos
de su esplendor: una colegiata gótica levantada sobre varios templos
anteriores y un bien conservado torreón fechado en la primera mitad
del XV.
El pueblo de San Zadornil, con
su rústica iglesia románica de San Saturnino y el de Villafría
de San Zadornil, enclavado en plena Sierra de Árcena y en el que
se puede contemplar uno de los paisajes más pintorescos de toda
la provincia, completan la ruta. Para regresar es preciso volver a tierras
alavesas y, por Bóveda, enlazar con San Pantaleón de Losa.
EN TORNO A ESPINOSA DE LOS MONTEROS
Desde Soncillo -muy cerca, en Villabáscones
de Bezana, se localiza la fantástica cascada de Las Pisas-, localidad
que desprende por sus cuatro costados un típico aire montañés,
la carretera C-6318 se dirige hacia Santelices y Pedrosa de Valdeporres.
Un poco antes de llegar al primero hay que tomar la pista asfaltada que
conduce hacia Busnela.
Siguiendo el curso del incipiente
Nela, que junto al Ebro es el principal río que recorre la comarca
de Las Merindades, pronto se deja atrás el caserío, presidido
por un macizo torreón, del pequeño pueblo de Cidad. Unos
metros después de pasar el cruce de la pista que se encamina hacia
Haedo de las Pueblas, y a mano izquierda de la carretera, aparece sobre
una pequeña elevación el dolmen semirrupestre de Busnela.
Este curioso megalito -puede fecharse hace unos 5.000 años- se construyó
aprovechando una gran roca sobre la que se apoyaron siete enormes ortostatos
de roca arenisca.
Tras retroceder de nuevo hasta el
cruce de Santelices -desde donde se puede llegar hasta la boca del túnel
de la Engaña y, desde allí sendereando, a las impresionantes
fuentes del río del mismo nombre- hay que tomar la desviación
que se dirige a Puentedey. En el centro de este pueblo se localiza uno
de los mas singulares fenómenos de la naturaleza que se pueden observar
en Burgos: un gran puente -más de 15 metros de alto- excavado por
el río Nela en la dura roca caliza. El pueblo también conserva
algunos restos románicos y una casa-fuerte que perteneció
a los Velasco. Desde Puentedey la carretera abandonada el curso del Nela
y asciende por Quintanilla Valdebodres -acceso a los Canales de Dulla y
a la cascada de La Mea- al encuentro de la Merindad de Sotoscueva.
Por la carretera que se dirige a
Cueva se alcanza el punto culminante del circo de San Bernabé. EN
el fondo de este gran valle ciego se localiza el sumidero del río
Guareña. Por este famoso “ojo” se introduce el río en los
materiales calizos del Cretácico, dando lugar al complejo de simas,
galerías, ríos y lagos subterráneos conocido como
Ojo Guareña.
El Complejo Kárstico de Ojo
Guareña, declarado “Monumento Natural”, es con sus casi 100 kilómetros
de desarrollo el más extenso de España y ésta entre
los diez mayores del mundo. EL mismo nombre de la Merindad de Sotoscueva
indica que la vida y las costumbres de sus habitantes han girado desde
siempre alrededor de las cuevas. El entorno de Ojo Guareña es uno
de los pocos lugares del planeta en el que se puede seguir con toda claridad,
y sin que falte ninguna etapa clave, la evolución de la religiosidad
del hombre occidental.
Una vez visitada la ermita y la
cueva de San Bernabé, el periplo continúa, atravesando los
pequeños pueblos de Cueva, Quisicedo y Quintanilla del Rebollar
hasta alcanzar Espinosa de los Monteros. Un Paisaje fresco, alegre y siempre
verde recuerda al viajero que está recorriendo las estribaciones
meridionales de la Cordillera Cantábrica y que el suave y lluvioso
clima que reina en la comarca es consecuencia de la proximidad del mar.
También el aire que desprende el conjunto urbano de Espinosa de
los Monteros denota un carácter marcadamente montañés.
