|
| A pocos kilómetros
de Madrid, por la carretera de Colmenar, y en la vertiente
meridional de la Sierra del Guadarrama, se encuentra
Manzanares el Real. A sus pies se extiende el embalse
de Santillana. Flanqueado por su incomparable Castillo
y por el cauce del río, es coronado por la majestuosidad
de los canchos y riscos de la Pedriza, singular paraje,
único en el mundo.
El pueblo fue fundamentalmente agrícola y ganadero.
Su influjo cultural más fuerte se dio en los
siglos XV y XVI con los Mendoza. Terminado este período
de su historia comenzó su decadencia y su aislamiento
durante los siglos siguientes, hasta resucitar de nuevo
en los años 60, gracias al turismo. |
 |
El pueblo, desde sus inicios estuvo constituido por un conglomerado
de gentes pertenecientes a diferentes provincias: segovianos,
navarros, palentinos e incluso moros granadinos. Se produjeron
distintas disputas entre segovianos y madrileños hasta
que Alfonso X puso fin a estas luchas, incorporando estos
lugares a la corona.
Desde entonces se denominó a este vasto territorio
como “el Real de Manzanares”, que comprendía pueblos
como Colmenar Viejo, Soto, Hoyo de Manzanares, Miraflores,
Navacerrada, Guadalix, etc.
El pueblo fue pequeña capital de los dominios que
la familia Mendoza poseía en estos lugares de la Sierra.
En él vivió, durante la época de mayor
esplendor, Don Íñigo López de Mendoza,
primer Marqués de Santillana, Don Diego, duque del
Infantado y su hijo el segundo Duque del Infantado.
Pero la historia del pueblo no sólo se remonta a
los siglos XV y XVI: desde la prehistoria fue habitado, como
demuestran los abundantes restos arqueológicos que
se han encontrado.
El
Castillo de Manzanares el Real tiene la solidez de una gran
fortaleza de la Baja Edad Media y el refinamiento de una residencia
aristocrática del Renacimiento. Símbolo altivo
de uno de los linajes más poderosos de Castilla durante
los siglos XIV y XV –Los Mendoza, el Castillo Palacio que
mandaron construir los Duques del Infantado durante el reinado
de los Reyes Católicos se encuentra muy próximo
a Madrid capital situado entre el bello paisaje pétreo
de La Pedriza y el embalse de Santillana. Sabiamente reconstruido,
en el Castillo de Manzanares el real hay hermosas muestras
del gótico tardío y del arte mudéjar,
elementos moriscos y renacentistas, además de muebles,
tapices, armaduras y objetos de diversas épocas.
El Castillo de Manzanares el
Real se encuentra situado a 50 km. de Madrid, en la vertiente
meridional de la sierra de Guadarrama, entre el embalse de
Santillana y los riscos de La Pedriza. Este Castillo es una
importante muestra de la arquitectura militar castellana del
siglo XV y uno de los últimos en España. De
hecho, su inicial vocación de fortaleza dejó
paso a la de Palacio residencial de una de las familias más
linajudas de Castilla, desde la Edad Media: Los Mendoza. Pero
el Castillo de Manzanares también esta íntimamente
ligado a la reciente historia de Madrid, ya que en él
se inició el proceso autonómico de la Comunidad
de Madrid ( 1981) y entre sus muros se gestó el proyecto
de Estatuto de Autonomía que se aprobaría en
Congreso y Senado en 1983
El linaje de los Mendoza se
remonta al siglo XI, estando desde el principio vinculados
con los reyes españoles; por sus servicios obtuvieron
de la Corona títulos nobiliarios y grandes recompensas
patrimoniales. La vinculación de los Mendoza con este
territorio del Real de Manzanares, data del siglo XIV, cuando
Pedro González de Mendoza (1340-1385), fiel servidor
de Enrique II se Trastámara, obtuvo del rey extensos
señoríos de la sierra de Somosierra, desde Buitrago
hasta Colmenar.
Su hijo, Diego Hurtado de Mendoza
(1365-1904), que fue Almirante Mayor de Castilla con el Rey
Enrique III, obtuvo de Juan II, como recompensa por los servicios
de su pare D. Pedro el señorío del Real de Manzanares.
A él se debe la construcción de un castillo
en sus nuevas posesiones, cercano al emplazamiento actual,
suyas ruinas aún son visibles. Pero el viejo Castillo,
muy próximo al río, enseguida se quedo pequeño
e incómodo para habitar y los Mendoza, que seguían
prosperando al servicio de los reyes, habrían de pensar
pronto en una nueva fortaleza.
A Don Diego le sucede su hijo,
Iñigo López de Mendoza (1398-1458), valeroso
soldado y refinado hombre de letras al servicio de Juan II,
Batalla de Olmedo, el título de primer Conde Real de
Manzanares y primer Marques de Santillana; con este último
que pasaría a la posteridad, más que por sus
hechos de armas o por sus embajadas políticas, por
su condición de poeta lírico.
La familia Mendoza alcanzó
la cumbre de su poder e influencia durante el reinado de los
Reyes Católicos. Mientras el primogénito del
Marqués de Santillana, Diego Hurtado de Mendoza, hombre
de la confianza de los Reyes, obtenía el título
de Duque del Infantado y nuevas posesiones y privilegios,
su hermano Pedro González de Mendoza (1428-1494) llegaba
a ser el más íntimo consejero de Fernando e
Isabel, y gran cardenal de España.
Fue el primer Duque del Infantado,
don Diego, quien se dedicó a trasladar el viejo Castillo
a uno de mayores dimensiones y con más dependencias.
Para ello utilizó materiales de la vieja fortaleza,
de cuyos restos quedan tan sólo la base de los
muros.
