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ENCUENTRO DE CASAS-MUSEO Y FUNDACIONES DE ESCRITORES
OS CAMIÑOS CULTURAIS DAS CASAS-MUSEO
Madrid 20 de Diciembre de 200
Discurso de D.Gonzalo Rey Lama, Presidente de ACAMFE
 

"Después de lo oído en días anteriores esta intervención, en la que se repiten palabras y citas enteras, tiene un cierto carácter de resumen, cosa que puede resultar de interés.

 Las Casas-Museo (CM) tienen, a mi entender, tres grandes áreas de actividad o de dedicación, de las que ya se ha hablado en estas Xornadas:

1. Una, que podríamos llamar endógena, relacionada con el propio autor; es decir, con la conservación, estudio y promoción de la personalidad del autor, de su vida y obra, a través del patrimonio de la institución.
2. Otra, que podríamos llamar exógena, dedicada a la conversión de la institución en un centro de actividad cultural, derivada y apoyada en el área anterior, pero de más diverso alcance temático.
3. Una tercera que podríamos llamar simbólica, emanada, más que construida, de los significados identificadores del autor relacionados con una suerte de ontología social o cultural.

Es indudable que es el prestigio del autor lo que lleva público a la CM: ya sea al estudioso, ya sea al admirador, ya sea al turista más o menos despistado que se deja guiar por una agencia, lo cual encaja dentro de esa primera dedicación introspectiva; y es indudable que el carácter simbólico de la CM da lugar a una nueva especie de visitantes: los peregrinos que acuden a la casa con la fresca y dorada emoción con la que salían de Madrid los jóvenes poetas que iban al encuentro de don Antonio Machado, profesor de lenguas vivas en Segovia (Guía del profesor Montero Padilla). Pero la CM, con el aval (al rebufo) de la figura literaria y simbólica del autor, puede ganarse también un prestigio añadido haciendo el papel de animador cultural que no sólo sigue devotamente la huella dejada por el escritor en su momento sino que crea caminos paralelos para otras reflexiones sobre el momento en que vivimos, para el conocimiento.

La memoria del autor en el lugar en que vivió suele ser claramente detectada,
· como persona a la que muchos trataron directamente o a través de sus familias o de la que queda un recuerdo que se ha hecho ritual.
· Como miembro destacado en la comunidad por sus ideas, compartidas o no, y por sus maneras.
· Como celebridad de la que sus paisanos se sienten orgullosos y en cuya obra se reconocen, no en vano el escribir es dar sentido a las palabras de la tribu, como decía Max Aub.

Incluso en las grandes ciudades, el edificio o el barrio en que vivía, el lugar donde trabajaba, los sitios que frecuentaba, sus tertulias, sus gustos y aficiones bien conocidas... componen un ámbito peculiar reconocido por familiares, amigos y discípulos, una isla dentro de la ciudad. La Guía de la Casa-Museo de Antonio Machado, del profesor Montero Padilla, en la que se cuentan los años segovianos del poeta y que cité hace un momento, es un ejemplo precioso de lo que digo.

  La llamada desde lo que fue su Casa, independientemente, por tanto, de que la CM esté ubicada en un núcleo urbano más o menos importante, en un pequeño pueblo o en una aldea, es una llamada familiar, para el reencuentro con la tribu, y es también la llamada de ese maestro del que siempre puedes esperar alguna enseñanza nueva aunque ya no esté presente físicamente, con la lectura o relectura de su obra, con el recuerdo de los testimonios dejados de su humanidad.

  Un arquitecto de actualidad en Santiago, Peter Eisenman, autor del proyecto de nuestra Ciudad de la Cultura, un personaje hecho al estruendo de los medios de comunicación y de la polémica, ha dicho que se está produciendo un cambio de una cultura semiótica obsesionada por la representación – con su sobreabundancia de información – a una nueva sensibilidad, a una táctil, plástica y móvil cultura del afecto. Es como si Eisenman estuviera cansado de tanto ruido y buscase algo de sosiego. Quizá sea esta misma sensación la que hace que Juan Manuel Bonet, Director del Museo Reina Sofía, diga que le gustan mucho los museos pequeños, en los que el reducido número de obras funciona como algo íntimo, algo que alcanza su paroxismo en las CM.

