| "Después
de lo oído en días anteriores esta intervención, en
la que se repiten palabras y citas enteras, tiene un cierto carácter
de resumen, cosa que puede resultar de interés.
Las Casas-Museo (CM) tienen, a mi
entender, tres grandes áreas de actividad o de dedicación,
de las que ya se ha hablado en estas Xornadas:
1. Una, que podríamos llamar endógena,
relacionada con el propio autor; es decir, con la conservación,
estudio y promoción de la personalidad del autor, de su vida y obra,
a través del patrimonio de la institución.
2. Otra, que podríamos llamar
exógena, dedicada a la conversión de la institución
en un centro de actividad cultural, derivada y apoyada en el área
anterior, pero de más diverso alcance temático.
3. Una tercera que podríamos llamar
simbólica, emanada, más que construida, de los significados
identificadores del autor relacionados con una suerte de ontología
social o cultural.
Es indudable que es el prestigio del autor
lo que lleva público a la CM: ya sea al estudioso, ya sea al admirador,
ya sea al turista más o menos despistado que se deja guiar por una
agencia, lo cual encaja dentro de esa primera dedicación introspectiva;
y es indudable que el carácter simbólico de la CM da lugar
a una nueva especie de visitantes: los peregrinos que acuden a la casa
con la fresca y dorada emoción con la que salían de Madrid
los jóvenes poetas que iban al encuentro de don Antonio Machado,
profesor de lenguas vivas en Segovia (Guía del profesor Montero
Padilla). Pero la CM, con el aval (al rebufo) de la figura literaria y
simbólica del autor, puede ganarse también un prestigio añadido
haciendo el papel de animador cultural que no sólo sigue devotamente
la huella dejada por el escritor en su momento sino que crea caminos paralelos
para otras reflexiones sobre el momento en que vivimos, para el conocimiento.
La memoria del autor en el lugar en que
vivió suele ser claramente detectada,
· como persona a la que muchos
trataron directamente o a través de sus familias o de la que queda
un recuerdo que se ha hecho ritual.
· Como miembro destacado en la
comunidad por sus ideas, compartidas o no, y por sus maneras.
· Como celebridad de la que sus
paisanos se sienten orgullosos y en cuya obra se reconocen, no en vano
el escribir es dar sentido a las palabras de la tribu, como decía
Max Aub.
Incluso en las grandes ciudades, el edificio
o el barrio en que vivía, el lugar donde trabajaba, los sitios que
frecuentaba, sus tertulias, sus gustos y aficiones bien conocidas... componen
un ámbito peculiar reconocido por familiares, amigos y discípulos,
una isla dentro de la ciudad. La Guía de la Casa-Museo de Antonio
Machado, del profesor Montero Padilla, en la que se cuentan los años
segovianos del poeta y que cité hace un momento, es un ejemplo precioso
de lo que digo.
La llamada desde lo que fue su
Casa, independientemente, por tanto, de que la CM esté ubicada en
un núcleo urbano más o menos importante, en un pequeño
pueblo o en una aldea, es una llamada familiar, para el reencuentro con
la tribu, y es también la llamada de ese maestro del que siempre
puedes esperar alguna enseñanza nueva aunque ya no esté presente
físicamente, con la lectura o relectura de su obra, con el recuerdo
de los testimonios dejados de su humanidad.
Un arquitecto de actualidad en
Santiago, Peter Eisenman, autor del proyecto de nuestra Ciudad de la Cultura,
un personaje hecho al estruendo de los medios de comunicación y
de la polémica, ha dicho que se está produciendo un cambio
de una cultura semiótica obsesionada por la representación
– con su sobreabundancia de información – a una nueva sensibilidad,
a una táctil, plástica y móvil cultura del afecto.
