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Catedral
de Jaca
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Situada a 820 m. sobre el nivel del mar, la ciudad ha desempeñado
siempre un importante papel estratégico por su situación
fronteriza en un cruce de caminos del valle de Canfranc, en
plena ruta jacobea y junto al río Aragón.
Capital de los iaccetanos, uno de los pueblos iberos asentados
en la península desde el neolítico, la historia
de Jaca es, desde entonces, un fiel reflejo de la historia
de todo el país: romanizada primero, después
la ocuparon los godos y, más tarde, los musulmanes,
hasta su reconquista en el siglo XI. A partir de aquel momento,
los reyes de Aragón Ramiro I, Sancho Ramírez
y Ramiro II le otorgaron numerosos privilegios y un fuero
especial que concedía garantías y protección
a todos los mercaderes que decidían asentarse en la
ciudad, atraídos por el comercio y por el paso de peregrinos
hacia Santiago. Jaca llegó a ser capital del joven
reino aragonés y sede episcopal (1063), pero en el
año 1096 las tropas cristianas liberaron Huesca y la
frontera, y la capitalidad, se trasladaron más al sur;
entonces, el obispo de Huesca, que había buscado refugio
en Jaca cuando la ciudad fue ocupada por los musulmanes, regresó
de nuevo a su capital dejando allí tan solo un vicario
general. Esta situación se mantendría durante
quinientos años hasta que el 18 de julio de 1571, el
papa Pío V, por mediación de Felipe II, erigió
de nuevo la sede episcopal de Jaca, nombrando obispo a Pedro
del Frago.
Hoy en día, la diócesis jaquesa ocupa una superficie
de algo más de 5.000 km² distribuidos entre el
noroeste de la provincia de Huesca y el norte de la de Zaragoza;
siendo la única diócesis aragonesa que no depende
de este arzobispado, sino del de Pamplona con el que mantiene
una indudable vinculación jacobea.
La catedral de san Pedro.-
Tradicionalmente, la catedral de Jaca ha sido considerada
como el primer templo románico que se edificó
en nuestro país. Según esta teoría, la
catedral fue consagrada en el año 1063, durante el
reinado de Ramiro I, con ocasión de un Concilio celebrado
en la capital jacetana.
Hoy en día, sin embargo, parece que está en
alza una nueva visión del origen de esta catedral.
De acuerdo con esta opinión, en el reinado de Sancho
I Ramírez (1063-1094) comenzó a construirse
la catedral de acuerdo con el estilo románico imperante
en la época y que ya se manifestaba en otros lugares
de la Península como Frómista, en la provincia
de Palencia, o la propia catedral de Santiago. El templo se
levantó a partir de la cabecera, con planta basilical
de tres naves, cerradas en tres ábsides y con crucero
cubriendo un transepto que no sobresalía de la planta.
La obra se alargó hasta el siglo XII, momento en el
que la catedral comenzó una etapa de notable deterioro
agravado por que la sede episcopal no estaba en Jaca sino
en Huesca y por los incendios que la afectaron seriamente
durante los siglos XIV y XV.
A partir del XVI, cuando Jaca recupera su catedralidad de
mano de Felipe II, el templo comienza a resurgir apoyado por
la nueva burguesía de la ciudad que levanta la torre
y la sacristía, abre nuevas capillas y cubre la bóveda,
todo ello siguiendo los nuevos gustos de la época,
a medio camino entre el último gótico y el renacimiento.
Por este motivo, la catedral nos ofrece en la actualidad una
gran variedad de estilos que van desde el más simbólico
de los románicos (el crismón de la portada occidental)
hasta el barroco de la capilla de santa Orosia, patrona de
la diócesis.
En lo que sí coinciden todos los historiadores es
en la importancia que ha tenido esta catedral en el desarrollo
del románico español. Buena muestra de su trascendencia
son algunos elementos, característicos de Jaca y que,
sin embargo, forman parte de la identidad románica.
Esto ocurre con el denominado "taqueado jaqués",
un adorno formado mediante la sucesión de pequeños
cubos o tacos dispuestos en línea; con los capiteles,
donde los maestros canteros cincelaron, por primera vez en
el románico, figuras humanas y de animales entremezcladas
con las habituales hojas y detalles florales; con el cimborrio,
muy original en su momento, al pasar de ser cuadrado a octogonal
por medio de pechinas; o con otros tantos detalles, como el
modo de situar los ábsides o de rematar el alero de
los tejados. Por todo ello, la catedral de san Pedro ocupa
un lugar destacado en la historia del románico español.
El templo.
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Catedral
de Jaca. Interior
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Los peregrinos que siguen el camino aragonés tienen
la ocasión de comprobar la evolución del arte
románico desde la primera hasta la última catedral
de la ruta jacobea. En comparación con el Pórtico
de la Gloria compostelano, la catedral de Jaca nos recuerda
a los primeros tiempos del arte cristiano con imágenes
muy sobrias dotadas de un gran simbolismo.
