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Canales
de Brujas
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A pesar de que Bélgica cumple "sólo"
175 años, lógicamente su historia es tan antigua
como la del viejo continente; lo que sucede es que esta tierra
fue siempre el campo de batalla favorito de todas las potencias
europeas: desde los tiempos de los "belgas" -el
pueblo celta que le dio su nombre- hasta la ocupación
nazi del siglo XX; por aquí han pasado romanos, francos,
borgoñones, españoles, alemanes, austriacos,
holandeses… y se han librado contiendas tan decisivas para
la Historia, con mayúsculas, como Waterloo, contra
Napoleón, o Las Ardenas, en la II Guerra Mundial.
En 1815, el Congreso de Viena acordó unificar las
actuales Bélgica y Holanda en un nuevo país
-el Reino de los Países Bajos- bajo el trono de Guillermo
de Orange, pero la unión de católicos y protestantes
apenas duró 15 años hasta que las provincias
del Sur se revelaron, con el apoyo de Francia, y proclamaron
su independencia en 1830. Había nacido Bélgica,
tal y como hoy la conocemos.
En la actualidad, este pequeño país -poco más
grande que Galicia- refleja a la perfección las influencias
recibidas por su situación geográfica, a medio
camino entre las culturas latina y germánica. Fruto
de esa influencia, como establece la Constitución de
1993, el Estado Federal está compuesto por tres comunidades
-francesa, flamenca y alemana- y tres regiones: Valonia
-situada al sur; es la parte francófona y la más
parecida a nuestro carácter mediterráneo, al
fin y al cabo, los valones presumen de ser los latinos que
viven más al norte; está formada por las provincias
de Hainaut, Namur, Lieja, el Brabante valón y Luxemburgo,
en el límite con el Gran Ducado homónimo-; Flandes
-al norte, en la frontera con Holanda, es la región
de origen neerlandés que nuestros libros del colegio
asocian con los tercios y el Duque de Alba; está formada
por las provincias de Flandes Occidental (Brujas), Flandes
Oriental (Gante), Amberes, Limburgo y el Brabante flamenco-
y, finalmente, Bruselas: la capital multilingüe
del país y de la Unión Europea, sede de la OTAN
y de numerosos organismos internacionales que la convierten
en una curiosa torre de Babel donde un 27% de los bruselenses
son extranjeros.
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Atomiun.
Bruselas
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Notará la diferencia de carácter entre valones
y flamencos en cuanto viaje por las dos regiones hasta el
punto de que, en Flandes, es más fácil hacerse
entender en inglés e incluso en castellano -cosas de
la vida, muchos veranean por aquí- que en francés;
mientras que en Valonia, con su acento francés tan
cerrado a veces es difícil simplemente hacerse entender;
aún así, las dos comunidades comparten monarquía,
la pasión por los bombones de chocolate, la cerveza
de abadía -aunque es verdad que los egipcios fermentaban
cereales para elaborar bebidas, fueron los belgas quienes
inventaron la cerveza en el siglo XII y los que hoy le ofrecen
400 marcas distintas- y un sambenito que cargan como una cruz:
si nosotros hacemos chistes sobre Lepe, media Europa se burla
de ellos, especialmente los franceses y holandeses, con bromas
que comienzan por el consabido "Van dos belgas y…".
Según los parisinos, Bélgica inventó
la taza del váter y en París le pusieron el
agujero. En fin. Cada uno carga su propio madero. Nosotros
siempre seremos toreros e inquisidores.
Un dato estadístico nos ayudará a decidir cómo
recorrer este país: el 30% de las autopistas belgas
tienen más de dos carriles en cada sentido; si a eso
le añadimos que son gratuitas, prácticamente
llanas -salvo en Las Ardenas- y que están iluminadas
toda la noche por farolas acabamos de elegir nuestro transporte:
el coche.
Valonia
La mayor parte de los viajes organizados y de las guías
de consulta suelen centrarse en Bruselas y Brujas y, en menor
medida, en Gante, porque está a medio camino entre
esas ciudades, y Amberes, si el circuito continúa hacia
Ámsterdam o La Haya; así que, para casi todo
el mundo que visita Bélgica, la Valonia es una perfecta
desconocida.