Además de economizar
trabajo de cantería se evitaba así que el primer
Castillo, una vez desalojado, pudiera caer en manos de adversarios
del duque.
El que este actual Castillo
fuese levantado a finales del siglo XV, nos lo confirma el
testamento de Diego Hurtado fechado en 1475 en el que según
Quintano, el primer Duque hace referencia al “Castillo que
yo hago en mi villa...” y que sería uno de los últimos
y magníficos ejemplares de la arquitectura militar
castellana, transformando en Castillo Palacio con las
finuras del gótico isabelino.
Al primer Duque se le atribuye
la construcción del cuerpo principal y las cuatro torres,
siendo su sucesor Iñigo López de Mendoza, hijo
primogénito de Don Diego y segundo Duque del
infantado, quien se ocuparía de la ampliación
del Castillo después de morir su padre en 1479.
UN PALACIO DEL RENACIMIENTO
Arquitectónicamente,
el Castillo es un recinto de planta cuadrangular, con torres
en los ángulos, tres cubo cilíndricos y un torreón
de mayores dimensiones, la Torre del Homenaje. Cada uno de
los cubos de las tres torres cilíndricas está
coronado por nuevas torretas también cilíndricas
– “Caballeros altos”- y la Torre del Homenaje se corona con
otra tortea de planta octogonal. El cuerpo del Castillo tiene
30 metros de lado y las torres 6,5 metros de diámetro
en la base. Parece concebido como Palacio al disponer de crujías
de dos pisos adosadas a los muros y corredores porticados
en torno al patio central. El cuerpo que resalta anexo al
este corresponde al ábside de la ermita que existía
en ese lugar antes de construirse el Castillo.
Todo el conjunto está
rodeado por una barbacana perimetral, con una única
entrada a través de una bella puerta orienta a Poniente,
flanqueada por dos robustos cubos defendidos por matacanes
de piedra.
En todos los muros de la barbacana
se pueden ver aspilleras en forma de Cruz de Jerusalén,
en homenaje a que el hermano del primer duque , el Cardenal
Mendoza, había obtenido en 1480 de los Reyes Católicos
el título de Cardenal Presbítero de la Basílica
de la Santa Cruz de Jerusalén.
La fachada meridional tiene
una galería cubierta cuya cara externa está
compuesta por arcos rebajados y entre cada arco una pilastra
cilíndrica, de estilo gótico flamígero
–que contrasta con la reciedumbre de los muros-, prueba del
cambio que Iñigo López imprime a su residencia
contando con la magnífica participación del
arquitecto Juan Guas, autor también del espléndido
paseador o galería, y del patio con arquerías
en dos plantas, ejemplo del gótico tardío con
influencia mudéjar, especialmente en cubiertas y artesonados
y en las arquerías decoradas con los escudos familiares
de los Mendoza, Luna y Enríquez. La imponente vista
del Castillo contrasta con la armoniosa mezcla de elementos
moriscos y renancentistas, y la finura dela estalactítica
cornisa de mozárabes en la que se apoyan las
almenas, sólo cortada en la fachada del Mediodía
con el fastuoso paseador, que le da al monumento una original
gracia y singularidad.
Menos de un siglo serviría
este hermoso Castillo-Palacio como residencia señorial
de los Mendoza. En 1565, al morir el cuarto Duque del Infantado,
pleito entre los herederos acabaron provocando que el edificio
quedara en desuso y empezara un lento proceso de ruina, hasta
que en 1914, el arquitecto Vicente Lampérez Romera
se hiciera cargo de unas primeras obras de restauración.
Declarado monumento Histórico Artístico en 1931,
en 1965 el Duque del Infantado, Iñigo de Arteaga y
Falguera, lo arrendó a la extinguida Diputación
Provincial de Madrid. En la actualidad, el Castillo depende
de la Dirección General de Turismo de la Consejería
de Economía y Empleo de la Comunidad de Madrid.
UN CASTILLO CON VIDA
Cuando
la Diputación Provincial se hizo cargo del Castillo,
su estado de ruina y abandono era lamentable, por lo que hubo
que emprenderse en 1974 una ambiciosa tarea de restauración
que duró tres años, según proyecto del
arquitecto D. Manuel González Valcárcel. El
plan de restauración pretendía devolver al Castillo
su pasado esplendor, respetando la antigua distribución
y los elementos decorativos de la época. El objetivo
de este plan era que el Castillo volviera a ser un edificio
con vida, en condiciones de poder ser visitado por el público
y también utilizable para diversas actividades.
Junto a algunos muebles antiguos,
otros que hoy adornan las estancias y salones fueron construidos
dentro de las mismas salas. Alfombras, armaduras, tapices,
cuadros y otros objetos de diversa procedencia se instalaron
en el Castillo como elementos decorativos. Destaca una colección
de tapices barrocos del siglo XVII, originarios de los Talleres
de Bruselas. Siete de ellos reflejan pasajes de la vida de
Julio César, dos corresponden al repertorio de “La
vida del Hombre” y el décimo es de tema bíblico.
En la actualidad el Castillo
de Manzanares el Reales escenario durante todo el año
de muchas actividades públicas , congresos y seminarios,
exposiciones, conciertos y actos promocionales, en la línea
de mantener el Castillo como un edificio vivo al servicio
de la comunidad, que haga rentables socialmente los grandes
esfuerzos empleados en su restauración y conservación
y en su diario mantenimiento. Miles de madrileños y
de viajeros de otras procedencias se acercan todos los años
a visitar este hermoso monumento, tan íntimamente vinculado
a la Historia de España y de la Comunidad de Madrid.
Más
información:
Dirección General de Turismo
Consejería de Economía
y Empleo
Comunidad de Madrid
Teléfono: 902.100.007
|