En el atrio occidental del templo, la llamada "Magna
Porta", el peregrino se encuentra un crismón (símbolo
compuesto por las dos primeras letras del vocablo griego "Christós",
el ungido) entre las letras alfa y omega que representan el
principio y el fin de la creación; todo ello, enmarcado
en el tímpano de la puerta entre dos leones, imagen
inequívoca de Jesucristo en su lucha contra el mal
(representado por un oso y un basilisco) mientras protege
al hombre del que sale una serpiente (símbolo del sufrimiento).
En la otra fachada, edificada posteriormente para crear un
nuevo acceso al templo por el sur, destacan los capiteles
labrados por el Maestro de Jaca; en especial, los dedicados
al sacrificio de Isaac, al profeta Balaam iluminado por un
ángel o al rey David rodeado de músicos, entre
otros cincelados con hombres, pájaros y motivos vegetales
que, se cree, proceden del claustro románico o del
primitivo ábside central, derribado en 1790. De los
otros dos ábsides, el más destacado es el meridional,
por ser el que mejor conserva su esplendor románico.
Dentro de la catedral, en la nave de la epístola destacan
la capilla de santa Ana, el retablo de la Anunciación
(del siglo XVI) y el Cristo de la Salud; y, a continuación
de la puerta meridional de acceso al templo, un lienzo con
el retablo de la Virgen de los Dolores y las capillas de san
Sebastián, gótica florida, y de san Miguel,
plateresca.
En la cabecera de la basílica se conservan los restos
de santa Orosia, patrona de la catedral y de la diócesis,
junto a las reliquias de otros santos: san Indalecio, san
Félix y san Voto; todos ellos, conservados en urnas
bajo la mesa del altar mayor. En cuanto a la decoración
de los ábsides, el presbiterio fue obra de fray Manuel
Bayeu, cuñado de Goya, que lo decoró a finales
del XVIII con frescos alusivos a la vida de san Pedro. En
los otros dos ábsides, destacan la rejería románica
y las imágenes de san Jerónimo y de la Virgen
del Pilar.
Por último, en la nave del evangelio, el peregrino
puede encontrar las capillas dedicadas al santo Cristo, a
san Agustín y a la Trinidad, con un hermosísimo
altar labrado en piedra, de estilo plateresco, inspirado claramente
en el Moisés de Miguel Ángel.
Antes de abandonar el templo, conviene pasear por el claustro
de la catedral, románico pero muy reformado en el XVII,
donde podremos visitar el Museo Diocesano, creado en 1963
y que, actualmente y tras una serie de diversas remodelaciones,
alberga una de las mejores colecciones de pintura mural de
la Edad Media rescatada de las parroquias de la diócesis,
como el fresco sobre la historia de la cristiandad, desde
el Paraíso hasta la resurrección, de Bagües;
la epifanía de Navasa o el ábside de la ermita
de san Juan Bautista de Ruesta.
Datos útiles.
Obispado
de Jaca. C/ del Obispo, 5. 22700 Jaca (Huesca).
Tel. 974 36 10 17. objaca@planalfa.es
Ayuntamiento de Jaca. C/ Mayor, 24. 22700 Jaca (Huesca).
Tel. 974 35 57 58. consultas@aytojaca.es
Webgrafía:
www.altoaragon.com/jaca/catedral/
www.jaca.com
www.aytojaca.es
www.romanicoaragones.com
www.arteguias.com/romanico_jaca.htm
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Epílogo.
No me gustaría terminar este capítulo sin mencionar
otra catedral, muy cercana a Jaca, que constituye una auténtica
curiosidad histórica.
Huesca es la provincia española que tiene más
catedrales, cinco, tal y como se indica en el listado de edificios
eclesiásticos incluido en el Plan Nacional de Catedrales.
Son los templos, ya mencionados, de Jaca y Huesca capital,
y la catedral de santa María de Barbastro, la concatedral
de santa María del Romeral de Monzón y la antigua
catedral de Roda de Isábena, pertenecientes las tres
a la diócesis de Barbastro-Monzón.
Esta última catedral, Roda, es un municipio ya cercano
a Cataluña que tiene apenas cincuenta habitantes y
que, sin embargo, conserva una espléndida catedral.
El origen de este templo se remonta a la época de la
reconquista, cuando el condado de Ribagorza, germen de la
futura Corona de Aragón, tuvo su propia sede episcopal
en Roda de Isábena desde mediados del siglo X. Consagrada
en el año 957, la catedral de san Vicente y san Valero,
fue destruida por los árabes en 1006 y reconstruida
durante el siglo XI en estilo románico lombardo, con
tres naves, tres ábsides y presbiterio elevado sobre
una cripta.
Como en el caso de Jaca, la reconquista también llevó
más al sur la frontera del Islam y, con ella, la catedralidad
de Roda que se trasladó definitivamente a Lérida
al ser liberada la ciudad catalana; a pesar de ello, con el
paso de los años y, aunque "oficialmente"
ya no mantiene la sede episcopal, Roda de Isábena ha
conservado su catedral, con el sepulcro de san Ramón,
sus pinturas murales y el claustro románico, del siglo
XII, que comunica el templo con la sala capitular y el refectorio,
entre otras dependencias. Toda una joya, injustamente desconocida.
Carlos
Pérez Vaquero
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