  Este pequeño mundo doméstico del autor se constituye así en un caldo de cultivo natural, desde el que la visión que nos dejó en sus escritos de la realidad que le hizo pensar, soñar, enojarse, escribir, puede orientarnos para entender nuestra realidad, con las mismas vueltas y revueltas, recovecos e inmensidades, transparencias, veladuras y opacidades que la realidad que él conoció.

  Parece interesante ver algún ejemplo significativo de esta auténtica poética del reencuentro; comentaré el que mejor conozco. Durante el pasado curso, hemos tenido en la Casa-Museo de Rosalía, a lo largo de ocho meses, unos diálogos en los que escritores, poetas, críticos, historiadores, intérpretes, músicos, editores, ... hablaban de sus cosas, siempre en torno a la literatura gallega y, por extensión, a la cultura gallega. En total, pasaron allí treinta y tantas personas. Después del diálogo y de un breve coloquio con el público, tomábamos todos juntos un café (y unos pastelitos deliciosos que llamamos bocadiño de Rosalía), cosa nada banal porque hacía más directa y desinhibida la relación de los participantes con el público. Esa oportunidad informal de hablar con el escritor al que sigues, con el poeta al que admiras, con el intérprete que te acompaña tantas veces, con el crítico con el que discrepas ...era volver al ágora desaparecida. Ahora, aquellos Diálogos de Rosalía están en fase de edición y esperamos que el resultado sea una interesante panorámica de la creación y de la producción literaria en Galicia hoy día.

  Esta actividad nos dejó algunas conclusiones:
· Por un lado, confirmaba  el sentimiento de emoción (o de respeto casi religioso) de las personas invitadas por estar en la Casa de Rosalía, en casa de la precursora, de la maestra, de la referencia inevitable.
· Por otro lado, evidenciaba la eficacia de la característica íntima e informal de la actividad, en la línea afectiva de Eisenman. Hace unos meses, hablando de Murguía con un amigo mientras tomábamos un café mañanero, se nos ocurrió preguntarnos de qué hablarían Rosalía y Murguía en su casa de Padrón; de qué hablarían entre ellos y con sus hijos, ya mayorcitos entonces: de qué hablarían con los amigos a los que recibían en una habitación con estanterías en las cuatro paredes, llenas de libros, según un testimonio de la época. Suponíamos que de cuestiones domésticas y familiares; pero también de poesía y de poetas, de historia y de historiadores, de lo que cuesta publicar un libro, de los que hablan mal de uno y de los que hablan bien, de la música que se esconde detrás de cada verso, de justicia, de dignidad, de hacerse oír, de amar a Galicia.

De todo esto se habló en aquellos Diálogos en la Casa de Rosalía con la naturalidad de quien se siente a gusto en casa de unos amigos. Se había recuperado en aquel lugar que muchos consideran sagrado, el murmullo de las palabras, el borboteo de la conversación culta, el fluir de la inteligencia. Como miembro de la Fundación Rosalía de Castro no tengo reparo en considerar que, aparte del momento fundacional, de la reconstruir de la Casa y de la misma rosaliana durante el régimen franquista, nunca la Fudación había estado tan cerca de la plenitud en su trabajo como en esta ocasión.

  Pues bien, esto mismo puede suceder en otras CM, de escritores, de músicos, de pintores, etc., que, como la nuestra de Rosalía, debieron ser pequeños templos de cultura y hoy son, como dice el profesor Montero Padilla, museos para la emoción.

  En estos momentos, la ACAMFE, que reúne ya a 32 CM y F de escritores, puede exhibir con cierto orgullo primerizo, pues creo que somos la primera asociación española de este tipo, la actividad de las CM españolas como demostración de fertilidad de ese caldo de cultivo de que antes hablaba. Ya de por sí las actividades protagonizadas por los autores titulares de las CM son de gran importancia: la gestión de los ricos fondos bibliográficos y documentales, investigación, intercambios, Congresos Internacionales, publicaciones especializadas, etc. Pero además, estas CM convocan concursos literarios de todo tipo, mantienen talleres de creatividad literaria, organizan exposiciones, conciertos, encuentros de escritores, semanas culturales, cursos, ediciones, revistas, etc., sobre los temas más diversos.

  Esto significa que las CM de escritores, como las de otros artistas, configuran una red de animación cultural tendida sobre toda la geografía española, revestida de algunas de las características más sugestivas del asociacionismo cultural:
· la respuesta a una oferta cultural pública incompleta o insuficiente
· la aspiración de la libertad y de autonomía, no siempre conseguida, no siempre posible
· la iniciativa, la creatividad, la espontaneidad, el desinterés en muchas ocasiones 
· la proximidad la ciudadano
aunque haya también sombras como
· la manipulación política e ideológica
· los rigores económicos y la dependencia económica de unas subvenciones azarosas.
· el voluntarismo de la mayoría de sus dirigentes, la escasa estructura profesional.

