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OXFORD: PALABRA DE AUTOR

El paseo en barca sucedió el 4 de julio de 1862. Hacía tanto calor junto al río que el profesor Dodgson, su amigo el reverendo Duckworth y las tres hijas del decano -Lorina, Alice y Edith- bajaron a descasar a la sombra de un árbol junto al Támesis. Alice, que sólo tenía diez años, se acercó al profesor de matemáticas y le pidió que le contara un cuento. "Por decir algo", como reconocería el propio Dodgson años más tarde, empezó a contar las aventuras de Alicia y los extraños personajes que conoció en el País de las Maravillas, como el gato de Cheshire o la Reina de Corazones que solucionaba cualquier problema gritando: "¡Que le corten la cabeza!".


Radcliffe Camera

Así fue como Charles Dodgson -más conocido por su nombre artístico: Lewis Carroll- creó una de las narraciones más famosas de la literatura infantil para entretener a las hijas del decano Liddell una tarde de verano.

"Alicia en el País de las Maravillas" (publicada en 1865) y su continuación, "A través del espejo" (1871) son una buena muestra de las obras que se han escrito en Óxford; un lugar privilegiado para la literatura, tanto por la calidad de sus librerías y bibliotecas -sólo en la Bodleian Library se conservan cerca de 7.000.000 de libros- como por los autores que se han formado en esta prestigiosa Universidad durante casi 900 años, desde Geoffrey Chaucer -el poeta que estableció en el siglo XIV las bases de la gramática inglesa- hasta Oscar Wilde (autor de "El retrato de Dorian Gray"), Aldous Huxley ("Un mundo feliz"), Jonathan Swift ("Los viajes de Gulliver"), Evelyn Waugh ("Retorno a Brideshead") o JRR Tolkien ("El Señor de los Anillos") que leía cada martes un capítulo de su trilogía en una conocida taberna de la calle St. Giles, como luego veremos.

En el tintero se quedan otros escritores con nombre propio -de la talla de Graham Greene, John Le Carré o William Holding- y personalidades que han abarcado con éxito ámbitos sociales tan diversos como Albert Einstein, Thomas Hobbes, Lawrence de Arabia, Adam Smith, Richard Burton, Winston Churchill, Margaret Thatcher, Tony Blair…- e incluso personajes de ficción como Harry Potter, el aprendiz de mago más leído del mundo; el Inspector Morse o Mr. Bean.
Todos ellos conforman el gran legado histórico, artístico y literario de esta "ciudad con chapiteles de ensueño", como la describió el poeta Matthew Arnold.

El lugar del saber

Óxford está situada al noroeste de Londres, a poco menos de una hora en coche desde la capital -si se atreve a conducir sentado a la derecha del copiloto, meter las marchas con la izquierda y entrar en sentido contrario en las rotondas- y a hora y media en autocar -si ha decidido que los riesgos son cosa de 007 y que lo importante es llegar y volver para contarlo-; en este caso, los autocares salen de la estación londinense de Liverpool y tienen una frecuencia muy cómoda para regresar de la excursión sin agobios.

Colegio Merton

La comarca del Oxfordshire forma parte del llamado Corazón de Inglaterra, la región donde se inició la revolución industrial que convirtió a Gran Bretaña en el país más desarrollado del siglo XIX y en la primera potencia mundial de aquel entonces. El paisaje que ha sobrevivido a ese feroz desarrollismo es, exactamente, el que hemos visto en "Sentido y sensibilidad", "Lo que queda del día" y tantas otras películas inglesas de época: prados muy verdes, difuminados por la neblina, donde el ganado pasta al lado de un arroyo y las granjas de piedra se levantan sobre una colina junto a un árbol. Más allá de esa imagen bucólica, la comarca que rodea Óxford ofrece visitas tan interesantes como el Palacio de Blenheim donde nació Churchill, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; el bosque de Sherwood, famoso por las andanzas de Robin Hood, o el pueblo natal de Shakespeare, Stratford-upon-Avon.