Es como si Eisenman estuviera cansado de tanto ruido y buscase algo de
sosiego. Quizá sea esta misma sensación la que hace que Juan
Manuel Bonet, Director del Museo Reina Sofía, diga que le gustan
mucho los museos pequeños, en los que el reducido número
de obras funciona como algo íntimo, algo que alcanza su paroxismo
en las CM.
Este pequeño mundo doméstico
del autor se constituye así en un caldo de cultivo natural, desde
el que la visión que nos dejó en sus escritos de la realidad
que le hizo pensar, soñar, enojarse, escribir, puede orientarnos
para entender nuestra realidad, con las mismas vueltas y revueltas, recovecos
e inmensidades, transparencias, veladuras y opacidades que la realidad
que él conoció.
Parece interesante ver algún
ejemplo significativo de esta auténtica poética del reencuentro;
comentaré el que mejor conozco. Durante el pasado curso, hemos tenido
en la Casa-Museo de Rosalía, a lo largo de ocho meses, unos diálogos
en los que escritores, poetas, críticos, historiadores, intérpretes,
músicos, editores, ... hablaban de sus cosas, siempre en torno a
la literatura gallega y, por extensión, a la cultura gallega. En
total, pasaron allí treinta y tantas personas. Después del
diálogo y de un breve coloquio con el público, tomábamos
todos juntos un café (y unos pastelitos deliciosos que llamamos
bocadiño de Rosalía), cosa nada banal porque hacía
más directa y desinhibida la relación de los participantes
con el público. Esa oportunidad informal de hablar con el escritor
al que sigues, con el poeta al que admiras, con el intérprete que
te acompaña tantas veces, con el crítico con el que discrepas
...era volver al ágora desaparecida. Ahora, aquellos Diálogos
de Rosalía están en fase de edición y esperamos que
el resultado sea una interesante panorámica de la creación
y de la producción literaria en Galicia hoy día.
Esta actividad nos dejó
algunas conclusiones:
· Por un lado, confirmaba
el sentimiento de emoción (o de respeto casi religioso) de las personas
invitadas por estar en la Casa de Rosalía, en casa de la precursora,
de la maestra, de la referencia inevitable.
· Por otro lado, evidenciaba la
eficacia de la característica íntima e informal de la actividad,
en la línea afectiva de Eisenman. Hace unos meses, hablando de Murguía
con un amigo mientras tomábamos un café mañanero,
se nos ocurrió preguntarnos de qué hablarían Rosalía
y Murguía en su casa de Padrón; de qué hablarían
entre ellos y con sus hijos, ya mayorcitos entonces: de qué hablarían
con los amigos a los que recibían en una habitación con estanterías
en las cuatro paredes, llenas de libros, según un testimonio de
la época. Suponíamos que de cuestiones domésticas
y familiares; pero también de poesía y de poetas, de historia
y de historiadores, de lo que cuesta publicar un libro, de los que hablan
mal de uno y de los que hablan bien, de la música que se esconde
detrás de cada verso, de justicia, de dignidad, de hacerse oír,
de amar a Galicia.
De todo esto se habló en aquellos
Diálogos en la Casa de Rosalía con la naturalidad de quien
se siente a gusto en casa de unos amigos. Se había recuperado en
aquel lugar que muchos consideran sagrado, el murmullo de las palabras,
el borboteo de la conversación culta, el fluir de la inteligencia.
Como miembro de la Fundación Rosalía de Castro no tengo reparo
en considerar que, aparte del momento fundacional, de la reconstruir de
la Casa y de la misma rosaliana durante el régimen franquista, nunca
la Fudación había estado tan cerca de la plenitud en su trabajo
como en esta ocasión.
Pues bien, esto mismo puede suceder
en otras CM, de escritores, de músicos, de pintores, etc., que,
como la nuestra de Rosalía, debieron ser pequeños templos
de cultura y hoy son, como dice el profesor Montero Padilla, museos para
la emoción.