En definitiva, las CM ofrecen una oportunidad, aunque sea imperfecta, de satisfacer en alguna medida los derechos constitucionales de la gente común de participación en la vida social y de acceso a la cultura.

  En este momento pendular de confusión en el que surgen las llamadas tendencias sociales negativas (Fukuyama) o las patologías relacionales o la presión mental y emocional que llevan a la sociedad a la aceleración, al escepticismo, a la soledad, al individualismo, no parece mal recurso un viaje introspectivo al seno materno, silencioso y protegido, de las CM, el lugar de la novela primordial, del relato primitivo y repetido, como dice Vicente Verdú.

· Quizá no sean mala cosa estas palabras primitivas, las palabras de la tribu ya citadas, con la solidez de sus largos años de vida y de depuración, para seleccionar la información que nos abruma y recuperar el significado profundo de las cosas, arrollado por la fascinación tecnológica y contaminado por el virus de los rendimientos económicos.
· Quizá sean un buen instrumento, estas palabras antiguas, para la aplicación al mundo de la cultura de ese concepto que se va haciendo omnipresente de la sostenibilidad, frente al vacío que nos dejan la magia efímera de las nuevas tecnologías, la fugacidad de las modas y el oportunismo partidario.
· Quizá nos marquen un buen camino, estas palabras tan expertas, para sobrevivir al lado de la agobiante uniformidad contrarrestando el empobrecimiento del debate con la reivindicación de las pequeñas identidades sin caer en la endogamia estirilizante de la contemplación del propio ombligo.

La vertebración cultural

  La visión panorámica que se deriva de la tarea asociativa pone en evidencia, como hemos visto, ese entramado cultural formado por un elemento común: los escritores; pero si nos detenemos un poco más, veremos como la trama está reforzada por el descubrimiento de numerosos puntos de convergencia temática entre esos escritores y de relación amistosa y profesional entre ellos: comentarios y críticas de unos a otros, actividades comunes, intereses extraliterarios, políticos o religiosos, por ejemplo, compartidos u opuestos, influencias, intercambios, epistolarios, etc.

  El Puerto de la Luz de Las Palmas de Gran Canaria, sobre el sonoro Atlántico, y el Puerto Chico de Santander, corazón del mar cántabro, fácilmente aúnan a Tomás Morales y a Gerardo Diego; del mismo modo que los emigrantes de Rosalía se ven reflejados en algunos versos de Morales. Unamuno y Azorín dedicaron muchas páginas, coincidentes, complementarias, contrapuestas, a pensar, a sentir, a andar, a visionar España. Lorca tendió vasos comunicantes culturales por toda España con La barraca y los gallegos recitamos frecuentemente sus seis poemas en nuestra lengua. Como rosaliano, me encuentro en terreno familiar cuando visito en sus casas a Unamuno, a Azorín, a Juan Ramón, a Machado, a Lorca, a Max Aub, a Diego, a Carmen Conde ...que descubrieron y amaron a nuestra poeta. De la mano de la Parda Bazán, que no amó precisamente a Rosalía, llegamos a Galdós y viceversa. Valle Inclán y Unamuno intercambian saludos, cada uno en la orilla del Bidasoa. Todos los representantes de las Casas-Museo pueden establecer un entramado semejante de relaciones, directas e indirectas, entre sus autores que nos permiten respirar poéticamente allí donde nos encontremos.

  Es decir, esta visión conjunta de las CM como institución de horizonte inicial monográfico y como centro de actividad posterior diversificada permite apreciar la capacidad de vertebración cultural que encierra, avalada por una experiencia y una eficacia evidentes en gran parte de ellas, que se convierte, dentro de la solidaridad asociativa, en guías de las más inexpertas.

  El conjunto de las CM, a través de su Asociación, están trabajando en estos momentos en fórmulas que hagan evidente este entramado y lo convierten en una oferta cultural investida de todas las características expuestas a lo largo de esta comunicación. Una de estas fórmulas es la de los itinerarios culturales que precisamos con el nombre de rutas literarias:

· Unas de carácter individual, en torno al particular de un autor determinado, como ya se hace en algunas Casas.
· Otras de carácter colectivo, en itinerarios de más amplio alcance geográfico (autonómicos, por ejemplo; o, con otro planteamiento, nacionales), que recorren ámbitos comunes a varios autores; una de cuyas experiencias nos han expuesto ayer las Casas canarias.

