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Vista
general de Cáceres
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Se halla esta ciudad sobre el ecuador de Extremadura, cerca
de Portugal. Diversos hallazgos arqueológicos revelan
la presencia de lejanos antepasados en estos contornos. En
época romana es un destacado centro urbano, al píe
mismo de la Vía de la Plata. Los árabes se instalan
en ella siglos después y construyen unas nuevas murallas,
un Alcázar y una Mezquita. Tras la reconquista de la
villa por los cristianos, se deifican la mayor parte de sus
iglesias, palacios y casas señoriales que hoy pueden
verse. El Renacimiento y el Barroco traerán consigo
la reforma de algunos de sus emblemáticos monumentos.
Cuna de conquistadores, de aquí partieron algunos de
sus ilustres hijos rumbo a las Américas.
Las calles y plazas medievales de la ciudad son un verdadero
ejemplo de conservación y armonía arquitectónica.
No hay quizá en España, en tan reducido espacio,
semejante concentración de históricos monumentos,
que se agolpan en cada rincón, en cada esquina.
Cáceres, la de los mil y un escudos. Son tantos, que
prácticamente ningún noble muro aparece sin
esos hermosos blasones, que evocan heroicas gestas y leyendas.
Pero es también la ciudad de las esbeltas torres, que
se elvan por encima de las casas, como los árboles
que buscan la luz sobre el dosel del bosque. Torres llamadas
de Bucajo, Hierba, Púlpitos, Horno, Aver, Cigüeñas,
Redonda, Sande Nordeste ,Espaderos o la de Sande.
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Casa
señorial
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Las casas señoriales son incontables, algunas de gran
belleza por sus esplendorosas fachadas, con grandes escudos
y delicados ventanales góticos. Entre ellas la de los
Marqueses de Monroy, Ovando- Mogollón, sancho Sánchez
de Ulloa, Sánchez Paredes, Mudéjar, Aldana,
Becerra, Golfines de Abajo, Ovando, Carvajal, o la Mansión
de los Sande.
A la hora de comer, un vino de la tierra, las tencas fritas,
la caldereta y el asado de cordero. De caza, el conejo al
pimentón, la perdiz a la moda de Alcántara y
la carne de venado con salsa. Y en verano, el sabroso gazpacho
cacereño. Para culminar el placer culinario, una torta
del Casar, o los dulces primorosos elaborados por las monjas.
Reposado el almuerzo la visita continua. La Plaza Mayor es
una bellas antesala para adentrarse otra vez en el recinto
amurallado, por el Arco de la Estrella. Apenas un poco más
allá está la hermosa Plaza de Santa María,
donde se alza la iglesia con catedral del mismo nombre, con
sus interesantes retablo y sepulcros. Al lado está
el Palacio Episcopal, fachada gótica y renacentista
y el Palacio de Mayoralgo con su fachada.
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Escudo
con blasón
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Otras iglesias merecen la atención, como la de San
Francisco Javier, San Mateo, Santiago o San Juan, con valiosos
detalles en su interior. Sobre los campanarios y pináculos,
la imagen omnipresente de las cigüeñas. Extramuros,
y sobre una colina, se halla el Santuario de la Virgen de
la Montaña, desde donde se contempla una espectacular
panorámica de Cáceres y los amplios horizontes
que la circundan
La compra de algunos objetos de artesanía sería
el complemento perfecto a este recorrido cultural. Cerámica,
alfarería, curtidos en piel, cestería y sobre
todo labores de filigrana en gargantillas y pendientes, son
los productos más recomendables para adquirir como
recuerdo.
Y luego un encuentro con los palacios, el de la Generala, Golfines
de Arriba, Godoy, Toledo- Moctezuma, Duques de Abrantes, Comendador
Alcuéscar, actual Parador de Turismo y el de la Isla.
Conventos como el de San Pablo, Compañía de Jesús,
santa Clara, Santo Domingo y el Hospital de los Caballeros.
En todo caso, lo mejor es quedarse un día más
en esta encantadora ciudad y disfrutar de su agradable noche.
Bajo la galardonada iluminación nocturna de Cáceres,
las viejas y empedradas calles realzan aún más
la magia de este escenario prodigioso, donde apenas se oye
el eco de los propios pasos y las piedras susurran fantasías.
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