Espinosa es una legendaria villa conocida sobre todo por sus “Monteros”,
cuerpo hidalgo que desde el año 1006 tenía el privilegio
de custodiar durante la noche las estancias de los reyes de España.
Así mismo, el rico patrimonio arquitectónico de esta villa
realenga merece una detenida visita. Entre todos sus monumentos destacan
el castillo de los Condestables o de los Velasco levantado durante los
s. XIV y XV, junto al río Trueba y la iglesia renacentista de Santa
Cecilia.
Desde Espinosa una estrecha y serpenteante
carretera permite internarse en la comarca llamada de Las Machorras o de
los Cuatro Ríos Pasiegos, el territorio burgalés en el que
con más claridad han perdurado las formas de vida ancestrales. Sus
habitantes son los pasiegos, un misterioso y amable pueblo que casi en
el siglo XXI ha sabido conservar unas sabias costumbres basadas en la tradición
de muchos siglos.
La principal actividad de los pasiegos
gira alrededor de su única fuente de recursos: el ganado vacuno.
Su forma de vida está marcada por la trashumancia estacional. En
verano suben con las vacas a la branizas, praderas naturales, donde se
encuentran sus típicas cabañas construidas en piedra que,
con dos plantas y cubiertas con lastras, sirven a la vez de establo y vivienda
familiar.
Al llegar al pequeño núcleo
de Las Machorras, lugar en donde está enclavado el santuario de
Nuestra Señora de las Nieves, tres empinadas carreteras de montaña
permiten alcanzar los portillos que sirven de límite a Burgos y
a Cantabria: La Sía, Estacas de Trueba y Lunada. Nada mejor para
finalizar este apretado recorrido que ascender por alguno de ellos y disfrutar
en su cumbre de las maravillosas y dilatadas perspectivas que se abren
a ambos lados de las montañas. Esta zona de Burgos es una de las
más indicadas para practicar senderismo, actividades de montaña
y exploración espeológica.
De nuevo por Espinosa de los Monteros
hay que regresar hasta Soncillo. Desde esta localidad parte una tranquila
carretera local que permite alcanzar el pueblo de Virtus. Dominando su
caserío se localiza la silueta de una maciza fortaleza que perteneció
a la familia de los Porres.
Por Cilleruelo de Bezana y bordeando
el espectacular embalse del Ebro se alcanza el famoso balneario de Corconte.
En funcionamiento desde finales del siglo pasado es el único establecimiento
de baós abierto en toda la provincia de Burgos. Además del
carácter medicinal de sus aguas sódicas y sulfurosas, muy
indicadas para tratar las dolencias del riñón, vías
urinarias, reumatismo y sistema circulatorio, el balneario conserva el
encantador aire romántico de los años veinte-
Hay que volver a pasar por Cilleruelo
para poder enfilar hacia Arija. Herbosa y San Vicente de Villamezán
son dos pequeñas aldeas situadas muy cerca de la orilla del Embalse
del Ebro y que, como casi todos los pueblos de la zona, viven de la ganadería
caballar y vacuna.
Semejante a un mar en miniatura
el Pantano del Ebro es una de las masas de agua artificiales más
grandes y con mayor volumen de toda la Península Ibérica.
En la actualidad sus aguas sirven como escenario para la práctica
de variados deportes acuáticos y constituyen el hábitat ideal
para numerosas aves acuáticas.
En Arija hay que tomar la desviación
que se dirige hacia Montejo de Bricia y a Santa Gadea. Este último
pueblo conserva un interesante conjunto de construcciones populares entre
las que destaca un potro cubierto para herrar ganado. Nada más salir
de Santa Gadea, a mano derecha y antes de llegar a una sencilla ermita,
se puede tomar un camino forestal asfaltado que se interna en el espeso
y mágico Monte Hijedo: uno de los bosques de hayas, robles y tejos
más bellos e interesantes de toda Castilla y León.
Por Montejo de Bricia, tras internarse
unos kilómetros en Cantabria, se alcanza Presillas de Bricia. En
las inmediaciones de esta aldea se yergue solitaria una gran roca arenisca.