Hay una cierta tradición en este tipo de rutas. Unos más vivos que otros: las rutas cervantinas recorridas por los intelectuales del 98 y del 27, siguiendo la huella de D. Quijote; el Bloom´s Day, por el Dublín de Joyce, que se celebra cada año. En Galicia, la actual Ruta Rosaliana fue camino de exaltación galleguista tras la guerra civil, recordando el añorado Seminario de Estudios Galegos, que se fundó a los pies de la casa aldeana donde Rosalía de Castro pasó su infancia. Y estos días se acaba de crear en Valladolid la Ruta del Hereje, siguiendo la novela de Delibes.

En los años 60 y 70, en momentos de aparición en España del fenómeno turístico, la ruta cervantina se convirtió en leiv-motiv de una ruta turística menos culta con la que se pretendía promocionar una zona poco atractiva; lo cual suponía una evidente manipulación. Pero aquel incipiente turismo ha traído, con su brillante desarrollo posterior, bastantes desgracias al patrimonio cultural español, tanto por el deterioro ocasionado en sus monumentos y en sus paisajes como en su trivialización desafortunada, en la que más importante que el pórtico románico o la pintura de un genio renacentista es la tienda en que se venden los regalos de diseño y las postales que certifican que se ha estado allí. Pero en la actualidad, como se está viendo en el Congreso de Itinerarios Culturales, organizado en Santiago por el Ministerio de Educación y Cultura, estos itinerarios comienzan a ser utilizados como motores de desarrollo regional sin más que aprovecharse de ese turismo que antes era solamente un depredador del territorio. 

Pues bien, en las CM pensamos que las rutas literarias son unos de los itinerarios culturales más sugestivos que se pueden organizar en estos momentos. Recorrer el mundo que rodeó al autor, su núcleo existencial, como le llamó Miguel García Posada.

· Es conocer la Casa del autor: su tipología arquitectónica; los materiales etnológicos que contiene como vivienda; el patrimonio literario que forman su biblioteca, sus cartas, los documentos que guardaba, incluso sus objetos personales; y también participar de la actividad cultural que se desarrolla en esa CM.

Y he recordado ... El breve rincón de un pueblecillo;            ¡Blanca hospedería,
 Una casa tranquila inundada de sol;                   celda de viajero,
 Unas tapias musgosas de encarnado ladrillo  con la sombra mía!
 Y un jardín que tenía limoneros en flor.   Antonio Machado
  Tomás Morales.


   Estou tocando as mans dos meus pais. Uxío Novoneira.

· Es descubrir la cultura material y espiritual (el tipo de asentamiento, modos de vida, creencias) que rodea la Casa, donde se produjeron los primeros contactos del autor con la realidad y donde alimentó sus primeras concepciones abstractas. O donde el autor pasó etapas importantes de su vida. Es el mito de la ventana de Virginia Wolf, de Marguerite Durás, de Rosalía de Castro, de Juan Ramón Jiménez ...; la contradicción entre la necesidad de soledad y la necesidad del exterior.

Mi casa es una ciudad  
Con una puerta a la aurora, 
Otra más grande a la tarde
Y a la noche, inmensa, otra.
 Miguel Hernández.

En este pueblo tuve mi primer sueño de lejanía.
En este pueblo yo seré tierra y flores ... Sus
Calles, sus gentes, sus costumbres, sus poesías, su
Maldad serán como el andamio donde anidarán
Mis ideas de niño fundidas en el crisol de la
Pubertad.
  Federico García Lorca.

· Es comprender el paisaje circundante como espacio afectado por la mano del hombre al que afecta a su vez: ¿no son los montes, las olas y los cielos parte de mí y de mi alma, como yo de ellos?, escribía Byron. En esos paisajes el autor conoció los misterios y las evidencias de la naturaleza, el ritmo de los días y de las estaciones, las otras formas de vida, el lenguaje oculto de las cosas ...

Las dos señoras trataban de consolarla, y las
Palabras de la madre y las palabras de la hija se 
Corresponden con la semejanza monótona de las 
ondas del mar en calma sobre una playa de arena.
   Ramón del Valle-Inclán

Peña Cabarga, norma humanizada
De mi arte y mi alma en piedra viva,
Maestra de la noble perspectiva,
Siempre fiel de tus valles rodeada.
  Gerardo Diego.