En estos momentos, la ACAMFE, que
reúne ya a 32 CM y F de escritores, puede exhibir con cierto orgullo
primerizo, pues creo que somos la primera asociación española
de este tipo, la actividad de las CM españolas como demostración
de fertilidad de ese caldo de cultivo de que antes hablaba. Ya de por sí
las actividades protagonizadas por los autores titulares de las CM son
de gran importancia: la gestión de los ricos fondos bibliográficos
y documentales, investigación, intercambios, Congresos Internacionales,
publicaciones especializadas, etc. Pero además, estas CM convocan
concursos literarios de todo tipo, mantienen talleres de creatividad literaria,
organizan exposiciones, conciertos, encuentros de escritores, semanas culturales,
cursos, ediciones, revistas, etc., sobre los temas más diversos.
Esto significa que las CM de escritores,
como las de otros artistas, configuran una red de animación cultural
tendida sobre toda la geografía española, revestida de algunas
de las características más sugestivas del asociacionismo
cultural:
· la respuesta a una oferta cultural
pública incompleta o insuficiente
· la aspiración de la libertad
y de autonomía, no siempre conseguida, no siempre posible
· la iniciativa, la creatividad,
la espontaneidad, el desinterés en muchas ocasiones
· la proximidad la ciudadano
aunque haya también sombras como
· la manipulación política
e ideológica
· los rigores económicos
y la dependencia económica de unas subvenciones azarosas.
· el voluntarismo de la mayoría
de sus dirigentes, la escasa estructura profesional.
En definitiva, las CM ofrecen una oportunidad,
aunque sea imperfecta, de satisfacer en alguna medida los derechos constitucionales
de la gente común de participación en la vida social y de
acceso a la cultura.
En este momento pendular de confusión
en el que surgen las llamadas tendencias sociales negativas (Fukuyama)
o las patologías relacionales o la presión mental y emocional
que llevan a la sociedad a la aceleración, al escepticismo, a la
soledad, al individualismo, no parece mal recurso un viaje introspectivo
al seno materno, silencioso y protegido, de las CM, el lugar de la novela
primordial, del relato primitivo y repetido, como dice Vicente Verdú.
· Quizá no sean mala cosa
estas palabras primitivas, las palabras de la tribu ya citadas, con la
solidez de sus largos años de vida y de depuración, para
seleccionar la información que nos abruma y recuperar el significado
profundo de las cosas, arrollado por la fascinación tecnológica
y contaminado por el virus de los rendimientos económicos.
· Quizá sean un buen instrumento,
estas palabras antiguas, para la aplicación al mundo de la cultura
de ese concepto que se va haciendo omnipresente de la sostenibilidad, frente
al vacío que nos dejan la magia efímera de las nuevas tecnologías,
la fugacidad de las modas y el oportunismo partidario.
· Quizá nos marquen un
buen camino, estas palabras tan expertas, para sobrevivir al lado de la
agobiante uniformidad contrarrestando el empobrecimiento del debate con
la reivindicación de las pequeñas identidades sin caer en
la endogamia estirilizante de la contemplación del propio ombligo.
La vertebración cultural
La visión panorámica
que se deriva de la tarea asociativa pone en evidencia, como hemos visto,
ese entramado cultural formado por un elemento común: los escritores;
pero si nos detenemos un poco más, veremos como la trama está
reforzada por el descubrimiento de numerosos puntos de convergencia temática
entre esos escritores y de relación amistosa y profesional entre
ellos: comentarios y críticas de unos a otros, actividades comunes,
intereses extraliterarios, políticos o religiosos, por ejemplo,
compartidos u opuestos, influencias, intercambios, epistolarios, etc.