EN ella los anacoretas altomedievales excavaron una espectacular iglesia
rupestre. Orientada hacia el oeste, la llamada iglesia de San Miguel presenta
dos pisos, el inferior de tres naves con sus correspondientes cabeceras
y altares de bloque. Dos columnas que sostienen un par de arcos de medio
punto separan las naves entre sí. Una escalera tallada en la piedra
permite el acceso a piso superior con tribunas que se levantan sobre el
potente muro externo.
MEDINA DE POMAR Y VILLARCAYO
Desde Burgos hay que tomar la carretera
C-629 y descender el puerto de La Mazorra. Tras atravesar brevemente el
Valle de Valdivielso, una espectacular puerta natural, el desfiladero de
Los Hocinos, permite al viajero llegar hasta la Merindad de Castilla la
Vieja. Desde la carretera que serpentea al ritmo marcado por el río
se puede observar la rica vegetación -boj, encinas, quejigos, rebollos,
hayas, tilos, arces, madroños- que cubre los escarpador farallones
rocosas de la garganta. Numerosas aves rapaces anidan y sobrevuelan este
privilegio enclave natural.
Hay que dejar atrás el pueblo
de Incinillas, acceso al Valle de Manzanedo, para alcanzar Villalaín,
la primera etapa del recorrido. Tanto en este pueblo como su vecino Bisjueces
es fácil rastrear en el pasado de dos de las figuras, Laín
Calvo y Nuño Rasura, más legendarias de la primitiva Castilla.
Según la tradición, estos dos Jueces, que entran en la historia
a mediados del siglo IX, impartían la “Fazaña” una justicia
basada en leyes orales entroncada con ancestrales costumbres prerromanas.
En Bisjueces no hay que dejar de
visitar el pórtico de su iglesia que, con una esbelta fábrica,
protege la curiosa fachada renacentista en la que se representan las esculturas
sedentes de los dos Jueces de Castilla.
Antes de llegar a La Aldea merece
la pena desviarse hasta Barruelo para poder contemplar más de cerca
el relieve de La Tesla. De este pueblo parten algunos de los caminos que
ascienden hasta la cima de la emblemática montaña. De vuelta
a la carretera que conduce a La Aldea se divisa una buena panorámica
de toda la Merindad de Castilla la Vieja -geográficamente es una
gran depresión sinclinal rodeada de relieves montañosos-,
destacando en el centro la moderna silueta de su capital.
El pueblo de La Aldea aparece presidido
por la alta y almenada atorre de la iglesia gótica de Santa Cruz.
Desde La Aldea se debe tomar la carretera que conduce, por Santa Cruz de
Andino, hasta Villarcayo. Capital de la Merindad de Castilla la Vieja es
así mismo, desde 1560 y por deseo de Felipe II, capital de toda
la comarca. Espigando en su moderno trazado urbano, en verano se convierte
en un importante centro turístico, todavía se pueden localizar
algunas muestras de su pasado. Entre todas destacan una serie de casonas
solariegas de época barroca situadas en la calle Santa Marina. También
hay que visitar el museo del trasladado monasterio burebano de Vileña,
que guarda una valiosa colección de seplucros góticos.
Desde Villarcayo y remontado la
corriente del Nela pronto se alcanza Cigüenza. En los alrededores
de este pueblo se encuentra enclavada la necrópolis altomedieval
de San Andrés. EL paisaje se torna ahora quebrado y de vez en cuando
aparecen pequeños bosques de encinas y quejigos.
En la misma orilla del Nela se descubren
otras dos aldeas: Escanduso y Escaño. EN la primera de ellas se
puede admirar una pequeña iglesia de traza románica que pasa
por ser una de las más pequeñas del mundo. La iglesia románica
de Escaño, la de datación más antigua en la provincia
-año 1088-, conserva un ábside de esa época. En este
pueblo hay que tomar la recién construida carretera que conduce
a Salazar.
En Salazar se localizan las llamadas
Torres de los Salazar. Se trata de un edificio fortificado que consta de
dos torres separadas por un palacio. Las torres, fechadas en los siglos
XVI y XVII, son de buena sillería y todavía conservan algunos
restos de las almenas que las remataban. En este pueblo se conservan además
otras casas señoriales con sus correspondientes escudos. También
se pueden observar los elementos constructivos característicos de
la casa popular de la zona: planta cuadrada, solana en la fachada y edificada
en piedra.