Soy hombre extraordinariamente sensible al lugar en que vivo. La geografía, las tradiciones, las costumbres de la poblaciones por donde paso, me impresionan profundamente y dejan huella en mi espíritu.
Antonio Machado.
 

 Este itinerario, focalizado en la Casa del autor y acogido a sus espacios familiares exteriores, se ofrece al espectador con un aroma no perceptible de otro modo por emanar de la memoria del autor: Rosalía de Castro marabillao todo dende Iria a Santiago, escribía Victor Freixanes hace tan sólo veinte días.

 Dos nuevas citas, si me lo permiten, para resumir todo lo dicho:
· Una de Fernando Pessoa: Me siento a la puerta y embeleso mis ojos en los colores y en los sonidos del paisaje, y canto lento para mí solo cantos que compongo mientras espero. 
· Otra, cómo no, de Rosalía que en el lugar más hermoso y escondido de la tierra, tejía y destejía sin cesar su tela mientras esperaba la última ribera.

Convertir estos itinerarios en algo más que en una oferta turística es hacer de la Casa del autor y de su mundo un lugar para la emoción, el reencuentro y el conocimiento; un lugar donde perderse, porque el sólo hecho de girar a derecha o izquierda, como en la ciudad de Baudelaire, constituye ya un acto esencialmente poético.

Las rutas literarias de las Casas-Museo

  Mientras las Casas-Museo de Escritores preparan ese proyecto global del que hablaba anteriormente, podemos citar las rutas literarias que ya han sido creadas por algunas de nuestras Casas como una proyección hacia el exterior de la propia Casa-Museo:

- La Ruta Rosaliana, que recorre el espacio vital y poético de Rosalía de Castro; entre Santiago de Compostela y Padrón.

- La Ruta de García Lorca, que recorre la Casa-Natal de Fuente Vaqueros, la Huerta de San Vicente y la Casa familiar de Valderrubio, en Granada. Pueblos de los que dice Lorca:
Está rodeado de chopos que se ríen y cantan y son palacios de pájaros, y de saúcos y zarzales que en el verano dan frutos dulces y peligrosos de coger.
Al aproximarse hay gran olor de hinojos y apio silvestre, que viven en las acequias besando el agua. En verano el olor es de paja, que en las noches, con la luna, las estrellas y los rosales en flor, forman una esencia divina que hace pensar en el espíritu que las formó. En esas noches las mozas suspiran pensando en los ojos que serán luz de vida. En esas noches los hombres sienten más los bordones sangrientos de una guitarra.

- La Ruta Tras los pasos de Juan Ramón, que recorre el municipio de Moguer, donde nació y vivió Juan Ramón Jiménez.

- La Ruta Azorín con la Dipu y la CAM, que funciona intermitentemente con los centros de enseñanza de Alicante.

- La Ruta Segovia al paso, promovida por la Casa-Museo de Machado, y la propia Guía de la Casa-Museo de Antonio Machado, de la que ya he hablado, una ruta por la Segovia machadiana que es un magnífico ejemplo de la huella que un autor puede dejar en la ciudad en que vivió algún tiempo.

- La Ruta La Valencia de Vicente Blasco Ibáñez, expuesta en una exposición.

- Las rutas catalanas, como la de Joseph  Plá.

- La Ruta vital y literaria de D. Ramón María del Valle Inclán, presentada a finales de octubre en la Torre de Bermúdez de la Pobra do Caramiñal (A Coruña).

- La Ruta das igrexias e capelas. Itinerario valleinclaniano, de las Casas Natal de Valle Inclán, en Villanova de Arousa (Pontevedra).

Se oye a lo lejos una campana, una de esas campanas de aldea, familiares como la voz de las abuelas. Tañe con el toque del nublado.
Debemos hallarnos cerca de San Lorenzo de András, dice el caballero. Conozco la campana.