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Castillo
de Jehay-Bodegnée
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Namur (Namur, en francés; Namen, en flamenco)
es su capital y está situada a 63 km. de Bruselas,
por la A-4, y a tan solo 36 km. de Charleroi, por la A-15.
Aunque sólo tiene 100.000 habitantes, la ciudad atesora
más de 2.000 años de historia y el aspecto tranquilo
de una localidad de provincias. El jardín del muelle
Grognon, en plena confluencia de los ríos Mosa y Sambre,
es un buen lugar para aparcar el coche y conocerla a pie.
De frente, veremos el edificio granate del Parlamento Valón
a los pies de la ciudadela, uno de los recintos fortificados
más largos de Europa que puede recorrer siguiendo cinco
senderos distintos para visitar el Castillo de los Condes,
la casamata española, el museo arqueológico
de Saint-Pierre o el curioso museo dedicado a los perfumes
de Guy Delforge. Desde cualquiera de sus miradores verá
la ciudad moderna, en la orilla derecha del Mosa, y el casco
antiguo, junto al Sambre.
Los Condes de Namur desarrollaron la ciudad durante la Edad
Media hasta que pasó a formar parte de Borgoña
y, posteriormente, fue ocupada por España y Austria.
En la actualidad, el centro de la ciudad mantiene casi intacto
su aspecto dieciochesco con edificios como el Museo Arqueológico,
la Bolsa o el Teatro Real. Como curiosidades, no deje de probar
el sempiterno chocolate -en este caso con mantequilla y nueces-
y visitar el Museo Africano, recuerdo del pasado colonial
en el Congo, y los castillos del "Pays de Namur";
no son los del Valle del Loira, lo reconozco, pero también
tienen su propio encanto, por ejemplo, la fortaleza de Crupet
o los palacetes de Haltinne o Jallet y, ya cerca de Lieja,
el vistoso castillo de Jehay-Bodegnée. Eso sí,
ármese de paciencia porque los indicadores de las carreteras
no se merecen ese nombre.
A 58 km. de Namur está Lieja (Liège/Luik);
una provincia que puede presumir de los campos, prados y bosques
que cubren el 70% de su territorio, algo que no es óbice
para encontrarnos en una de las provincias belgas más
industrializadas (carbón, metalurgia, textil, etc.).
Su capital, llamada "la ciudad ardiente", se ha
convertido en un importante eje de comunicaciones que vertebra
todo el Benelux. Entre su patrimonio podemos visitar el antiguo
Palacio de los Obispos -sede del Gobierno provincial- en la
Plaza St. Lambert, la Ópera o la recoleta catedral
gótica de St. Paul. Desgraciadamente, Lieja fue primera
línea del frente de las dos guerras mundiales; por
ese motivo, encontrará muchos testimonios de las contiendas
como los fuertes de Eben-Ezer y Embourg, el monumento interaliado
o el "Territorio de la Memoria".
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Castillo de los Condes. Gante
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Los bosques de Las Ardenas que Casanova describió
como "inmensos y propicios para historias de Caballería"
también acogen el que los especialistas deportivos
consideran como "uno de los mejores circuitos del calendario
mundial": Francorchamps. Gracias a Fernando Alonso
y la fiebre de la Fórmula 1, la pista de carreras de
la ciudad de Spa se ha convertido en un verdadero reclamo
turístico para toda esta comarca famosa, ya de por
si, por sus aguas medicinales y los balnearios. Al fin y al
cabo, Spa significa "Salutem Per Acquam" y sus tratamientos
termales llevan muchos siglos atrayendo a lo mejor de la aristocracia
y nobleza de media Europa.
Valonia le ofrece, además, la posibilidad de visitar
dos de las mejores fábricas de cerveza -la "Leffe"
en Dinant, a 28 km. al sur de Namur; y la de Chimay, al sur
de Charleroi, en dirección a Francia- y disfrutar de
monumentos como la impresionante catedral románica
de Tournai o la colegiata de Sta. Gertrudis de Nivelles; en
ambos casos, reconozco que estoy tan acostumbrado al aspecto
sobrio y austero de nuestro románico que no deja de
sorprenderme la grandiosidad de unos templos que en España
sólo habríamos asociado a la estilizada traza
del gótico.