Una carretera permite alcanzar por
Villanueva La Blanca y Torme -conserva las ruinas de la torre-palacio renacentista
de los López de Salazar- el pueblo de Butrera. En sus afueras se
alza un gran templo de obra románica consagrado a la Virgen de Septiembre.
De una sola nave y con incipiente crucero, se remata con un ábside
semicircular que al exterior presenta una cuidada decoración a base
de misteriosos motivos iconográficos. En el interior de la iglesia
se conservan una imagen de la Virgen y un original relieve de la Adoración
de los Reyes Magos.
De nuevo en Torme se debe coger
la carretera que por Fresnedo, necrópolis altomedieval de Peña
Horrero, enlaza, a la altura de Bocos, con la C-629. Con dirección
a Bilbao se alcanza un muy interesante enclave natural: las lagunas de
Gayangos. Un conjunto de pequeños lagos de origen tectónico
que constituyen la mejor zona húmeda de toda la provincia y son
el único lugar de cría para especies tan escasas y valiosas
como el zampullín cuellinegro, el porrón común o el
pato cuchara.
Este apretado recorrido por el corazón
de Las Merindades -el término Merindad deriva de una división
territorial, de origen medieval, que estaba bajo el mandato de un merino
nombrado por el rey- continúa por el pequeño lugar, situado
a orillas del río Cerneja, de El Ribero de Montija.
En medio de su escueto caserío
se localiza su principal monumento: la torre-palaciio de los Alvarado.
La carretera local que se dirige hacia Castrobarto permite alcanzar el
pueblo de Colina. Es en esta localidad, que ya pertenece a la Junta de
Traslaloma, sobresale una interesante iglesia parroquial de estilo románico.
El elemento más destacado del templo es una portada fechada en la
segunda mitad del siglo XII. Merece la pena prestar atención a la
original ornamentación e iconografía que cubre buena parte
de sus fustes, arquivoltas y capiteles.
Con dirección a los Montes
de La Peña ellos se dirige la carretera que conduce a Castrobarto.
Con toda seguridad el origen de este pueblo, situado a los pies del reverso
meridional de la empinada cresta turonense que identifica estas llamativas
montañas, hay que buscarlo en una antigua fortificación romana
que vigilaba un importante paso entre los valles de Losa y Mena. Antes
de dejar atrás Castrobarto se puede emprender un excursión
a pie para descubrir las riquezas paisajísticas, arqueológicas
y mediombientales que atesora el entorno del puerto de la Magdalena: restos
de una calzada de origen romano y medieval, una antigua lobera, umbríos
hayedos y la impresionante panorámica del Valle de Mena y de las
fuentes del Cadagua.
Por Villalacre y Rosío y
siempre paralelos al pliegue anticlinal que aísla el valle del río
Salón o Salado del resto de La Losa, se alcanza el pueblo de Salinas
de Rosío. Sus salinas son famosas desde tiempos de los romanos y
así lo atestigua el yacimiento arqueológico de esa época
descubierto hace unos años. EL resto más destacado es un
mosaico, el único en blanco y negro de toda la Meseta, que cubría
el suelo de una gran lonja relacionada con la industria de la sal. Sus
motivos decorativos, sobre todo el laberinto central, permiten fecharlo
como el más antiguo de la provincia de Burgos, siglo II d. C.
Bosquetes de encinas y sobre todo
de quejigos, árbol clímax de estas áreas de media
altitud de Las Merindades, salpican el paisaje y cubren las laderas de
casi todas las crestas rocosas. Siguiendo en todo momento el curso del
río Salón se alcanza la localidad de La Cerca. En este pueblo
cargado de historia, fue el solar principal de la familia de los Salazar,
se conserva una iglesia románica con ábside semicircular
en cuyo interior se puede admirar un relieve policromado, últimos
lustros del siglo XII, que representa los símbolos de los cuatro
evangelistas rodeando a Cristo Majestad. Desde La Cerca la carretera alcanza
el pueblo de Villatomil. En los campos que circundan esta pequeña
localidad todavía resuenan los ecos de la importante batalla, acaecida
en 1325, entre las principales familias feudales de Las Merindades: los
Salazar y los Velasco. Precisamente hacia la capital del señorío
de estos últimos, la ciudad de Medina de Pomar, enfila el recorrido.