El Puerto de la Luz de Las Palmas
de Gran Canaria, sobre el sonoro Atlántico, y el Puerto Chico de
Santander, corazón del mar cántabro, fácilmente aúnan
a Tomás Morales y a Gerardo Diego; del mismo modo que los emigrantes
de Rosalía se ven reflejados en algunos versos de Morales. Unamuno
y Azorín dedicaron muchas páginas, coincidentes, complementarias,
contrapuestas, a pensar, a sentir, a andar, a visionar España. Lorca
tendió vasos comunicantes culturales por toda España con
La barraca y los gallegos recitamos frecuentemente sus seis poemas en nuestra
lengua. Como rosaliano, me encuentro en terreno familiar cuando visito
en sus casas a Unamuno, a Azorín, a Juan Ramón, a Machado,
a Lorca, a Max Aub, a Diego, a Carmen Conde ...que descubrieron y amaron
a nuestra poeta. De la mano de la Parda Bazán, que no amó
precisamente a Rosalía, llegamos a Galdós y viceversa. Valle
Inclán y Unamuno intercambian saludos, cada uno en la orilla del
Bidasoa. Todos los representantes de las Casas-Museo pueden establecer
un entramado semejante de relaciones, directas e indirectas, entre sus
autores que nos permiten respirar poéticamente allí donde
nos encontremos.
Es decir, esta visión conjunta
de las CM como institución de horizonte inicial monográfico
y como centro de actividad posterior diversificada permite apreciar la
capacidad de vertebración cultural que encierra, avalada por una
experiencia y una eficacia evidentes en gran parte de ellas, que se convierte,
dentro de la solidaridad asociativa, en guías de las más
inexpertas.
El conjunto de las CM, a través
de su Asociación, están trabajando en estos momentos en fórmulas
que hagan evidente este entramado y lo convierten en una oferta cultural
investida de todas las características expuestas a lo largo de esta
comunicación. Una de estas fórmulas es la de los itinerarios
culturales que precisamos con el nombre de rutas literarias:
· Unas de carácter individual,
en torno al particular de un autor determinado, como ya se hace en algunas
Casas.
· Otras de carácter colectivo,
en itinerarios de más amplio alcance geográfico (autonómicos,
por ejemplo; o, con otro planteamiento, nacionales), que recorren ámbitos
comunes a varios autores; una de cuyas experiencias nos han expuesto ayer
las Casas canarias.
Hay una cierta tradición en este
tipo de rutas. Unos más vivos que otros: las rutas cervantinas recorridas
por los intelectuales del 98 y del 27, siguiendo la huella de D. Quijote;
el Bloom´s Day, por el Dublín de Joyce, que se celebra cada
año. En Galicia, la actual Ruta Rosaliana fue camino de exaltación
galleguista tras la guerra civil, recordando el añorado Seminario
de Estudios Galegos, que se fundó a los pies de la casa aldeana
donde Rosalía de Castro pasó su infancia. Y estos días
se acaba de crear en Valladolid la Ruta del Hereje, siguiendo la novela
de Delibes.
En los años 60 y 70, en momentos
de aparición en España del fenómeno turístico,
la ruta cervantina se convirtió en leiv-motiv de una ruta turística
menos culta con la que se pretendía promocionar una zona poco atractiva;
lo cual suponía una evidente manipulación. Pero aquel incipiente
turismo ha traído, con su brillante desarrollo posterior, bastantes
desgracias al patrimonio cultural español, tanto por el deterioro
ocasionado en sus monumentos y en sus paisajes como en su trivialización
desafortunada, en la que más importante que el pórtico románico
o la pintura de un genio renacentista es la tienda en que se venden los
regalos de diseño y las postales que certifican que se ha estado
allí. Pero en la actualidad, como se está viendo en el Congreso
de Itinerarios Culturales, organizado en Santiago por el Ministerio de
Educación y Cultura, estos itinerarios comienzan a ser utilizados
como motores de desarrollo regional sin más que aprovecharse de
ese turismo que antes era solamente un depredador del territorio.
Pues bien, en las CM pensamos que las
rutas literarias son unos de los itinerarios culturales más sugestivos
que se pueden organizar en estos momentos. Recorrer el mundo que rodeó
al autor, su núcleo existencial, como le llamó Miguel García
Posada.