Bruselas (Bruxelles/Brussel)
La capital de la Unión Europea y sede del cuartel general
de la OTAN es mucho más asequible y fácil de
visitar de lo que parece a primera vista; sobre todo si tenemos
en cuenta que, día tras día, la vemos en cualquier
telediario y parece una gigantesca ciudad de funcionarios.
La realidad es mucho más acogedora que la imagen que
ofrece por televisión.
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Río
Mosa. Namur
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En menos de un siglo, Bruselas pasó de tener 100.000
habitantes a reunir cerca de un millón de personas
en torno a los 19 municipios agrupados en la región
de Bruselas-Capital. Aun así, salvo que visite la zona
del Cincuentenario o del Atómium en Heysel, la capital
belga se recorre muy bien a pie porque no hay grandes distancias.
La visita comienza, como no podía ser de otro modo,
en la Plaza Mayor (Grand Place/Grote Markt); probablemente,
uno de los rincones más hermosos de Europa. La plaza
está presidida por el edificio del Ayuntamiento, un
conjunto muy cercano a la estética de las grandes catedrales
góticas del siglo XV; enfrente, la llamada Casa del
Rey es la sede del guardarropa donde se conservan todos los
trajes del Ménneken Pis; la famosa escultura del niño
que, según la leyenda, apagó un incendio en
1691 meando sobre las llamas. La escultura es tan pequeña
que más de uno se la pasa de largo. Para localizarla,
basta con ir detrás de la casa consistorial y seguir
al tumulto de japoneses que la iluminan con sus cámaras
de fotos. Como es tradición, cada día se viste
al niño con un traje distinto.
De vuelta a la Plaza Mayor, la cuidada reconstrucción
de sus viviendas nos cuenta sus propias historias relacionadas
con los tercios de Flandes, la casa de Víctor Hugo
o el bar donde Kart Marx escribió su manifiesto. Detrás
de la Casa del Rey están las Galerías Saint-Hubert,
las más antiguas del continente, y la Rue des Bouchers,
llena de animadas terrazas y restaurantes donde podrá
pedir un menú por unos 10 euros, comer los típicos
mejillones y beber una "Stella Artois" o la cerveza
de sabores "Mort Subite". Un lujo al alcance de
cualquier bolsillo y en pleno centro de la ciudad. Y como
estamos en la capital de Europa, no puede salir del centro
histórico sin probar las especialidades de otros países
-como las pitas griegas, las pizzas italianas, los falafeles
turcos e incluso nuestra típica paella- y comprar algún
recuerdo con la bandera de las doce estrellas amarillas.
Si damos la espalda al Ayuntamiento, saliendo a la izquierda
de la Plaza llegaremos al edificio neoclásico de la
Bolsa y las ruinas medievales de la ciudad; en cambio, por
el extremo contrario, si sobrevive al escaparate de "Godiva"
sin caer en la tentación de arrasar la bombonería
saldremos en un par de minutos a la catedral de san Miguel
y santa Gúdula, muy afeada por el entorno que le han
diseñado eliminando los jardines que había delante
del templo. A escasos metros, detrás de la estación
central, comienza la famosa Rue de la Loi donde se concentran
las embajadas y organismos oficiales y que termina en el Barrio
Europeo. De esta zona creo que sólo merece la pena
el parque y el arco del palacio del Cincuentenario (en conmemoración
de los 50 años que cumplió Bélgica en
1880); el resto, son las sedes de la Unión Europea
de la Plaza Schuman, conocidas porque aparecen de fondo en
cualquier reunión de los líderes comunitarios.
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Catedral de Malinas
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De regreso al Parque de Bruselas, delante de la estación
central, verá el Palacio Real; la Plaza Real con sus
Museos de Arte Antiguo y Moderno; y, por la Rue de la Regence,
acabará en la Plaza de Sablon, rodeado de pequeñas
tiendas de antigüedades y restaurantes llenos de encanto.
Terminaremos la vista de este barrio de Marolles en la Puerta
de Hal, del siglo XIV.
