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Vista
de la muralla
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Se eleva la capital a más de 1.100 m. sobre el nivel
del mar, en el límite sur de la meseta castellana.
Los primeros pobladores que ocuparon estos altozanos pertenecían
a la cultura vettona. Pero son los romanos quienes consolidan
la estructura urbana de la ciudad, testigo de posteriores
refriegas bélicas por el territorio entre musulmanes
y cristianos. En el siglo XI Alfonso VI organiza la repoblación
de Ávila y la reconstrucción de las maltrechas
murallas. La Edad Media trae el esplendor, se inicia la edificación
de las más bellas iglesias románicas y la Catedral.
Más taarde se construyeron los palacios y el Monasterio
de santo Tomás. Surge entonces la figura de santa Teresa
de Jesús, a la que tanto debe esta ciudad.
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Puerta
del convento
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El viajero moderno ha de adentrarse en Ávila y recorrer
con calma sus calles, plazas y rincones.
Resulta especialmente placentero caminar por el Paseo del
rastro, esplendido mirador del Valle Amblés. El cielo
azul de Ávila ilumina los distintos matices del paisaje.
un espectáculo que se acrecienta con la agraddable
presencia estival de las cigüeñas y el bullicioso
vuelo de los vencejos. Otra perspectiva de interés
es la que ofrece el impresionante lienzo norte de la muralla,
o la panorámica desde los Cuatro Postes, especialmente
con la iluminación nocturna de la misma.
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Puerta
de la catedral
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Varias puertas dan acceso al recinto amurallado algunas de
ellas majestuosas, como la del Alcázar, en el Mercado
Grande, conocida así popularmente esta plaza por los
abulenses, que tienen en ella su habitual punto de encuentro.
Otra puerta digna de mención es la situada junto a
la Basílica de San Vicente, obra por excelencia del
románico abulense, estilo en el que se conservan otras
interesantes iglesias, como la de San Pedro, San Andrés,
San Esteban, San Segundo, San Nicolás, San Martín
o Santo Tomé. La Catedral está considerada como
la primera gótica de España, con su imponente
cimorro defensivo en la cabecera. Su interior es solemne y
sobrecogedor, y en él destaca su retablo mayor, el
clasutro y la girola, así como la característica
piedra arenisca de sus muros. No menos hermoso es el entorno
de la plaza que la rodea.
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Puerta
de entrada a la ciudad
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La figura universal de Santa Teresa de Jesús, tan
ligada a la de san Juan de la Cruz, deja en Ávila un
legado imborrable. Su imagen se venera con devoción
en la Iglesia erigida sobre el solar donde ella nació
en 1515. Fue en el Convento de la Encarnación donde
tomó el hábito y emprendió su reforma
carmelitana, con la fundación de numerosos conventos,
como el de San josé. Tampoco, y a pesar de que está
algo más a partado,, debe dejar de ir el visitante
al Monasterio de Santo Tomás, joya del gótico
abulense.
Después de admirar el patrimonio monumental, nada
mejor que cumplir con el rito del tapeo, para probar los exquisitos
pinchos que se sirven en los bares. Y de paso realizar alguna
que otra compra, cerámica, trabajos de cantería
o las típicas yemas de santa Teresa. Un buen preludio
sin duda para el elmuerzo, donde los comensales podrán
degustar los sabrosos platos de la tierra, como las afamadas
judias del Barco o el cocido morañego, acompañado
claro está de la excelente carne.
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