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BURGOS
MIRANDA DEL EBRO Y CONDADO DE TREVIÑO

 

Un gigantesco y casi infranqueable anfiteatro montañoso rodea y aísla las tierras burgalesas de la Ribera del Ebro y el Condado de Treviño. Desde siempre, las únicas puertas de acceso a estas dos comarcas naturales han sido una serie de espectaculares y llamativos desfiladeros. Los más importantes son los Pancorbo y Sobrón. El primero de ellos ha ejercido como paso importantísimo para los distintos pueblos que han vivido en la Península Ibérica y como vía natural de comunicación entre las tierras del centro y el norte. En el segundo, los amantes de la naturaleza encontrarán uno de los enclaves más bellos y con mayor interés para las aves rapaces de toda la provincia de Burgos.

Además de unos paisajes en estado puro, estas tierras del noroeste burgalés ofrecen al viajero unos pueblos, villas y ciudades repletos de tradición y recursos patrimoniales. Miranda de Ebro, Santa Gadea del Cid, Pancorbo, La Puebla de Arganzón y Treviño son los más atractivos y bien merecen una detenida visita.

SINFONÍA DE ROCA Y AGUA

El elemento protagonista en cuanto a paisaje y naturaleza de esta comarca burgalesa, situada en el extremo nororiental de la provincia, son los Montes Obarenses y sus formaciones aledañas. Enclavados en el límite meridional de la Cordillera Cantábrica, forman un apretado conjunto de estrechos y fracturados anticlinales y sinclinales. Una serie de ríos, en especial Ebro y Oroncillo, han dado lugar a unos espectaculares desfiladeros entre los que sobresale el de Pancorbo. La riqueza de especies arbóreas y arbustivas que crecen en la zona, quejigos, encinas, hayas, tejos, sabina negra y boj, es consecuencia de su privilegiada situación a caballo entre las regiones biogeográficas atlántica y mediterránea. En los abundantes cortados rocosos de este “Paisaje Protegido”, principalmente en la Hoz de Sobrón, tienen instalados sus nidos un gran número de aves rapaces: buitres leonados, alimoches y águilas real y perdicera.


Obécuri

El Condado de Treviño también encierra en su interior unos interesantes y valiosos enclaves naturales: el desfiladero del río Ayuda, con sus hayas y el milenario bosque de tejos del barranco de Arrola, y los hayedos y robledales de Laño, Bajauri y Obécuri.

SANTA GADEA DEL CID

La villa de Santa Gadea del Cid, surgida a la vera de las calzadas romana y medieval que se dirigían al Cantábrico, emana por sus cuatro costados un sugerente aire medieval. Rodeada de un recinto amurallado, al que se accede por dos antiguas puertas, y protegida por la silueta de una altiva fortaleza, el trazado original de sus calles y las bien conservadas casas medievales, con sus característicos entramados rellenos de ladrillo de tejar, evocan un denso pasado histórico en el que descuella la memoria de su importante judería.

Su actual castillo, que ya aparece documentado en el siglo XI, es de finales del siglo XV y tiene un recinto con cubos y una torre del homenaje que se levanta sobre una curiosa roca en el centro del patio de armas.

La iglesia parroquial de San Pedro, presidida por una maciza torre de carácter defensivo, es gótica y guarda en su interior un asombroso retablo de estilo renacentista. En las afueras del pueblo también se puede admirar la sencilla ermita románica de la Virgen de las Eras. 


Ermita de la Virgen de las Eras

A un tiro de piedra de Santa Gadea se alza el monasterio de Santa María del Espino. Enclavado en un paraje tranquilo y de gran belleza, merece la pena visitar su iglesia tardogótica, relacionada con la escuela de Simón de Colonia, y su llamativo y pequeño claustro con reminiscencias cistercienses.