· Es conocer la Casa del autor:
su tipología arquitectónica; los materiales etnológicos
que contiene como vivienda; el patrimonio literario que forman su biblioteca,
sus cartas, los documentos que guardaba, incluso sus objetos personales;
y también participar de la actividad cultural que se desarrolla
en esa CM.
Y he recordado ... El breve rincón
de un pueblecillo;
¡Blanca hospedería,
Una casa tranquila inundada de
sol;
celda de viajero,
Unas tapias musgosas de encarnado
ladrillo con la sombra mía!
Y un jardín que tenía
limoneros en flor. Antonio Machado
Tomás Morales.
Estou tocando as mans dos
meus pais. Uxío Novoneira.
· Es descubrir la cultura material
y espiritual (el tipo de asentamiento, modos de vida, creencias) que rodea
la Casa, donde se produjeron los primeros contactos del autor con la realidad
y donde alimentó sus primeras concepciones abstractas. O donde el
autor pasó etapas importantes de su vida. Es el mito de la ventana
de Virginia Wolf, de Marguerite Durás, de Rosalía de Castro,
de Juan Ramón Jiménez ...; la contradicción entre
la necesidad de soledad y la necesidad del exterior.
Mi casa es una ciudad
Con una puerta a la aurora,
Otra más grande a la tarde
Y a la noche, inmensa, otra.
Miguel Hernández.
En este pueblo tuve mi primer sueño
de lejanía.
En este pueblo yo seré tierra
y flores ... Sus
Calles, sus gentes, sus costumbres, sus
poesías, su
Maldad serán como el andamio donde
anidarán
Mis ideas de niño fundidas en
el crisol de la
Pubertad.
Federico García Lorca.
· Es comprender el paisaje circundante
como espacio afectado por la mano del hombre al que afecta a su vez: ¿no
son los montes, las olas y los cielos parte de mí y de mi alma,
como yo de ellos?, escribía Byron. En esos paisajes el autor conoció
los misterios y las evidencias de la naturaleza, el ritmo de los días
y de las estaciones, las otras formas de vida, el lenguaje oculto de las
cosas ...
Las dos señoras trataban de consolarla,
y las
Palabras de la madre y las palabras de
la hija se
Corresponden con la semejanza monótona
de las
ondas del mar en calma sobre una playa
de arena.
Ramón del Valle-Inclán
Peña Cabarga, norma humanizada
De mi arte y mi alma en piedra viva,
Maestra de la noble perspectiva,
Siempre fiel de tus valles rodeada.
Gerardo Diego.
Soy hombre extraordinariamente sensible
al lugar en que vivo. La geografía, las tradiciones, las costumbres
de la poblaciones por donde paso, me impresionan profundamente y dejan
huella en mi espíritu.
Antonio Machado.
Este itinerario, focalizado en la
Casa del autor y acogido a sus espacios familiares exteriores, se ofrece
al espectador con un aroma no perceptible de otro modo por emanar de la
memoria del autor: Rosalía de Castro marabillao todo dende Iria
a Santiago, escribía Victor Freixanes hace tan sólo veinte
días.
Dos nuevas citas, si me lo permiten,
para resumir todo lo dicho:
· Una de Fernando Pessoa: Me siento
a la puerta y embeleso mis ojos en los colores y en los sonidos del paisaje,
y canto lento para mí solo cantos que compongo mientras espero.
· Otra, cómo no, de Rosalía
que en el lugar más hermoso y escondido de la tierra, tejía
y destejía sin cesar su tela mientras esperaba la última
ribera.
Convertir estos itinerarios en algo más
que en una oferta turística es hacer de la Casa del autor y de su
mundo un lugar para la emoción, el reencuentro y el conocimiento;
un lugar donde perderse, porque el sólo hecho de girar a derecha
o izquierda, como en la ciudad de Baudelaire, constituye ya un acto esencialmente
poético.