Con el coche, la "M-30" de Bruselas se llama "R0"
y circunvala toda la ciudad; sólo tiene que seguir
los carteles de "EXPO" para llegar a Heysel, el
área de recreo de los bruselenses que hace unos años
se hizo famoso por una avalancha humana en el estadio de fútbol.
A su lado, se levantó el Atómium, auténtico
emblema de la ciudad que representa, desde 1958, una molécula
de cristal de hierro aumentada 165 billones de veces. El parque
de las exposiciones se completa en los alrededores con el
enorme Museo del Automóvil; la agradecida "Mini
Europe", con maquetas de los edificios más turísticos
del continente; el parque de Laeken y la gran cúpula
verde de la basílica de Koelkelberg. Desde allí,
la autopista A-10 que cruza en diagonal hasta Ostende, en
la costa del Mar del Norte, nos llevará a lo más
conocido de la región flamenca.
Flandes
Gante (Gand/Gent) fue una de las ciudades más
importantes de Europa en el siglo XVI, cuando nació
aquí el nieto de los Reyes Católicos que se
convertiría en el emperador Carlos I de España
y V de Alemania, en 1500. De aquella época, la capital
de Flandes Oriental conserva aún todo el sabor de los
gremios comerciales que le dieron su esplendor; un patrimonio
único, injustamente eclipsado por la vecina Brujas.
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Gante,
desde el puente de San Miguel
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La mejor imagen de la ciudad se obtiene desde el puente de
san Miguel; desde allí se pueden ver los tres símbolos
de Gante que conforman su particular línea del cielo:
el campanario de la catedral de san Bavón, un templo
de transición gótico-barroco donde bautizaron
al emperador Carlos y que atesora, en el baptisterio, el espléndido
cuadro de Van Eyck "La adoración del Cordero Místico";
la torre del Belfort, típica construcción de
muchas ciudades belgas que representa el poder de los gremios
comerciales, de ahí que se levantara junto a la llamada
Sala de los Tejidos; y, por último, la iglesia de san
Nicolás.
Sin salir de este puente, una pequeña escalera desciende
a los muelles (lei) de herboristas (Graslei) y de los graneros
(Korenlei); un magnífico paseo por edificios de los
siglos XII a XVII que se reflejan en las aguas del Leie. Al
final del Graslei, donde confluyen los ríos Leie y
Lieve, los Condes de Gante levantaron en el siglo XII un castillo
con foso y claras referencias a las fortalezas cruzadas de
Tierra Santa. El resultado fue el Gravensteen o Roca de los
Condes, un soberbio baluarte digno de cualquier escena de
la Edad Media que, actualmente, alberga una curiosa exposición
de útiles de tortura. El resto de la ciudad ofrece
numerosos alicientes como el barrio de Partershol, un buen
lugar para comer, o la Plaza del Mercado de los Viernes.
A 50 km. de Gante -como ve, las distancias son mínimas-
se encuentra la capital de Flandes Occidental. Siempre me
ha parecido injusto que esta ciudad reciba el sobrenombre
de "La Venecia del Norte". Brujas tiene suficiente
personalidad como para ser conocida -y admirada- por lo que
es: uno de esos lugares que todo el mundo debería conocer.
Brujas (Bruges/Brugge) hay que patearla; así
que, deje el coche en uno de los aparcamientos disuasorios
de las afueras o en alguna calle con el tique de la ORA puesto
y pasee hacia la Plaza Mayor. Entre los siglos XIII y XV los
comerciantes de esta próspera ciudad levantaron una
poderosa atalaya sobre la Lonja de Paños para demostrar
su poder. El resultado de aquel empeño fue la impresionante
Torre (Belfort) que domina la plaza y que, aunque sé
que las comparaciones son odiosas, desde que vi "El Señor
de los Anillos" me recuerda inevitablemente a la Torre
Oscura de Mordor. Cosas de la imaginación, supongo.
En la Edad Media era tal el poder de la clase burguesa sobre
los obispos que, a diferencia de otros lugares, el desarrollo
urbano de Brujas giró en torno a la Plaza Mayor y su
atalaya en lugar de crecer cerca de la sede episcopal; por
ese motivo, la catedral de san Salvador ocupa un lugar secundario,
sin dominar la ciudad como ocurre en Burgos, Chartres o Florencia.
