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Porta
Nigra
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En realidad, Rómulo fundó Roma en el 753 a.C.;
luego llegaron, a grosso modo, la república, las guerras
púnicas, la revuelta de Espartaco, el asesinato de
César, la muerte de Antonio y Cleopatra y, por fin,
la subida al trono del Emperador Octavio Augusto que, entonces
sí, para asegurar la frontera norte del Imperium de
las continuas incursiones bárbaras, decidió
establecer un asentamiento junto al río Mosela en el
lugar donde los tréviros -un pueblo de origen celta
que habitaba aquellas tierras- habían construido un
santuario. Así nació Augusta Treverorum el año
16 a.C.; es decir, unos setecientos y pico años después
que Roma.
En sus dos mil años de historia, aquella fundación
romana llegó a ser capital de la Galia, sede de uno
de los arzobispados más influyentes de la Edad Media
y una de las pocas ciudades que elegían al monarca
del Sacro Imperio Germánico. Un gran pasado, sin duda,
en el que también han dejado su huella la túnica
sagrada de Cristo -que aún se conserva en la Cámara
Santa de la catedral-, las reliquias de los Reyes Magos o
la casa natal de Karl Marx, conformando un extraordinario
conjunto histórico y artístico que la UNESCO
declaró Patrimonio de la Humanidad en 1986 y que, a
pesar de todo, es uno de los más desconocidos de Alemania.
Paradojas de la vida, ese desconocimiento también
fue la causa de su salvación. Gracias a que sólo
era una pequeña ciudad de provincias sin grandes industrias
como el valle del Ruhr, Tréveris pasó prácticamente
de puntillas por las guerras que asolaron Europa en el siglo
XX y hoy nos permite admirar un excepcional patrimonio en
todo su esplendor, mientras que otras ciudades, como Múnich
ó Colonia, fueron destruidas por los bombardeos aliados;
por eso, aunque nadie ponga en duda la belleza de la Plaza
Römmer de Fráncfort o del casco histórico
de Dresde, tampoco debemos olvidar que son reconstrucciones;
Tréveris, en cambio, mantiene la riqueza original de
su legado.
El eslogan que define a este lugar como "La ciudad más
antigua de Alemania" no se debe, sin embargo, a su origen
romano porque, al fin y al cabo, Colonia, por no viajar muy
lejos, también fue una "colonia" fundada
por Roma para el descanso de sus soldados, de ahí su
nombre; la razón que se argumenta es que Tréveris
fue la primera localidad, al norte de los Alpes, que recibió
el calificativo de "ciudad"; algo que se ha convertido
en el verdadero leit motif de sus campañas turísticas
y en el orgullo de sus 100.000 habitantes, a pesar de que
Augsburgo, en Baviera, siga reclamando la misma consideración.
Tréveris -Trier, en alemán- está situada
en el extremo más occidental de Renania-Palatinado,
a 154 km. de Maguncia, la capital del Estado, y a tan sólo
16 de la frontera con Luxemburgo; de ahí que el aeropuerto
del Gran Ducado sea la mejor manera de llegar a esta ciudad
en apenas media hora de coche por la A-64. Otras opciones,
más baratas e igual de bien comunicadas con autopistas
gratuitas e iluminadas por la noche, pueden ser los aeropuertos
de Charleroi (Bélgica) ó de la mencionada Colonia
(Alemania) donde operan, desde España, algunas compañías
aéreas de bajo coste como HLX o Ryanair.
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Catedral
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En contraste con ese legado de dos mil años, el origen
del land renanopalatino no puede ser más reciente:
el 30 de agosto de 1946. Fue entonces cuando, al terminar
la II Guerra Mundial, el gobierno militar francés "seleccionó"
al azar diversos territorios (el sur de Renania, mientras
dejaba el norte unido a Westfalia; la orilla izquierda del
Rin, que hasta entonces había pertenecido a Hesse;
el Palatinado de influencia bávara y algunas provincias
prusianas) para crear, sin ninguna consideración histórica,
un nuevo land de 20.000 km² que, con el paso del tiempo,
ha logrado tener su propia personalidad y convertirse en el
más dinámico de los 16 Estados de la República
Federal.
Para que no se lleve a engaño, la imagen de Tréveris
que se refleja en el Mosela cuando se sale de la autopista
no se corresponde, en absoluto, con la belleza que encierra
en su casco histórico; por eso, lo mejor es cruzar
el puente del Káiser Guillermo y seguir en línea
recta hasta llegar a uno de los símbolos más
conocidos de la ciudad: la Porta Nigra. La majestuosa puerta
de acceso al recinto amurallado que construyeron los romanos
en el siglo II d.C.
Sus dimensiones son colosales y permiten hacernos una idea
de la importancia estratégica que alcanzó Augusta
Treverorum en la frontera norte del Imperio, cuando llegó
a ser residencia de sus emperadores y capital de la Galia
con Diocleciano. Es una puerta de doble arco flanqueda por
dos torres -cuadradas en el interior y semicirculares en el
exterior- y decoradas con pórticos; se construyó
con bloques de arenisca negra unidos mediante abrazaderas
de hierro que alcanzan las tres alturas en la torre occidental.
La otra torre, de dos pisos, aún conserva adherido
parte del ábside de la iglesia de san Simeón
que se construyó sobre la propia puerta en el siglo
XI y que perduró hasta el XVIII. En los restos del
claustro, el Simeonstift, está situada la oficina de
turismo.