Situada muy cerca del río Trueba y centro de una antiguo e importante
nudo de comunicaciones, la historia de la antigua capital de Las Merindades
hunde sus raíces en la época de la repoblación, altomedieval.
En tiempos de Alfonso VII, primera mitad del siglo XII, recibe su primer
fuero y en 1369, fecha transcendental en su historia, fue donada a Pedro
Fernández de Velasco.
Los Velasco, futuros Condestables
de Castilla, convirtieron Medina de Pomar en el centro de su extenso señorío
e incluso la eligieron como su panteón. Como prueba de lo primero
edificaron un desafiante alcázar de marcadas influencias árabes.
Conocido como “Las Torres” el castillo, levantado a finales del siglo XIV,
consta de dos robustos torreones de planta cuadrada, rematados por almenas,
que aparecen unidos por un edificio central que albergaba un lujoso palacio,
en el que aún se conservan unos frisos con elegantes yeserías
de estilo mudéjar.
Para su morada definitiva la poderosa
familia feudal eligió el monasterio de Santa Clara. Fue fundado
en 1313 por Sancho Sánchez de Velasco y su iglesia, edificada en
el siglo XV, es de nave única. En el siglo XVI se le añadió
la capilla funeraria de la Concepción, que sigue el modelo familiar
iniciado en la capilla de los Condestables de la Catedral de Burgos: ámbito
único cubierto con rica bóveda de crucería que descarga
sobre cuatro grandes trompas. El museo del convento de Santa Clara exhibe
entre otras muchas piezas un notable Cristo yacente de Gregorio Fernández.
En Medina de Pomar, que todavía
conserva restos del trazado medieval de sus calles y una nítida
huella de su notable judería, se pueden visitar otros monumentos
significativos: arco de la Cadena, convento de San Pedro, iglesias de Santa
Cruz y de Nuevo Señora del Rosario, hospital de la Vera Cruz y el
edificio del Ayuntamiento.
VALDIVIELSO Y TOBALINA
Pocos espacios geográficos
burgaleses aparecen tan bien definidos como el territorio que ocupa la
Merindad de Valdivieso. Limitado al norte por los farallones de la Sierra
de La Tesla, su flanco meridional lo cierran las últimas estribaciones
de las parameras calcáreas de La Lora. El perfecto valle formado
por estas dos estructuras geológicas -cubiertas en su mayor parte
por espesas y variadas masas forestales-es recorrido longitudinalmente
por el río Ebro.
Si el paisaje resulta brillante
y espectacular no lo es menos el contenido histórico, artístico
y cultural que atesora en su interior la “perla” de Las Merindades. Al
llegar desde Burgos es imprescindible detenerse en algún punto del
puerto de La Mazorra para poder contemplar, y sobre todo disfrutar, uno
de los panoramas naturales más bellos de España. Con esta
visión pocos viajeros podrán resistir la tentación
de continuar la gira por Valdivielso.
Pronto se divisan las primeras edificaciones
de Valdenoceda. Entre todas ellas destaca el conjunto formado por la torre
gótica de los Velasco y la iglesia románica de San Miguel.
En esta última, construida en el tercer cuarto del siglo XII a semejanza
de la vecina de San Pedro de Tejada, se conservan una cúpula sobre
la misma. Los motivos escultóricos de las ménsulas y de los
canecillos del tejaroz responden a los mismos motivos de Tejada.