En los alrededores de las plazas Mayor y del Fortín
(Burg) encontraremos la basílica de la Preciosa Sangre,
con esta reliquia de Cristo; el Parlamento regional, el Ayuntamiento
y muchas tiendas de recuerdos con el típico encaje
de bolillos, terrazas para tomar un aperitivo y embarcaderos
para disfrutar de un paseo en barca por los canales de Brujas
y ver otra cara de la ciudad a ras del agua. Si el tiempo
acompaña, también puede salir en bicicleta por
los senderos que rodean los canales (reien) y llegar hasta
el mar.
De regreso por la A10 a Gante, allí nos desviaremos
por la A14 hacia Amberes (Anvers/Antwerpen), uno de
los puertos comerciales más activos de Europa. Su industria,
muy dinámica, está íntimamente relacionada
con el negocio de los diamantes; tanto que sólo Amberes
mueve el 80% de la producción mundial. Pero, más
allá del factor económico, la ciudad conserva
un gran legado artístico relacionado con nombres propios
del arte como Rubens, Brueghel o Van Dick y con el humanismo
que se divulgó desde sus imprentas. Recordemos que
fue aquí donde se publicó el primer semanario
del mundo en 1605, el mismo año que se editó
la primera parte de "El Quijote", fue un periódico
de información general llamado "Nieuwe Tijdenghen".
Según una leyenda local, el héroe Brabo cortó
la mano al malvado Antigon lanzándola al río
Escalda y dando nombre a este lugar que, en neerlandés,
se llama Ant-werpen (mano lanzada).
El patrimonio amberino está ligado a lo mejor de la
pintura flamenca de todos los tiempos y es casi imposible
visitar cualquier monumento donde no estén presentes
los cuadros de los grandes maestros. Como ocurre en otras
ciudades de Flandes, los edificios civiles reflejan el poder
de los comerciantes que hicieron posible el desarrollo mercantil
flamenco; de ahí que la Plaza Mayor sea, una ve más,
un magnífico escenario rodeado de casas gremiales de
los siglos XVI y XVII. Todo ello sin olvidar el Ayuntamiento,
la Casa de Rubens y la catedral de Nuestra Señora,
obra gótica del siglo XV construida según el
estilo brabazón; el gótico de la región
de Brabante.
Lovaina (Louvain/Leuven) es, precisamente, la capital
brabanzona de Flandes y la ciudad universitaria por excelencia
de toda Bélgica, gracias a un pasado ligado a personajes
tan ilustres como Erasmo de Rótterdam. Su espectacular
Ayuntamiento gótico, construido en apenas 15 años,
parece una labor de orfebres que imita un relicario lleno
de pequeñas torrecillas.
Equidistante, a 25 km. de Amberes, Lovaina y Bruselas está
Malinas (Malines/Mechelen); la capital religiosa del
país. La inacabada torre de la catedral de san Romualdo,
de casi 100 metros de altura, es famosa por sus carillones
hasta el punto de que la ciudad tiene una escuela de concertistas
de carillón. Entre su rico patrimonio destacan las
fachadas del casco antiguo, del siglo XVI, cuando Malinas
fue la capital de los Países Bajos borgoñones;
y los beaterios, declarados Patrimonio de la Humanidad por
la UNESCO, que fueron construidos entre los siglos XIII y
XVII por los arzobispos belgas como residencias de beatas.
Bélgica le ofrece mucho más que lo que aquí
se ha mencionado sucintamente. La celebración de estos
dos aniversarios puede ser el momento perfecto para venir
a conocer este país y descubrir el corazón de
Europa.
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Webgrafía:
www.toervl.be
www.leuven.be
www.mechelen.be
www.brugge.be
www.gent.be
www.visitantwerpen.be
www.visitflanders.com
www.belgica-turismo.com
www.brusselsdiscovery.com
www.brusselstourism.com
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Carlos
Pérez Vaquero
Fotografías: Natalia Ramos y Leandro Escudero
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