Las rutas literarias de las Casas-Museo
Mientras las Casas-Museo de Escritores
preparan ese proyecto global del que hablaba anteriormente, podemos citar
las rutas literarias que ya han sido creadas por algunas de nuestras Casas
como una proyección hacia el exterior de la propia Casa-Museo:
- La Ruta Rosaliana, que recorre el espacio
vital y poético de Rosalía de Castro; entre Santiago de Compostela
y Padrón.
- La Ruta de García Lorca, que
recorre la Casa-Natal de Fuente Vaqueros, la Huerta de San Vicente y la
Casa familiar de Valderrubio, en Granada. Pueblos de los que dice Lorca:
Está rodeado de chopos que se
ríen y cantan y son palacios de pájaros, y de saúcos
y zarzales que en el verano dan frutos dulces y peligrosos de coger.
Al aproximarse hay gran olor de hinojos
y apio silvestre, que viven en las acequias besando el agua. En verano
el olor es de paja, que en las noches, con la luna, las estrellas y los
rosales en flor, forman una esencia divina que hace pensar en el espíritu
que las formó. En esas noches las mozas suspiran pensando en los
ojos que serán luz de vida. En esas noches los hombres sienten más
los bordones sangrientos de una guitarra.
- La Ruta Tras los pasos de Juan Ramón,
que recorre el municipio de Moguer, donde nació y vivió Juan
Ramón Jiménez.
- La Ruta Azorín con la Dipu y
la CAM, que funciona intermitentemente con los centros de enseñanza
de Alicante.
- La Ruta Segovia al paso, promovida por
la Casa-Museo de Machado, y la propia Guía de la Casa-Museo de Antonio
Machado, de la que ya he hablado, una ruta por la Segovia machadiana que
es un magnífico ejemplo de la huella que un autor puede dejar en
la ciudad en que vivió algún tiempo.
- La Ruta La Valencia de Vicente Blasco
Ibáñez, expuesta en una exposición.
- Las rutas catalanas, como la de Joseph
Plá.
- La Ruta vital y literaria de D. Ramón
María del Valle Inclán, presentada a finales de octubre en
la Torre de Bermúdez de la Pobra do Caramiñal (A Coruña).
- La Ruta das igrexias e capelas. Itinerario
valleinclaniano, de las Casas Natal de Valle Inclán, en Villanova
de Arousa (Pontevedra).
Se oye a lo lejos una campana, una de
esas campanas de aldea, familiares como la voz de las abuelas. Tañe
con el toque del nublado.
Debemos hallarnos cerca de San Lorenzo
de András, dice el caballero. Conozco la campana.
De nuevo recurro a lo más
próximo y más conocido, para decir algo más de la
Ruta Rosaliana, que quizá ofrezca una peculiar compostura, una especie
de redonda plenitud evocadora y simbólica, fácilmente comprensible
en este lugar en que estamos. En un pequeño libro sobre la Casa
de Rosalía se puede leer lo siguiente:
En Padrón, donde está
la Casa-Museo, atracó la barca que trajo el cuerpo del Apóstol
Santiago desde Palestina; por las orillas del río Sar, atravesando
el valle de la Amaía y sorteando las trampas de los señores
de los castros; sus discípulos lo llevaron hasta la actual Compostela,
entonces campamento romano. Así comenzó todo para Galicia:
la cultura castreña, la romanización, el cristianismo, la
leyenda jacobea, razón de ser de Compostela y del Camino que venía
desde Europa bajo las estrellas. Galicia fue en aquellos siglos XI y XII,
el más rico, el más culto, el más cosmopolita de los
reinos cristianos; el último refugio frente al Islam, donde se educaba
a los reyes y se fortalecían los reinos. En este fiisterre europeo,
reflejando el esplendor de las cortes francesas y provenzales, se compone
en ese tiempo el corpus lírico excepcional de los cancioneros galaico-portugueses.
