| La
Asociación de Casas-Museo y Fundaciones de Escritores está
formada en estos momentos por 32 Casas y Fundaciones de toda España
que son depositarias del legado de unos escritores compuesto por los siguientes
elementos:
· La casa donde vivió el
escritor, los muebles que utilizó; los pequeños objetos personales
que le acompañaron: las gafas, el sombrero, el bastón, la
máquina de escribir...; los recuerdos acumulados: premios, fotografías,
regalos, pequeños objetos; el resultado de sus aficiones o habilidades
(dibujos, colecciones ...); los jardines y patios secretos donde se refugiaba
...
· La biblioteca y fondos documentales
del escritor, con ediciones y traducciones de sus obras y los libros en
que se ocupaba como lector o como profesional, muchos de ellos anotados
personalmente; con los textos de sus conferencias y lecciones, de las críticas
de sus obra, reseñas de prensa; con sus manuscritos y las pequeñas
notas en que apuntaba ideas o textos que recordar, con las cartas que intercambiaba
con otras personas: escritores, amigos ...
· Y compuesto también por
los espacios exteriores próximos, asociados a la casa, que se incorporan
a este legado a través de las ventanas: el sol entra en mi vida
por la ventana abierta, escribe Juan Ramón Jiménez; abride
a ventana, que quero ve-lo mar (abrid la ventana, que quiero ver el mar),
pedía Rosalía de Castro con el último aliento de su
vida. Y a través de las puertas, que se abren a la aldea o a la
calle urbana, al camino, al paisaje abierto que el escritor amó
o soportó.
El ámbito espacial del autor, su
casa, el asentamiento humano en que está situada la casa y el paisaje
que lo circunda, es el ámbito de la actividad de las llamadas Casas-Museo,
aunque corrientemente se reduzcan al recinto concreto de la vivienda y
se consideren simplemente como museos domésticos, etnológicos,
dotados la mayoría de las veces de una biblioteca.
El reconocimiento de este ámbito
espacial, que pronto llamaremos núcleo existencial del autor, por
medio de unos itinerarios culturales, es lo que justifica la presencia
de nuestra Asociación en este Congreso con esta comunicación
en la que se pretende exponer el fundamento de estos itinerarios que, por
la condición de escritores de sus protagonistas, llamamos rutas
literarias.
El núcleo existencial del autor.
A mi entender, la singularidad de
las Casas-Museo, eso que las hace atractivas y distintas de otras instituciones
análogas, está en el predominio de la intimidad del escritor,
por encima, incluso, de los fondos bibliográficos y documentales,
en algunos casos muy importantes, que puedan guardar, o de la riqueza etnográfica,
en algunos casos no menos importante, que puedan exhibir; porque todo esto
puede encontrarse en bibliotecas y museos ajenos al escritor, pero la intimidad
es material exclusivo de las Casas-Museo.
Pues bien, el descubrimiento
de esta intimidad, como una suerte de arqueología de la intimidad,
nos sirve para el acercamiento al escritor, a su personalidad, y, en consecuencia,
para su mejor entendimiento a través de una escenografía
familiar fácilmente reconocible por cualquier persona.
La casa que habitó el escritor
contiene unos espacios (la disposición de los muebles, el uso de
las habitaciones) por él acomodados a sus manera de vivir, a su
trabajo, a su pensamiento, en un proceso de largo recorrido. Cada objeto
vulgar que el escritor aporta desde el exterior a ese espacio concreto
(un cacharro, una cama, un libro) adquiere así entrañado
otro significado, inseparable ya de la imagen del autor. Se convierte en
el testimonio de una forma de vivir, de trabajar, de entender la vida:
Dios sabe dónde andarán
Mis gafas ...entre librotes,
Revistas y papelotes,
¿quién las encuentra?
... Aquí están.
(Antonio Machado)
Del mismo modo que la mirada del
fotógrafo selecciona unos objetos y los impresiona en una película,
la mirada y el tacto del escritor impresionan los espacios y los objetos
domésticos que le acompañaron, incluso en los momentos íntimos
y aparentemente irrelevantes. En las Casas-Museo nos movemos, por tanto,
entre las sombras de lo vivido en las que, como en el mito de Plinio, queda
atrapado el propio autor.
Pero decíamos que al legado
del autor pertenece también el espacio exterior próximo habitado
por el personaje: el lugar, el pueblo, la ciudad en que está situada
la casa:
En este pueblo tuve mi primer sueño
de lejanía. En este pueblo yo seré tierra y flores ... Sus
calles, sus gentes, sus costumbres, su poesía, su maldad serán
como el andamio donde anidarán mis ideas de niño fundidas
en el crisol de la pubertad.
