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VALLE DE NOTO: EL JARDÍN DE PIEDRA

En pleno verano y a más de 40º de temperatura, la primera impresión de Noto te hunde en la miseria: casas de cemento armado, un tráfico caótico, ropa tendida en los balcones, gente hablando en plena calle sin la menor prisa y carteles cubriéndolo todo; es decir, farolas, paredes, señales y, prácticamente, cualquier hueco disponible para anunciar el ballet que actúa en el Teatro Communale, recordarte que hubieras votado a "L´Olivo" en las pasadas elecciones o que Tiziano Ferro actuó en Ragusa. ¿Cómo puede ser que alguien recomiende un lugar así? ¿Merece la pena recorrer 115 Km. desde Siracusa para esto? Pero luego, cuando aparcas al final de la vía Napoli y te refrescas con un granizado de limón -la "granita di limone" es fundamental para aplacar los rigores del calor en Sicilia- piensas que si la UNESCO incluyó esta ciudad en su lista de bienes Patrimonio de la Humanidad será por algo y, ese algo, estaba muy cerca.
Noto

Más allá del parque, la Porta Reale da la bienvenida al verdadero Noto, el que no tiene nada que ver con los barrios modernos ni con las nuevas construcciones; entonces, por la puerta grande, entras en un escenario barroco único en toda Europa. Un lugar al que llaman "el jardín de piedra".

En el mes de enero de 1693, un devastador terremoto destruyó completamente la ciudad que habían fundado los sículos en el siglo IX a.C. La historia de Noto, como la de toda Sicilia, se escribió con la huella que dejaron sus conquistadores -griegos, romanos, árabes, normandos, suevos y aragoneses- pero el seísmo lo redujo todo "rasa al suolo", como dicen ellos. Del desastre surgió la oportunidad de construir una nueva ciudad en la pendiente de la colina; un lugar diseñado, según el gusto barroco de la época, con calles paralelas intercaladas entre plazas que se plantearon como grandes escenarios, con escalinatas, terrazas y desniveles; creando un espacio de armonía entre iglesias, palacios, conventos y casonas de piedra que, al contacto con el sol, adquieren una tonalidad dorada irrepetible.

La nueva Noto -obra de los arquitectos Rosario Gagliardi y Vincenzo Sinatra- se convirtió en la capital siciliana del Barroco por su exuberancia y la unidad de estilo. En palabras de la UNESCO, Noto y las otras siete ciudades de su valle -Caltagirone, Militello, Val di Catania, Catania, Módica, Palazzolo, Ragusa y Scicli- atesoran "(…) la excepcional calidad de la arquitectura barroca y representan la culminación de ese estilo en Europa". Un estilo artístico que se desarrolló desde finales del siglo XVI hasta bien entrado el XVIII y que alcanzó su mayoría de edad en Turín, Nápoles, Venecia y, sobre todo, en Roma, por influencia de los Papas, antes de llegar a Sicilia donde el barroquismo logró su máximo exponente en Noto.

Los arquitectos diseñaron la ciudad ordenada por estados sociales; una parte se dedicó al poder religioso, otra a los nobles y la última al pueblo llano, agrupado en los llamados quartieri popolari.

Modica

La calle principal, el corso Vittorio Emanuele III al que se llega nada más cruzar la Puerta Real, representa el epicentro del poder eclesiástico con la catedral de S. Nicolò y las iglesias de S. Franceso, S. Carlo Borromeo y S. Domenico y sus respectivos conventos. En paralelo y subiendo el desnivel de la colina, la vía Cavour y sus calles perpendiculares eran el hogar donde la nobleza se construyó palacios tan espectaculares como los de Nicolaci, Astuto e Impellizzeri. Más allá, los artesanos y los campesinos vivían en los barrios de Agliastrello, Mannarazza y Pianalto.

La exhuberancia del planteamiento barroco se plasmó sobre todo en las plazas, creadas como si fueran grandes escenarios para representar la vida diaria: la Plaza 16 de mayo gira entorno a la escultura de Hércules -de lo poco que se salvó del terremoto-, el Teatro Vittorio Emanuele III y el convento de S. Domenico; y la Plaza del Municipio con el Ayuntamiento -ubicado en el Palazzo Duzecio, en honor al rey que defendió Noto de los griegos en el siglo V a.C.- y la catedral, formando el llamado "area maioris ecclesiae".

La historia de esta Cattedrale es la suma de continuos desastres -naturales y humanos- que han causado su ruina en tres ocasiones (1760, 1848 y 1996). En los años 50, el techo de madera fue sustituido por un forjado de hormigón que medía 48 cm. de espesor; lógicamente, al aplicar tanto peso sobre los arcos que sostenían la bóveda (muy debilitada por otros seísmos y por la mala calidad de los materiales empleados en las dos reconstrucciones anteriores), el colapso fue inevitable y la cúpula se derrumbó el 13 de marzo de 1996 arrastrando parte de las capillas laterales y de la nave central.

Ragusa

Actualmente, los andamios y las grúas que, poco a poco, tratan de reconstruirla por cuarta vez, están cubiertos por un inmenso trampantojo que resta toda la perspectiva y escenografía con la que se creó la escalinata de acceso. Esperemos que en unos años recupere su pasado esplendor.

Pero si hay un elemento imprescindible en Noto son las ménsulas que decoran sus balcones; en especial, las del Palazzo Nicolaci donde las figuras grotescas nos miran desde su altura con forma de sirenas, caballos, leones, quimeras, hipogrifos, demonios o angelotes. Figuras de la mitología que sustentan los balcones donde los nobles se asomaban para contemplar la infiorata, la fiesta popular que cubre las calles con alfombras de flores cada tercer domingo de mayo.

El diseño de los balcones permitía que las mujeres de la nobleza se pudieran asomar cómodamente con sus amplios vestidos; para lograrlo, los arquitectos crearon las inferriate ricurve: barandillas cóncavas de hierro forjado sobre la calle que dejaban asomar los miriñaques de las damas de la alta sociedad. Una muestra ejemplar del barroquismo de Noto.

Lamentablemente, el patrimonio que se puede visitar es mínimo comparado con todos los bienes que guarda este hermoso jardín de piedra, en espera de un plan urgente de rehabilitación integral que no termina de llegar. Quizá, el problema de Noto es que forma parte del pobre sur de una región, Sicilia, que también es de lo más pobre de Italia. Esperemos que todos estos edificios barrocos sean reconstruidos con alguna utilidad que los mantenga vivos y los salvaguarde para el futuro. Hasta entonces, siempre puede terminar su visita a Noto disfrutando de un buen plato de ravioli di ricotta (raviolis con requesón), lasaña o tagliatelle acompañados de una copa de vino rosado o moscatel, alla sua salute.

Carlos Pérez Vaquero
Fotografías: Diego García Carrera y Leandro Escudero

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