De espaldas a la Porta Nigra veremos un incesante reguero
de gente caminando por Simeonstrasse, la calle peatonal que
une la muralla romana con la Plaza del Mercado. Si hemos tenido
suerte y hace sol, los turistas se habrán mezclado
con los alemanes que, lejos de su imagen de personas frías,
sosas y de mente cuadriculada, estarán disfrutando
de los primeros rayos solares, comprando helados o bebiendo
cerveza (algunos tópicos sí que se cumplen)
en cualquiera de sus puestos y tenderetes.
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Casa
de los Reyes Magos
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En el número 19 de esta calle está la Casa
de los Reyes Magos -Dreiköningenhaus-; una antigua residencia
de estilo románico construida en el siglo XIII en el
lugar donde la tradición cristiana situó, durante
un tiempo, los restos de Melchor, Gaspar y Baltasar. Según
cuentan, cuando Federico I Barbarroja arrasó Milán
en 1164, el obispo Dassel de Colonia se llevó las reliquias
de la capital lombarda, pasó por Tréveris y
las depositó en un arca bizantina en la catedral de
Colonia, donde aún se veneran como patronos de la ciudad.
En el primer piso de esta "Casa de los Tres Reyes",
hoy reconvertida en cafetería, aún se conserva
el acceso medieval a la vivienda. Desde esa altura, los inquilinos
bajaban a la calle por una escalera de madera que recogían
en caso de peligro para que los atacantes no pudieran entrar
en la vivienda.
Al final de la calle Simeón está el Hauptmarkt,
la Plaza del Mercado que para nosotros sería la Plaza
Mayor. Además de la mencionada Casa Roja, con su exagerada
inscripción en latín, esta plaza contiene otros
rincones de interés como la fuente de san Pedro, la
iglesia gótica de san Gangolf y la cruz del mercado;
todo ello, rodeado de gente comprando ramos de flores. Desde
el centro de la plaza veremos las torres de la catedral.
En la historia de Tréveris, la iglesia siempre ha
ejercido una notable influencia. En el año 330, aproximadamente,
santa Elena, madre del Emperador Constantino el Grande -que
también fijó aquí su residencia - trajo
de Jerusalén la Túnica Sagrada que, según
el Evangelio de san Juan, se echaron en suerte los soldados
romanos después de crucificar a Cristo en el Gólgota.
Esa túnica se conserva extendida en un relicario de
la Cámara Sacra de la catedral a donde acuden los peregrinos
a rezar por la unidad de la Iglesia y la reconciliación
del mundo con la siguiente oración: "Jesucristo,
Salvador y redentor, ten misericordia de nosotros y de todo
el mundo. Acuérdate de tu cristiandad y congrega lo
que está separado".
Este templo es, en realidad, un crisol inusual de diversas
construcciones superpuestas en torno a la primitiva iglesia
romana del siglo IV: las naves románicas del XI, el
coro del XII, el claustro del XIII o la capilla de las reliquias;
todo ello forma, junto a la iglesia gótica construida
para el capítulo catedralicio en el siglo XIII, un
notable conjunto y un laberinto de naves en su interior que
fue completamente restaurado entre 1960 y 1975.
La presencia romana en Tréveris dejó, además
de la Porta Nigra, otras huellas importantes en sus calles
como el anfiteatro, con capacidad para 20.000 espectadores;
el foro; los baños imperiales; el puente sobre el Mosela
y, sobre todo, la basílica. Esta iglesia fue construida
en el siglo IV como sala del trono del emperador Constantino;
posteriormente, fue sede de los príncipes electores
y, en la actualidad, conserva su carácter religioso
como iglesia protestante.
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Basílica
de Constantino
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El arzobispo de Tréveris, junto a los prelados de
Maguncia y Colonia y otros cuatro dignatarios: el conde palatino
del Rin, el duque de Sajonia, el margrave de Brandemburgo
y el rey de Bohemia eran los llamados príncipes electores
que, desde 1024, cuando el Sacro Imperio Germánico
se quedó sin heredero, se reunían para elegir
al emperador que debía ocupar el trono alemán.
De aquella época de esplendor se conserva el Palacio
de los Príncipes Electores, junto a la Basílica,
aunque su aspecto actual se debe a las reformas que se realizaron
en el Renacimiento y en el siglo XVIII, cuando Johannes Seiz
construyó el ala sur en estilo barroco y lo rodeó
de los hermosos jardines que hoy podemos admirar.
Otro nombre asociado a Tréveris es el de uno de sus
hijos predilectos: Kart Marx. La casa donde vino al mundo
este filósofo, economista y fundador del socialismo
científico en 1818 puede visitarse en el número
10 de la Brückenstrasse (calle del puente), muy cerca
de la Plaza del Mercado.
Además de este pequeño museo, la ciudad cuenta
con un interesante centro arqueológico y un Museo del
Juguete; pero si prefiere las actividades al aire libre, puede
remontar el cauce del Mosela en un crucero fluvial que le
llevará hasta Pfalzel, residencia veraniega de los
emperadores romanos y lugar habitual de descanso para los
habitantes de esta hermosa ciudad que, durante 2004, se ha
engalanado para celebrar el Festival Cultural de Jardinería
"La magia de los elementos".
Antes de marcharse no olvide probar los vinos de la denominación
de origen Mosela-Sarre-Ruwer, blancos de la variedad local
Riesling que se caracterizan por su sabor afrutado y una ligera
efervescencia, a la que llaman "alfiter". Estoy
seguro de que disfrutará de una buena copa, como si
fuera todo un emperador de Roma.
Carlos Pérez
Vaquero
Fotografías: Leandro Escudero
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