 De nuevo recurro a lo más próximo y más conocido, para decir algo más de la Ruta Rosaliana, que quizá ofrezca una peculiar compostura, una especie de redonda plenitud evocadora y simbólica, fácilmente comprensible en este lugar en que estamos. En un pequeño libro sobre la Casa de Rosalía se puede leer lo siguiente:

 En Padrón, donde está la Casa-Museo, atracó la barca que trajo el cuerpo del Apóstol Santiago desde Palestina; por las orillas del río Sar, atravesando el valle de la Amaía y sorteando las trampas de los señores de los castros; sus discípulos lo llevaron hasta la actual Compostela, entonces campamento romano. Así comenzó todo para Galicia: la cultura castreña, la romanización, el cristianismo, la leyenda jacobea, razón de ser de Compostela y del Camino que venía desde Europa bajo las estrellas. Galicia fue en aquellos siglos XI y XII, el más rico, el más culto, el más cosmopolita de los reinos cristianos; el último refugio frente al Islam, donde se educaba a los reyes y se fortalecían los reinos. En este fiisterre europeo, reflejando el esplendor de las cortes francesas y provenzales, se compone en ese tiempo el corpus lírico excepcional de los cancioneros galaico-portugueses.

 Esta corta lejanía del Museo de la ciudad histórica, esos 20 kilómetros, fueron también el camino iniciático, en el siglo XIX, para Rosalía de Castro ya que en él conoció los argumentos y los escenarios de sus obras, aprendió la lengua popular para escribirlos y descubrió aquel lirismo medieval atesorado en los años oscuros de Galicia por las mujeres: foron as mulleres as que gardaron as saudosas tradicións e conservaron acceso o lume sacro da poesía (Teófilo Braga); para luego, recogiendo el testigo, penetrar con todo esto en el corazón del pueblo. En este escenario fue donde aquella mujer se convirtió en Rosalía de Castro, poeta.
 Estamos hablando, por tanto, de un paisaje/territorio histórico, en donde se desarrolló y se asentó el mito fundacional de la identidad de Galicia (la leyenda jacobea), y que fue, once siglos más tarde, el espacio vital y nutriente poético de Rosalía de Castro, mito regenerador de aquella identidad, oscurecida durante 500 años. Es un paisaje/territorio en donde se deja sentir el poder tremendo y estremecedor de una ficción poética (Antón Baamonde).

 El recorrido de esta ruta literaria es la mejor aproximación a la poeta y, ya de su mano, un camino inigualable para comprender a Galicia.

Las rutas literarias colectivas

 Son, como ya he dicho, las que implican a varios autores unidos por una temática, por una relación personal. Este tipo de itinerarios está ahora en preparación por la ACAMFE; pero se ha realizado ya una experiencia que es la que nos explicaban ayer y que, organizada por Casas-Museo de Tomás Morales y Pérez Galdós, de Gran Canaria, contó con la colaboración de la Fundación Rafael Alberti, de la Fundación Giner de los Ríos, de Madrid, y de la Fundación Rosalía de Castro, de Padrón. No voy a añadir nada más que resaltar la validez de este modelo de colaboración entre las CM y como ruta literaria que trasciende del núcleo existencial de los autores.

Final

 Decía hace un momento que los intelectuales del 98 y del 27 buscaban los hilos invisibles o sutiles que componían la malla, permeable y selectiva, sobre la que descansaba nuestra cultura y que, en consecuencia, nos atrapaba. Les gustaba salir al camino.

 Cuando recorremos los caminos de Lorca, de Rosalía, de Valle, de Plá y reconocemos los paisajes leídos y nos reconocemos en los personajes de la ficción hacemos profesión de amor a la literatura y salimos al encuentro de nuestra cultura. Y mostramos todo eso a los que quieran oírnos. Y rescatamos los caminos de las banalidades del turismo de consumo. Y como en una de aquellas ciudades invisibles de Italo Calvino, de esta ruta no disfrutas de las siete o las setenta maravillas que contiene sino la respuesta que da a una pregunta tuya.

 Las Casas-Museo y las Fundaciones de Escritores de España tienen el privilegio de disponer de las mejores guías para esta tarea y están dispuestas a utilizarlas y a ponerlas al alcance de la sociedad, para que disfrute con ellas y para que se reconozca en ellas.

 Remato ya esta intervención en la que he querido abrir un horizonte amplio a las actividades de las CM, que partiendo de la personalidad intelectual y simbólica de sus autores particulares que la han conformado y que se encuentran en trance de quedar ocultos tras el trepidante desarrollo de la tecnología y la inmisericorde colonización de la economía.

 Viajemos, pues, hacia ellas con el convencimiento de que, como en otra de las ciudades invisibles de Italo Calvino, feliz quien tiene todos los días a la ciudad de fílides delante de los ojos y no termina nunca de ver las cosas que contiene.