PANCORBO

Cuál fiel centinela de su estrecho y sombrío desfiladero, aparece, dando lugar a uno de los paisajes más conocidos e impactantes de España, el pueblo de Pancorbo. La mejor manera para entrar en esta pintoresca localidad es tomar su calle mayor. Al final del alargado caserío, claro ejemplo de pueblo- camino, se alza la iglesia de Santiago. Con restos románicos, la fábrica del templo es del siglo XVI y presenta tres naves sobre pilares columnarios. Unas estrechas y, a veces, empinadas callejas que aún conservan un inconfundible aire medieval, reforzado por la arquitectura de sus casas a base de entramados de madera, permiten recorrer el pueblo y visitar su rico patrimonio. Cruzando el Orincillo se descubre la fachada barroca, levantada en 1714, de la iglesia de San Nicolás. El fortificado Pancorbo fue una etapa clave en la ruta jacobea que enlazaba las ciudades de Bayona y Burgos y, como lugar de paso y comercio, contó con una importante y rica aljama judía.

UN VIAJE EN EL TIEMPO

Una original forma de retroceder el reloj de la historia es acercarse a conocer alguno de los conjuntos eremíticos que se localizan en el bajo Ebro burgalés y en Treviño. Uno de los más señalados se descubre, escondido entre un denso bosque de encinas y quejigos, en las inmediaciones de Villanueva de soportilla. Fechado en pleno siglo XI, consta de un llamativo edículo rodeado de numerosas tumbas antropomórficas excavadas en la roca.


Las Gobas

En el Condado de Treviño las más interesante y fáciles de visitar son las conocidas como “Las Gobas” de Laño. Situadas a medio camino entre los pueblos de Albaina y Laño son visibles desde la misma carretera. El conjunto rupestre, de época visigoda, está formado por una serie de habitáculos individuales, que corresponden a las viviendas de los anacoretas, y por tres iglesias excavadas en la blanda caliza. De pequeñas dimensiones, nave única y presbiterio con planta de herradura que se cubren con bóveda de cascarón, fueron ocupadas posteriormente por monjes altomedievales que las utilizaron como necrópolis.


Necrópolis

MIRANDA DEL EBRO

Surgida en tiempos altomediavales para defender, con un castillo erigido en el cerro de La Picota, un estratégico vado del río Ebro, es a partir de los siglos XI y XII, y bajo la influencia del paso del primitivo Camino de Santiago, cuando comienza a tomar cierta relevancia. En 1099, el rey Alfonso VI la otorgó un importante fuero que favoreció, además del comercio y el paso de mercancías, el desarrollo de una de las más grandes juderías de España. El puente de Carlos III, levantado en 1777 sobre el anterior medieval, el Ayuntamiento y las Iglesias de  San Juan, Santa María de Altamira y san Nicolás – con su ábside románico- son los máximos exponentes del patrimonio artístico que conserva Miranda del Ebro a lo largo de sus dos personalísimos barrios separados por el río: Allende y Aquende. En esta ciudad del Ebro es muy famosa y concurrida la fiesta y romería de San Juan del Monte, declarada de interés turístico.

CONDADO DE TREVIÑO

El Condado de Treviño, enclave burgalés circundado por la provincia de Álava, es un singular marco territorial que desde el año 1200, en tiempos de Alfonso VIII, pertenece al Reino de Castilla. En 1254 Alfonso X concede el Fuero de Treviño a su Adelantado Mayor, Don Pedro Manrique de Lara y su linaje ostentó desde 1453 el título de Condes de Treviño. Rebosante de atractivos naturales, arqueológicos, artísticos y verdadera encrucijada de caminos y vías naturales de comunicación, Treviño es una tierra que siempre acoge con hospitalidad a los viajeros. 

El territorio de esta pequeña región natural- poco más de treinta kilómetros de largo por quince en su parte más ancha- regada por el río Ayuda y sus afluentes encierra un variado repertorio de matices paisajísticos. Si por el Norte los Montes  de Vitoria- cubiertos de espesos bosques de hayas, robles y tejos- cierran la Depresión de Treviño y la aíslan de la Llanada Alavesa; por el Sur, las blancas y llamativas cresterías de la Sierra de Cantabria sirven de límite natural con las tierras riojanas.

El visitante podrá descubrir, dispersos en un accidentado relieve de cerros, lomas, hoyadas, valles, altozanos, barrancadas, picachos, llanos, secarrales y umbrías, y como en un gigantesco mosaico natural, los cerca de cuarenta lugares habitados con los que cuenta esta bella tierra burgalesa.


Montes

DESFILADEROS DEL EBRO

(c) Patronato de Turismo de la Provincia de Burgos.
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(c)Textos: Enrique del Rivero.