A pocos kilómetros de Valdenoceda,
con dirección a Logroño, hay que tomar la primera desviación
a mano derecha que conduce a Quintana de Valdivielso. A lo largo de su
calle principal van apareciendo los distintos elementos de su rico patrimonio:
el decimonónico Colegio de Huérfanos, la casa de los Huidobros,
el renacentista palacio fortificado que perteneció a la noble familia
San Martín y, ya fuera del pueblo, la torre de Loja, almenado castillo
levantado con buenos sillares entre finales del siglo XV y comienzos del
XVI.
Muy cerca de Quintana, el pueblo
de El Almiñé recibe al viajero con la elegante torre cuadrada
de su iglesia parroquial. De estilo románico, aparece formada por
dos cuerpos; el superior presenta cuatro ventanas en cada uno de sus lados.
En el interior del templo se pueden observar una curiosa cúpula
sobre el crucero y una no menos interesante pila bautismal.
Dentro de este pequeño pueblo
situado al pie de la calzada medieval que desciende desde el puerto de
La Mazorra se conservan varias casonas señoriales que responden
al tipo común de la casona norteña de Las Merindades: edificio
aislado, de planta rectangular con cubierta a cuatro aguas y levantado
con buenos sillares de piedra. La mayor parte están adornadas con
escudos nobiliarios y recercas y molduras en puertas y ventanas. En algunas
de estas casas todavía viven los descendientes de los hidalgos que
las construyeron en los siglos XVI, XVII y XVIII.
Hay que efectuar un pequeño
desvío y después de cruzar el Ebro por el más antiguo
puente de toda la zona, la carretera que parte desde el centro del citado
pueblo conduce hacia una de las iglesias románicas mejor conservadas
y más interesantes de todo el arte románico español.
Del primitivo monasterio de San Pedro de Tejada, fundado en el año
850, sólo ha llegado hasta nuestros días su iglesia, edificada
en el mas puro estilo románico durante el segundo tercio del siglo
XII.
Su estructura armónica y
sólida responde a las características típicas del
románico de Burgos: una sola nave, ábside semicircular y
torre sobre la cúpula. Tanto en su portada como en sus numerosas
ventanas, capiteles y canecillos s concentra una abundante y representativa
escultura. Destacan por su sencillez y elegancia los relieves de la Ascensión
y de la Última Cena. También los canecillos que sustentan
las cornisas del ábside y las fachadas poseen un variado repertorio
iconográfico, en el que sobresalen los temas lúdicos y eróticos.
La tranquila carretera, siempre
paralela al río Ebro, se dirige sin prisas y con una invitación
continua a disfrutar del cambio de paisajes, al encuentro de Quecedo, la
capital de la Merindad de Valdivielso. Los regidores del valle, siguiendo
un ancestral rito, celebraban todos sus concejos debajo de una centenaria
encina sagrada. Como en la mayoría de los pueblos de la comarca
un castillo o torre defensiva preside la silueta del caserío. En
el caso de Quecedo es la casa fuerte almenada de los Huidobro-Incinillas.
La iglesia de Santa Eulalia y varias casonas y palacios completan la visita
de este pueblo. EN sus inmediaciones se localizan el enclave de Los Cárcabos
y las llamadas Cuevas de los Moros, uno de los más importante conjuntos
eremíticos del Alto Ebro burgalés.
El itinerario prosigue visitando
varios pueblos que presentan el denominador común de estar emplazados
a los pies de la majestuosa Sierra de La Tesla y a la orilla de alguno
de los arroyos que descienden de la misma. Arroyo y su iglesia gótica;
Valhermosa con su correspondiente torre de los Saravia; y Hoz de Valdivielso
que además de conservar un palacio de estilo herreriano es la puerta
obligada para llegar, a través de una espectacular garganta, a Tartalés
de los Montes.
Por oriente, el último pueblo
de Valdivielso es Panizares que distribuye su peculiar arquitectura popular
-que como en toda La Merindad comparte elementos comunes de la casa montañesa
y de las más sobrias construcciones de los vecinos páramos-
debajo de unas singulares formaciones geológicas con forma de cuchillos.
Tras cruzar el pequeño embalse
de Cereceda y por el pueblo del mismo nombre, se alcanza la carretera que
se interna en el desfiladero de La horadada: una profunda, larga y angosta
garganta abierta por el río Ebro en la que crece una densa y variada
vegetación, en especial quejigos, hayas y tejos, y abundan las aves
rapaces.
