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San
Patricio
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Nuestro recorrido comienza en la margen izquierda del río
Liffey, en lo que antiguamente fue la parte obrera de la ciudad;
en la otra orilla, como veremos más adelante, las clases
acomodadas levantaron en el XVIII los famosos barrios de estilo
georgiano cerca de las catedrales y del Trinity College, sede
central de la Universidad. Si lo desea, puede visitar Dublín
utilizando el transporte público pero, sinceramente,
las distancias son tan cortas que se recorren andando con
facilidad. En pocos países encontrará una capital
tan asequible como ésta.
Muy cerca de Connolly Station -una de las estaciones de trenes-
y de la, digamos, desvencijada pero muy práctica estación
de autobuses (Busaras) se encuentra la calle Gardiner, un
excelente punto de partida para recorrer Dublín porque
está cerca de todo (tiendas del centro, los pub de
Temple Bar, estaciones y monumentos) y cuenta con una amplísima
oferta de "bed and breakfast" y "hostels",
albergues donde puede alojarse en una litera y desayunar por
apenas 20 euros.
Sin la carga de la maleta y con el plano que nos han dado
en la recepción salimos hacia O´Connell St.,
la principal arteria del lado norte de la ciudad. Es una calle
muy animada donde los turistas y los "Real Dub"
-así se llaman los habitantes de este lado del río:
los verdaderos dublineses- hacen sus compras en los grandes
almacenes, mercadillos y pequeños comercios, tipo "badulaque",
que abren hasta la madrugada; un horario muy cómodo
para comprar los regalos de última hora o encontrar
algo para picar -desde las anglosajonas "fish and chips"
(patatas con pescadito frito) hasta hamburguesas, pitas, kebabs,
ensaladas…- o beber una lata de sidra (cider), menos conocida
que la famosa cerveza negra pero con un sabor igual de fabuloso.
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Powers
Court
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En medio de la calle es inevitable encontrar una aguja de
acero (The spire) de 120 metros que ostenta el récord
de escultura más alta del mundo. Se levantó
en 2003 para sustituir a la columna del monumento a Nelson
que destruyó una bomba del IRA. Muy cerca de la aguja
verá otros dos símbolos de la capital: la escultura
de James Joyce -homenaje al autor del "Ulises";
la novela que recrea la vida de los dublineses durante un
16 de junio y que aquí se considera un mito de la literatura
en lengua inglesa; así que cuando le pregunten si la
ha leído, que lo harán, diga que sí y
evitará que lo miren con suspicacia- y la sede central
de Correos (General Post Office), un edificio de corte neoclásico
donde los independentistas que proclamaron la República
en 1916 terminaron enfrentándose a las tropas británicas
que ocupaban la isla. La lucha duró varios días
y acabó con el edificio en llamas, numerosas víctimas
y ejecuciones sumarias en uno de los acontecimientos más
dramáticos de la reciente historia de Irlanda. Aunque
la imagen de este país se asocia irremediablemente
con el terrorismo del IRA, en realidad tanto Irlanda como
la propia Dublín son lugares muy seguros y tranquilos;
máxime ahora que esta organización ha decidido
abandonar las armas. Como en todas partes, sólo hay
que guardar algunas medidas de seguridad, las que dicta el
sentido común.
Otro de los tópicos locales identifica la isla con
los sambenitos de rural, pobre y atrasada, algo que tampoco
se corresponde con la realidad; sobre todo desde hace una
década cuando se produjo el llamado "milagro irlandés"
y la economía de esta isla se situó entre las
más florecientes de la Unión Europea. Un buen
nivel de vida que notará enseguida, en cuanto pida
una pinta de Guinness en cualquier pub o intente cenar en
un restaurante. Verá cómo desaparecen los euros
con el emblema del arpa.
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Temple
Bar
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El final de la calle O´Connell desemboca en un curioso
puente que es más ancho que largo. Por aquí
se cruza el Liffey hacia uno de los barrios más animados
de Europa: Temple Bar. En realidad, se trata de una gran manzana
de calles rodeadas por el cauce del río, el puente
del medio penique (Ha´penny Bridge) y la espalda del
Banco de Irlanda donde el bullicio le hará recordar
cualquier pueblo costero del Mediterráneo. Son infinidad
de tabernas, bares, pub y garitos donde comer, beber y escuchar
la típica música irlandesa. En ese ambiente,
no se extrañe si la gente le hace un hueco en su mesa
o si le dejan en el respaldo donde se ha sentado un bolso
o una chaqueta mientras sus dueños se marchan a pedir
a la barra o a bailar; en general, los irlandeses son muy
abiertos y bastante confiados. En torno a medianoche, dependiendo
del día de la semana, el bar cerrará con la
gente puesta en pie entonando el himno nacional. A esas horas
y con varias Guinness en el cuerpo, la escena es tan emotiva
que, aunque no quieras, se te pondrá la carne de gallina.
