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Platón y La República

Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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LA RAYA DE SALAMANCA

Dicen los historiadores que la frontera de España y Portugal es la más antigua de Europa porque apenas ha variado desde finales del siglo XIII, cuando se estableció el límite entre los dos países siguiendo el curso de los grandes ríos peninsulares.
Arribes del Duero

Los cerca de 100 kilómetros que transcurren entre la provincia de Salamanca y los distritos portugueses de Braganza y Guarda nos ofrecen rincones llenos de historia, paisajes espectaculares e, incluso, cierta dosis de aventura.

Las Arribes del Duero

Desde la comarca zamorana de Sayago, el río traza una brusca pendiente y forma un tajo que desciende de los 700 metros sobre el nivel del mar, en la presa de Almendra, hasta los 300 en La Fregeneda; es decir, 400 metros de desnivel por donde el cauce serpentea entre rocas escarpadas “(...) imponentes cuchillos –en palabras de Unamuno– bajo los cuales, allá, en lo hondo, vive y corre el Duero ”.

La diferencia de altura en el tramo donde confluyen los ríos Águeda y Tormes se aprovechó a mediados del siglo pasado para construir “Los saltos del Duero”, un complejo sistema hidroeléctrico del que forma parte la presa de Aldeadávila. El paraje que rodea esta central es impresionante; aunque, a decir verdad, cualquier risco que se asome a estos “esfayaderos” –nombre que le dan aquí a los barrancos– nos muestra panorámicas de vértigo como la del Picón de Felipe.

En otros lugares, el rumor del agua ensordece cuando el río cae en forma de cascada y las gotas golpean en las rocas levantando nubes de humedad; por eso, la cola de caballo del río Uces se llama “El pozo de los humos” y es uno de los rincones más hermosos de esta tierra, a medio camino entre Pereña y Masueco y muy cerca de la capital comarcal: Aldeadávila de la Ribera.

El pozo de los humos

Gracias a esta singular orografía, Las Arribes disfrutan de un microclima, más suave y sin los rigores de la meseta, que permite cultivar árboles frutales, olivos y viñas –el famoso “Durius”, de la cercana Fermoselle, es la mejor carta de presentación de unos vinos que, muy pronto, tendrán su propia denominación de origen– y contemplar una gran variedad de flora (enebros, jaras y almendros) y de fauna (alimoches, buitres leonados o jabalíes).

Del tren abandonado al castillo de los Alba

Una de las rutas más sugerentes para practicar senderismo en Castilla y León comienza en la antigua estación de trenes de La Fregeneda.

Cuesta creer que esta línea de ferrocarril –abandonada en 1985– fue un alarde de ingeniería pero, a finales del siglo XIX, debió de ser una proeza construir 7 puentes y perforar 16 túneles para unir La Fregeneda con la frontera portuguesa de Barca d´Alva. Hoy en día, el recorrido siguiendo aquellas traviesas se hace a pie, con buen calzado, una linterna y cien ojos; recuerde que algunos viaductos salvan alturas de 60 metros –sin barandillas, lógicamente– y que en el interior de los túneles, el hollín y las filtraciones de agua han convertido esas paredes en el hogar de algunos murciélagos. Dicho así, parece que el lugar sea muy peligroso –que lo es, realmente– pero quizá radique ahí su atractivo.

Para descansar de tanta adrenalina, muy cerca puede visitar el castro prerromano de Yecla la Vieja, en Yecla de Yeltes. La muralla que construyeron los vetones en el siglo V a.C. ha sido muy bien restaurada y guarda sorpresas en los muros: grabados rupestres de animales (caballos, ciervos…) cincelados en las piedras.

Después de recobrar fuerzas tomando un pincho en Lumbrales, podemos seguir nuestro camino hasta San Felices de los Gallegos. Esta villa conserva un gran patrimonio histórico y artístico en el que destaca su castillo y la imponente torre del homenaje; un torreón de 30 metros de altura que mandó construir el Duque de Alba en el siglo XIV, como parte de las defensas de la frontera. En el paseo por el adarve de las murallas encontrará dos torres albarranas con forma de pentágono y el escudo de los Reyes Católicos. Este sistema de construcción es poco habitual en nuestra tierra –sólo recuerdo el caso de Ayllón, en Segovia– y consistía en levantar torres exteriores, frente al lienzo de las murallas, a modo de contrafuerte y avanzadilla.

La defensa de la frontera

La entrada conjunta de España y Portugal en la Unión Europea puso fin a muchos siglos de rencillas entre dos vecinos que, históricamente, siempre han vivido de espaldas: ellos mirando a Inglaterra y nosotros con la vista perdida más allá de los Pirineos. El temor a ser atacados por La Raya –como se conoce, popularmente, a esta frontera– fue el motivo que justificó la construcción, a partir del siglo XVI, de una línea de fuertes que garantizaran la integridad del reino.

Fuerte de la Concepción

El 8 de diciembre de 1663 comenzó a levantarse el Real Fuerte de la Concepción sobre una colina a las afueras de Aldea del Obispo y, en menos de un año, se ordenó derribarlo porque se consideró un error táctico haberlo construido: los portugueses podían conquistarlo para atacar San Felices y Ciudad Rodrigo. En 1735 se cambia de nuevo de parecer y se reconstruye el antiguo fuerte del Duque de Osuna, una de las mayores joyas de la arquitectura militar española. Lo que podemos ver en la actualidad son los restos de aquel modélico castillo, las ruinas que sobrevivieron a la Guerra de la Independencia cuando el general inglés Crawford voló el fuerte en 1810 para que no cayese en manos francesas.

A pesar de los años, y del abandono que ha sufrido el fuerte, estos muros de piedra siguen asombrando al viajero. El baluarte está formado por tres elementos: el fortín de San José, las caballerizas y el propio Fuerte de la Concepción. Su forma de estrella de 16 puntas es todo un ejemplo de ingeniería militar con baluartes, revellines, cuerpos de guardia, fosos, puentes levadizos, casernas, troneras para cañones y casamatas. Aunque el fuerte es propiedad privada, es fácil visitarlo y nos brinda la oportunidad de andar por él como Pedro por su casa.

Enfrente, el Fuerte de Almeida, al otro lado de la frontera, ofrece el contrapunto a estas ruinas y es un perfecto ejemplo de cómo se puede integrar un baluarte defensivo en la vida cotidiana de una ciudad.

Más al sur, el antiguo paso de Fuentes de Oñoro es ahora un baño de nostalgia con recuerdos de otros tiempos: cuando no había grandes almacenes y se viajaba al mercadillo de Vilar Formoso para comprar toallas, albornoces, cuberterías y candelabros de bronce. Desde allí hasta Navasfrías, en el límite con la Sierra de Gata y Extremadura, la Raya de Salamanca todavía nos sorprende con la belleza del Valle del río Azaba y localidades tan pintorescas como Fuenteguinaldo y Alberguería de Argañán. Al fondo, la silueta del Pico Jalama pone fin a este recorrido y marca el camino a Cáceres.

 

Carlos Pérez Vaquero
Fotografías: Diego García Carrera

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