Esta corta lejanía del Museo
de la ciudad histórica, esos 20 kilómetros, fueron también
el camino iniciático, en el siglo XIX, para Rosalía de Castro
ya que en él conoció los argumentos y los escenarios de sus
obras, aprendió la lengua popular para escribirlos y descubrió
aquel lirismo medieval atesorado en los años oscuros de Galicia
por las mujeres: foron as mulleres as que gardaron as saudosas tradicións
e conservaron acceso o lume sacro da poesía (Teófilo Braga);
para luego, recogiendo el testigo, penetrar con todo esto en el corazón
del pueblo. En este escenario fue donde aquella mujer se convirtió
en Rosalía de Castro, poeta.
Estamos hablando, por tanto, de
un paisaje/territorio histórico, en donde se desarrolló y
se asentó el mito fundacional de la identidad de Galicia (la leyenda
jacobea), y que fue, once siglos más tarde, el espacio vital y nutriente
poético de Rosalía de Castro, mito regenerador de aquella
identidad, oscurecida durante 500 años. Es un paisaje/territorio
en donde se deja sentir el poder tremendo y estremecedor de una ficción
poética (Antón Baamonde).
El recorrido de esta ruta literaria
es la mejor aproximación a la poeta y, ya de su mano, un camino
inigualable para comprender a Galicia.
Las rutas literarias colectivas
Son, como ya he dicho, las que implican
a varios autores unidos por una temática, por una relación
personal. Este tipo de itinerarios está ahora en preparación
por la ACAMFE; pero se ha realizado ya una experiencia que es la que nos
explicaban ayer y que, organizada por Casas-Museo de Tomás Morales
y Pérez Galdós, de Gran Canaria, contó con la colaboración
de la Fundación Rafael Alberti, de la Fundación Giner de
los Ríos, de Madrid, y de la Fundación Rosalía de
Castro, de Padrón. No voy a añadir nada más que resaltar
la validez de este modelo de colaboración entre las CM y como ruta
literaria que trasciende del núcleo existencial de los autores.
Final
Decía hace un momento que
los intelectuales del 98 y del 27 buscaban los hilos invisibles o sutiles
que componían la malla, permeable y selectiva, sobre la que descansaba
nuestra cultura y que, en consecuencia, nos atrapaba. Les gustaba salir
al camino.
Cuando recorremos los caminos de
Lorca, de Rosalía, de Valle, de Plá y reconocemos los paisajes
leídos y nos reconocemos en los personajes de la ficción
hacemos profesión de amor a la literatura y salimos al encuentro
de nuestra cultura. Y mostramos todo eso a los que quieran oírnos.
Y rescatamos los caminos de las banalidades del turismo de consumo. Y como
en una de aquellas ciudades invisibles de Italo Calvino, de esta ruta no
disfrutas de las siete o las setenta maravillas que contiene sino la respuesta
que da a una pregunta tuya.
Las Casas-Museo y las Fundaciones
de Escritores de España tienen el privilegio de disponer de las
mejores guías para esta tarea y están dispuestas a utilizarlas
y a ponerlas al alcance de la sociedad, para que disfrute con ellas y para
que se reconozca en ellas.
Remato ya esta intervención
en la que he querido abrir un horizonte amplio a las actividades de las
CM, que partiendo de la personalidad intelectual y simbólica de
sus autores particulares que la han conformado y que se encuentran en trance
de quedar ocultos tras el trepidante desarrollo de la tecnología
y la inmisericorde colonización de la economía.
Viajemos, pues, hacia ellas con
el convencimiento de que, como en otra de las ciudades invisibles de Italo
Calvino, feliz quien tiene todos los días a la ciudad de fílides
delante de los ojos y no termina nunca de ver las cosas que contiene.
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