Muy cerca de Temple Bar, frente a la fachada del Bank of
Ireland se encuentra la Universidad de Dublín, el llamado
Trinity College. Curiosamente, por mucho que aquí se
reniegue de todo lo que suene a inglés -sólo
hay que ver cómo se está tratando de "normalizar"
el uso del gaélico imponiéndolo a toda costa
como lengua cooficial- tanto la Universidad como los barrios
georgianos del XVIII se deben, precisamente, al periodo de
ocupación británico; en concreto, fue la reina
Isabel I quien fundó el Trinity College a finales del
XVI y, hasta bien entrado el XIX, no admitió nada más
que alumnos anglicanos.
Hoy en día, el recinto de la Universidad está
formado por numerosos edificios de corte neoclásico
entre los que destaca su famosa Biblioteca. Construida entre
1712 y 1732, tiene el privilegio de recibir un ejemplar de
cada uno de los libros que se publican en las Islas Británicas
así que no es extraño que, en tres siglos, necesite
ocho edificios para conservar casi 3.000.000 de volúmenes.
La sala principal, The Long Room, es una espléndida
galería cubierta por una bóveda de tambor donde,
como curiosidad, se conserva el arpa de roble y sauce con
cuerdas de bronce, del siglo XV, atribuido a un antiguo rey
irlandés y que aparece no sólo en el anverso
de los euros, sino también en la etiqueta de la Guinness,
en los aviones de Ryanair, etc. Todo un símbolo nacional.
Justo debajo de esta sala no deje de visitar la exposición
permanente "Trocando en clara luz la oscuridad"
donde se conserva el "Libro de Kells", una cuidada
obra del siglo IX que contiene los cuatro evangelios en latín
rodeados de dibujos, filigranas y signos célticos.
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Christ
Church
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Un proverbio local dice "Keep slow, this is Ireland"
(Ten calma, esto es Irlanda); a pesar del dicho, cuando se
sale por la puerta principal de la Universidad, el cruce de
College St. y Dame St. es de todo menos tranquilo porque allí
confluyen todos los estudiantes con los dublineses que van
al centro de compras. Desde aquí trazaremos un pequeño
círculo para visitar el castillo, las catedrales, el
barrio georgiano y las mejores zonas de tiendas.
De camino por Dame St. puede reponer fuerzas en cualquier
cafetería tomando el típico vaso de café
con leche para llevar y una muffin (adoro estas enormes magdalenas
de chocolate, frutas del bosque, vainilla…) antes de llegar
a la bocacalle que da acceso al Dublin Castle.
Poco queda del castillo original que levantó el rey
inglés Juan Sin Tierra en el siglo XIII pues la ocupación
británica acabó reconvirtiéndolo en su
"cuartel general" en la época en que Dublín
fue la segunda ciudad más importante del Imperio después
de Londres. Aun así, merece la pena visitarlo brevemente
porque fue aquí donde los vikingos fundaron la ciudad,
cerca de una charca negra; es decir, cerca de una "Dubh
Linn" de donde procede el nombre de la capital. Junto
al castillo hay unas caballerizas y un parque, donde se toman
las mejores fotos del edificio y donde se encuentra la biblioteca
Chester Beatty; una de las escasas visitas gratuitas de la
ciudad que le permitirá recorrer tesoros de las principales
religiones, desde iconos hasta fragmentos originales de las
cartas de san Pablo, pasando por molinos de oración
budistas o pasajes del Corán. El montaje de la exposición
es magnífico y la ambientación de cada sala
está muy lograda. Por cierto, de vuelta tendrá
que pasar de nuevo por la entrada del castillo y su tienda
de recuerdos, una de las más baratas de Dublín.
¿Cuáles son las compras más habituales?
De todo: Toallas de bar con el logotipo de la Guinness, duendes
de peluche, música y emblemas de la cultura celta,
semillas de trébol, etc.