(Federico García Lorca)
Pensemos en el Madrid de los Austrias,
conocido como el Madrid galdosiano, escenario vital de D. Benito durante
tantos años y escenario de tantas obras suyas. Pensemos en la identificación
de la Vetusta de Clarín con Oviedo; o de la Marineda de la Pardo
Bazán con A Coruña.
Esta visión personal del
autor, elaborada en su intimidad intelectual y emocional, transfiere esta
intimidad al espacio primordial.
Finalmente, el paisaje abierto cotidiano,
el territorio que rodea el lugar de la casa, completa la herencia recibida
del escritor. Es el paisaje que actúa sobre el hombre que lo vive:
eu son esto que vexo e que me ve (yo soy esto que veo y que me ve), dicen
los versos de un poeta gallego (Uxío Novoneira). O en palabras de
Byron: ¿no son los montes, las olas y los cielos parte de mi y de
mi alma, como yo de ellos?. Una identidad hombre/paisaje que sirve a Valle-Inclán
para esta pequeña acotación en una de sus Comedias bárbaras:
Las dos señoras procuran consolarla, y las palabras de la madre
y las palabras de la hija se corresponden con la semejanza monótona
de las ondas del mar en calma sobre una playa de arena.
Como en el caso del espacio habitado,
hay una fracción del paisaje interpretada por el autor que recibe
así su personalidad; superando la tacaña reducción
de lo íntimo a los espacios exclusivos de la persona y extendiéndolo
a aquellos más amplios acotados por su presencia: Me siento a la
puerta, escribe Fernando Pessoa, y embeleso mis ojos en los colores y en
los sonidos del paisaje, y canto lento para mí solo vagos cantos
que compongo mientras espero.
Todo ello, los fragmentos domésticos
interiores y los fragmentos espaciales exteriores son semilla y síntesis
a la vez de toda una obra. En las novelas, los poemas, los ensayos o las
piezas dramáticas de los escritores están más o menos
explícitos estos fragmentos, el uso que de ellos se hizo, las situaciones
que en ellos se sucedieron, de modo que, en palabras de Miguel García
Posada, el texto no es nada, o es muy poco, si no constituye la sublimación
de un determinado núcleo existencial, por más que sea innegable
la concurrencia de otros factores.
De ese modo, el núcleo existencial
del autor adquiere un carácter de patrimonio cultural que lo hermana
con los fondos bibliográficos, documentales y etnográficos;
y todos estos elementos: palabra del autor, su memoria reflejada en la
intimidad reconstruida y el núcleo existencial, actuando sinérgicamente
adquieren una condición coral que convierte a la Casa en un referente
metacultural, identificador de una comunidad más o menos amplia.
La Casa-Museo se convierte en el soporte o en la materialización
de un símbolo; en un pequeño momento, como dice Juan Cruz.
Cuando el autor une a una indiscutible
calidad literaria una superior condición que le hace llegar al corazón
de las gentes, la Casa se convierte en un lugar de peregrinación,
en lo que no dudamos en llamar una Casa-Santuario. Quizá el paradigma
de esta Casa-Santuario lo tengamos en Galicia, en la Casa de Rosalía
de Castro, poeta en estado permanente de reconocimiento y mito simbólico
indiscutido de la cultura gallega.
La vertebración cultural
La visión panorámica
de la tarea asociativa conduce inevitablemente al reconocimiento de numerosos
puntos de convergencia entre los autores que presiden las distintas Casas-Museo:
personales o profesionales o de ambos tipos: actividades, intereses, temas,
géneros e influencias comunes; críticas y comentarios de
unos sobre otros, intercambios documentales, epistolarios, etc.
El Puerto de la Luz de Las
Palmas de Gran Canaria, sobre el sonoro Atlántico, y el Puerto Chico
de Santander corazón del mar cántabro, fácilmente
aúnan a Tomás Morales y a Gerardo Diego; del mismo modo que
los emigrantes de Rosalía de Castro tienen su paralelo en los versos
de Morales. Unamuno y Azorín dedicaron muchas páginas a pensar,
a sentir, a andar, a visionar España. Lorca tendió vasos
comunicantes culturales por toda España con La barraca y los gallegos
recitamos frecuentemente sus seis poemas en nuestra lengua. Como rosaliano,
me encuentro en terreno familiar cuando visito en sus casas a Unamuno,
a Azorín, a Juan Ramón, a Machado, a Lorca, a Max Aub, a
Gerardo Diego, a Carmen Conde ... que descubrieron y amaron a nuestro poeta.