Un carreteril asfaltado permite
alcanzar un gigantesco anfiteatro rocoso en cuyo fondo se esconde la aldea
de Tartalés de Cilla, En los alrededores de esta localidad se pueden
admirar dos interesantes conjuntos rupestres de origen altomedieval: las
cuevas de San Pedro y de los Portugueses. En el pueblo aún se guarda
la memoria de un legendario eremita de origen visigodo: San Fermín.
A la salida del impresionante desfiladero
de La Horadada y en la misma confluencia de los ríos Ebro y Nela
se alza el caserío de Trespaderne. Secular cruce de caminos, en
sus inmediaciones se localizan las ruinas de una de las fortalezas más
nombradas y con mayor contenido histórico -su origen se remonta
a la época romana- de toda la alta Castilla: el legendario castillo
de Tedeja.
Desde Trespaderne, siguiendo la
carretera del puerto de Angulo, es preciso detenerse en Cadiñanos
para admirar los restos del magnífico palacio de los Medina Rosales,
una de las familias más ilustres de Tobalina. Remontando el río
Jerea pronto se llega a Pedrosa de Tobalina, pueblo en el que no hay que
dejar de ver su anfiteatro de cascadas.
En Pedrosa es necesario desviarse
con dirección a Barcina del Barco. Tras pasar por Extramiana -desde
su iglesia se domina una extensa vista del Valle de tobalina cerrado por
el Sur por las estribaciones de los Obarenes-, se alcanza Ranedo. En esta
localidad hay que tomar una pista asfaltada que conduce hasta Herrán,
uno de los núcleos mejor conservados y más interesantes del
valle. Recostado en la Sierra de Árcena, Herrán es la puerta
del desfiladero del Purón. Esta importante vía natural que
fue utilizada por los romanos -todavía se conserva un puente de
la época- y por los repobladores altomedievales constituye uno de
los recorridos senderistas más bellos de Burgos. En Herrán,
lugar dono en el año 870 el abad Pablo fundó el monasterio
de San Martín, se levantan varias casonas y palacios blasonados
así como una casa medieval construida en toba y que conserva en
su interior unas pinturas murales góticas.
Para continuar el recorrido por
Tobalina hay que enlazar, por Promediano y Gabanes, con la carretera de
Trespaderne a Puentelarrá. Tras una rápida visita a Quintana
Martín Galíndez y siguiendo el eje natural formado por el
río Ebro, se alcanza la desviación -antes se puede visitar
la torre de los Bonifaz en el cercano Lomana- hacia Frías. A la
derecha de la actual carretera puede verse el llamado puente de Frías.
Su torres defensiva, levantada en el siglo XIV para el cobro de los derechos
de paso, confiere a este antiguo puente medieval, con orígenes romanos,
un aire inconfundible.
La ciudad de Frías es un
elemento irrepetible dentro del paisaje de Las Merindades. Surgida en la
primera época de la repoblación castellana, el trazado de
su núcleo urbano conserva un aire típicamente medieval que
se ve reforzado por la silueta de un castillo levantado sobre una inverosímil
atalaya rocosa. La fortaleza, desde la que se goza de una inmejorable perspectiva
de la ciudad y de casi todo el Valle de Tobalina, fue edificada entre los
siglos XII, XV e incluso XVI. Además de la original torre del homenaje
se pueden contemplar unos ventanales decorados con capitales de estilo
románico.
El fuerte desnivel existente en
la plataforma sobre la que se asienta el caserío ha condicionado
el trazado de las calles, el programa vertical de los edificios y un estéticos
conjunto de casas colgantes. En muchas de las construcciones de Frías
se ha mantenido un entramado de madera con claro origen medieval. En el
extremo opuesto al castillo se localiza la iglesia de San Vicente de la
que se expolió, en 1904, una interesante portada románica.
Otros monumentos dignos de visitar son la iglesia de San Vitores y los
conventos abandonados de San Francisco y Santa María del Vadillo.
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