De vuelta a la calle Dame y a su continuación, Lord
Edward, llegaremos a la primera de las catedrales de Dublín:
la Christ Chruch Catedral fue construida por los vikingos
en el siglo XII, reformada después por los normandos
y, finalmente, terminada en plena transición entre
el románico y el gótico. Un curioso puente en
honor de san Miguel une el ábside de este templo anglicano
con otro edificio donde se ha instalado la exposición
"Dublinia" que muestra la historia de esta ciudad
conquistada por vikingos, normandos y anglosajones. Muy cerca,
subiendo por New St. se llega a la competencia. La catedral
de san Patricio, rodeada de un bonito parque, es la sede del
obispo católico. En sus nueve siglos de historia destacan
la figura de Jonathan Swift -deán del templo y famoso
por obras como "Los viajes de Gulliver"- y el estreno
de "El Mesías". Dicen los cronistas que durante
el concierto de la inmortal obra de Haendel, el rey inglés
Jorge II se puso en pie, emocionado, cuando el coro interpretó
el "Aleluya" y que, por ese motivo, desde entonces
es habitual levantarse al llegar a este pasaje del Oratorio.
Por cierto, tanto una catedral como la otra son de pago, en
torno a 5 euros de media la entrada ordinaria.
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Aduana
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Junto al cementerio de san Patricio pasaremos por delante
de la Biblioteca del Arzobispo Marsh camino de St. Stephen´s
Green, un bonito parque urbano rodeado de casas estilo georgiano
similares a las que salen en tantas series clásicas
de la BBC, como "Arriba y abajo". Si se fija, a
ambos lados de la puerta principal verá un curioso
elemento que es un "quitabarros" de hierro donde
había que limpiarse los zapatos antes de entrar. El
servicio, como era costumbre, accedía por la puerta
situada en el sótano.
Desde aquí, empieza Grafton St., la vía que
une el parque con la Universidad. Es una calle muy animada
para comprar en alguno de sus centros comerciales -en especial,
el "Powerscourt Townhouse Shopping Centre"- y en
cualquiera de sus tiendas. Suele tener músicos, artistas
y mucha, mucha gente paseando. Al final del tramo peatonal,
casi en el lateral de los edificios universitarios, verá
la famosa escultura de Molly Malone. Un nombre que usted asociará
con alguna taberna irlandesa y que, en realidad, fue una pescadera.
La mala sombra de su historia forma parte del folklore tradicional
de este país.
En la fachada del Trinity College habremos completado nuestro
recorrido básico por Dublín. Por supuesto, también
puede visitar las destilerías de la Guinness o del
whisky Jameson, las casas de Merrion Square, el parque Phoenix,
la Custom House (sede neoclásica de la Aduana presidida
por una inmensa cúpula de cobre) o el Museo de los
Escritores (además de Joyce o Swift, en Dublín
vivieron Oscar Wilde, Bram Stoker, Samuel Beckett, etc.) pero
para terminar, no sería justo limitar nuestra visita
a la capital irlandesa sin proponer alguna excursión
por los alrededores.
Bus Eireann -algo así como la "Alsa" de por
aquí- es la compañía irlandesa de autocares
que organiza excursiones de un día desde la "decrépita",
dicho desde el cariño, estación de autobuses
de la capital. Teniendo en cuenta que en Irlanda se conduce
por la izquierda, la idea de alquilar un coche puede ser muy
mala si no tiene los nervios templados o si no sabe cómo
acceder por la derecha a una autovía; por eso, la opción
de la excursión con guía-conductor -sólo
en inglés, qué le vamos a hacer- resulta muy
práctica y cómoda.
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Castillo
de Dublín
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Históricamente, la isla se divide en cuatro grandes
provincias: Munster, Connacht, Ulster y Leinster. Desde Dublín,
capital de esta última, tiene muchas alternativas como
visitar Powerscourt (palacete con jardines en torno al lago
del tritón y un colorido jardín oriental), Glendalough
(monasterio fundado por san Kevin en el siglo VI con la típica
torre circular de vigía) y los paisajes de Wicklow
Gap donde Mel Gibson rodó "Braveheart"; conocer
Dun Laoghaire, donde viven famosos como U2, Sinéad
O´Connor o Bob Geldorf; ir al puerto de Malahide o,
finalmente, sentir muchas de las principales tradiciones celtas
en la colina de Tara y el Valle de los Reyes.
Una recomendación final: en cuestión de quince
minutos puede pasar del sol a la lluvia y viceversa, así
que prepárese para un tiempo inestable y, sobre todo,
no olvide que, según Oscar Wilde, "la vida es
demasiado importante como para tomársela en serio".
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Webgrafía:
www.hostels-ireland.com
www.visitdublin.com
www.turismodeirlanda.com
www.buseireann.ie
www.weather.ie
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Carlos
Pérez Vaquero
Fotografías: Leandro Escudero
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