De la mano de la Pardo Bazán llego a Galdós. Todos los representantes
de las Casas-Museo pueden establecer un entramado semejante de relaciones,
directas e indirectas, entre sus autores que cubre todo el territorio español
y que nos permite respirar poéticamente allí donde nos encontremos;
constituyendo una referencia cultural sólida, madura, hecha de elementos
tan reconocibles como los que forman el núcleo existencial del autor.
Las rutas literarias.
En este momento pendular de confusión
cultural, en medio de las tendencias sociales negativas y de las patologías
relacionales que llevan a la sociedad al escepticismo, a la soledad, al
individualismo, no parece mal recurso un viaje introspectivo al seno materno,
silencioso y protegido, de las Casas-Museo, el lugar de la novela primordial,
del relato primitivo y repetido, como dice Vicente Verdú; donde
el autor escribía pacientemente dando sentido a las palabras de
la tribu, como explica Max Aub.
Esa palabra primordial, tribal,
macerada en los mil días del tiempo pasado, dispersa en las Casas-Museo,
nos ayudará a liberarnos de la fugacidad de las modas, de la sobreabundancia
de información, de la agobiante uniformidad, del empobrecimiento
del debate y nos pondrá en el camino del arte de la literatura,
que es producto de la inteligencia del hombre, local y global al mismo
tiempo; nos conducirá a nuestras propias esencias.
Las Casas-Museo han trabajado, y
lo siguen haciendo, en la articulación de esa vertebración
cultural sugeridas por estas características peculiares que hemos
expuesto, centrándose en dos tipos de itinerarios culturales que
precisamos con el nombre de rutas literarias:
· Unas de carácter individual,
que recorren los núcleos existenciales de un autor determinado,
como ya se hace en algunas Casas.
· Otras de carácter colectivo,
que recorren ámbitos de mayor amplitud geográfica (autonómicos,
por ejemplo) comunes a varios autores.
Las rutas literarias de las Casas-Museo
Entre las rutas literarias de carácter
individual podemos citar varias (no todas) creadas por algunas de nuestras
Casas, en los últimos años.
- La Ruta Rosaliana, que recorre el espacio
vital y poético de Rosalía de Castro; entre Santiago de Compostela
y Padrón.
- La Ruta de García
Lorca, que recorre la Casa-Natal de Fuente Vaqueros, la Huerta de San
Vicente y la Casa familiar de Valderrubio, en Granada.
- La Ruta Tras los pasos de Juan Ramón,
que recorre el municipio de Moguer, donde nació y vivió Juan
Ramón Jiménez.
- La Ruta Azorín con la Dipu y
la CAM, que funciona intermitente con los centros de enseñanza de
Alicante.
- La Ruta Segovia al paso, promovida
por la Casa-Museo de Machado.
- La Ruta La Valencia de Vicente Blasco
Ibáñez, expuesta en una exposición.
- Las Rutas catalanas, como la de Joseph
Plá.
- La Ruta vital y literaria de D. Ramón
del Valle-Inclán, en Pobra do Caramiñal (A Coruña).
- La Ruta das capelas e as igrexas. Itinerario
valleinclaniano, organizado por la Casa-Natal de Valle-Inclán,
en Vilanova de Arousa (Pontevedra).
Vamos a detenernos un momento en la Ruta
Rosaliana, porque constituye un ejemplo diáfano de la naturaleza
de estas rutas. De una breve publicación de la Fundación
Rosalía de Castro extraemos los siguientes párrafos:
En Padrón, donde está la
Casa-Museo de Rosalía de Castro, atracó la barca que trajo
el cuerpo del Apóstol Santiago desde Palestina; por las orillas
del río Sar, atravesando el valle de la Amaía y sorteando
las trampas de los señores de los castros, sus discípulos
lo llevaron hasta la actual Compostela, entonces campamento romano. Así
comenzó todo para Galicia: la cultura castreña, la romanización,
el cristianismo, la leyenda, la razón de ser de Compostela y el
Camino que venía desde Europa bajo las estrellas. Galicia fue en
aquellos siglos XI y XII, el más rico, el más culto, el más
cosmopolita de los reinos cristianos; el último refugio frente al
Islam, donde se educaba a los reyes y desde el que se fortalecían
los reinos. En este finisterre europeo, reflejando el esplendor de las
cortes francesas y provenzales, se compone en este tiempo el corpus lírico
excepcional de los cancioneros galaico-portugueses.
Los cortos 20 kms. que separan la Casa-Museo
de la ciudad histórica compostelana, fueron también el camino
iniciático, en el siglo XIX, para Rosalía de Castro ya que
en él conoció los argumentos y los escenarios de sus obras,
aprendió la lengua popular para escribirlos y descubrió aquel
lirismo medieval atesorado en los años oscuros de Galicia por las
mujeres para luego penetrar con todo esto el corazón del pueblo.
En este escenario fue donde aquella mujer se convirtió en Rosalía
de Castro, poeta.
Nos habla el texto de un paisaje/territorio
histórico, en donde se desarrolló y se asentó el mito
fundacional de la identidad de Galicia (la leyenda jacobea), y que fue,
once siglos más tarde, el espacio vital y nutriente poético
de Rosalía de Castro, mito regenerador de aquella identidad, oscurecida
durante 500 años. Es un paisaje/territorio en donde se deja sentir
el poder tremendo y estremecedor de una ficción poética (Antonio
Baamonde).
Sobre este territorio la Fundación
Rosalía de Castro ha organizado la Ruta Rosaliana en nueve etapas.
Cada etapa está señalizada en las carreteras de acceso y
la Fundación ha publicado una guía en donde se dan orientaciones
sobre el recorrido y el significado de cada etapa en la vida y en la obra
de la autora, sobre los tiempos necesarios para las visitas y las lecturas
de poemas rosalianos relacionados con la zona que se recorre. El folleto
está orientado, fundamentalmente, a los escolares gallegos, pero
es de fácil uso para todo tipo de visitantes.
La Ruta es, por lo tanto, una prolongación
hacia el exterior de la propia Casa-Museo y el mejor camino de aproximación
a ella a través de las mismas aldeas, de los mismos campos, de los
mismos hermosos horizontes, de los mismos aromas y colores, de los mismo
modos de vida, de las mismas creencias que vivió Rosalía,
que conformaron su sensibilidad de niña solitaria, que alimentaron
su solidaridad e inspiraron una poesía en cuyo espejo se reflejan
nítidamente; una poesía de difícil acceso para el
pueblo llano que, curiosamente, llegó directamente al corazón
de este pueblo. La Ruta Rosaliana es, por extensión, un camino inigualable
para comprender a Galicia.
Los proyectos de la Asociación.
La Asociación desarrolla
en estos momentos dos proyectos para ser presentados el próximo
año, encaminados a evidenciar ese entramado cultural del que ya
se ha hablado:
· El primero es la confección
de la Guía de las Casas-Museo y Fundaciones de Escritores, que abarcará
a socios y no socios de la Asociación y será la base documental
para el público en general y para cualquier actividad asociativa
posterior.
· El segundo es el montaje de
una Exposición itinerante, cuyo proyecto está dando lugar
a un período intenso de reflexión sobre esa red de relaciones
entre los autores y sobre la forma de transformarla en una oferta cultural
vertebradora.
Entretanto, las Casas realizan experiencias
sobre estas actividades compartidas entre varias instituciones. Las Casas-Museo
de Pérez Galdós y de Tomás Morales, de Gran Canaria,
dentro de un programa de promoción de la literatura en los institutos,
trabajaron sobre el tema: Tres poetas y el mar, en colaboración
con las Fundaciones Rafael Alberti y Rosalía de Castro. Después
de montar una exposición en Las Palmas, viajaron a las Casas de
la península. En cierto modo, estaban siguiendo una ruta literaria,
un itinerario cultural.
Final.
Los autores de las generaciones
del 98 y del 27 buscaban los hilos invisibles o sutiles que componían
la malla, permeable y selectiva, sobre la que descansaba nuestra cultura
y, en consecuencia, nosotros mismos. Les gustaba salir al camino. Seguían
los paisajes del Quijote. Utilizaban, en ocasiones, los métodos
de la farándula. El Bloom´s Day celebra cada año en
Dublín la fiesta de la literatura, en homenaje casi religioso al
autor que revolucionó el mundo de la novela contemporánea.
Cuando recorremos los caminos de
Lorca, de Rosalía o de Plá y reconocemos los paisajes
leídos y nos reconocemos en los personajes de la ficción
hacemos profesión de amor a la literatura y salimos al encuentro
de nuestra cultura. Y mostramos todo eso a los que quieran oírnos.
Y rescatamos los caminos de las banalidades del turismo de consumo.
Las Casas-Museo y las Fundaciones
de Escritores de España tienen el privilegio de disponer de las
mejores guías para esta tarea y están dispuestas a utilizarlas
y a ponerlas al alcance de la sociedad, para que disfrute con ellas y para
que se reconozca en ellas. |