Pero volvamos a nuestro destino.

Al bajar del autocar en la estación de Gloucester Green, muy bien situada a un par de minutos del centro histórico, es probable que se haga la misma pregunta que nos hemos planteado todos al llegar: -"¿Dónde está la Universidad?"-. La respuesta es muy sencilla aunque, a simple vista, no parezca nada evidente: la Universidad es la propia ciudad; ambas forman un conjunto único, inseparable e irrepetible. Para entenderlo, sólo tiene que pasear por sus calles y disfrutar de cada uno de sus rincones; pero, eso sí, recuerde tener cien ojos en los cruces para no llevarse por delante alguna bici o, peor aún, que sea un coche el que no le vea a usted. Afortunadamente, en el pavimento suelen dibujar unas flechas que nos indican la dirección del tráfico o el socorrido "Look right. Look left" para recordarnos a qué lado debemos mirar antes de cruzar.

La University of Oxford es una institución que se parece muy poco a nuestros centros universitarios. Básicamente, esta corporación se encarga de preparar los exámenes, corregirlos y establecer las normas que deben cumplir todos los Colleges, así se garantiza la calidad de la enseñanza bajo las directrices del rector, la Congregación y un Consejo de 26 miembros que establecen una política académica común; por lo demás, los 39 Colleges de la Universidad son entidades autónomas donde los alumnos viven y estudian, cualquier carrera, durante los tres periodos de ocho semanas que duran los cursos. Cada Colegio tiene su propio equipo de gobierno formado por catedráticos y un Decano, como el mencionado Henry Liddell, padre de las niñas que inspiraron a "Lewis Carroll".

El origen de la Universidad, y por lo tanto el de la propia ciudad, se mueve en ese terreno incierto donde la historia limita con la leyenda.

Colegio Christ Church

Según la tradición, Santa Fridesvida -patrona de Óxford- fundó un monasterio cerca de la confluencia de los ríos Támesis y Cherwell a principios del siglo VIII, en un lugar que se llamó Oxonium. A partir de entonces, la comunidad de religiosos comenzó a impartir estudios de gramática, dialéctica y retórica (el trivium) y de aritmética, geometría, astronomía y música (el quatrivium) de forma constante -a pesar de las sucesivas invasiones sajona, normanda e inglesa- y con tanta aceptación que, en la Baja Edad Media, Óxford ya era uno de los tres centros europeos del saber, junto a París y Bolonia.

Aquel pequeño pueblo que fue creciendo entorno al monasterio se convirtió en el siglo XI en residencia habitual de la familia real inglesa y en el principal lugar para impartir y recibir conocimientos desde 1167, cuando Enrique II prohibió a los ingleses que se matricularan en la Institución de Enseñanza Superior de la capital francesa -lo que más tarde sería La Sorbona- incrementándose tanto el número de alumnos de Óxford que fue necesario crear los Colegios para alojarlos. En concreto, Lord Balliol estableció el primer College en 1263; luego se fundaron Merton, University, Christ Church, etc. y los monarcas ingleses empezaron a favorecerlos con tierras, para que se autoabastecieran, y privilegios, como fijar el precio de venta de los alimentos; unas prerrogativas que, a la larga, acabaron enfrentando a los habitantes de la ciudad -tradicionales y conservadores- con los estudiantes -liberales y, en ocasiones, anárquicos- en las llamadas revueltas de town and gown (ciudadanos contra togados) que acabaron con varios muertos, saqueos y la intervención real a favor de los universitarios en 1355.

El tiempo devolvió las aguas a su cauce y facilitó la fundación de los nuevos Colleges por toda la ciudad, creando un verdadero crisol donde se ha formado la clase política, burguesa y artística de Inglaterra -y de casi todo el Imperio Británico- de los últimos nueve siglos, incluyendo a santos, reyes y premios Nobel. Esta hegemonía cultural ha convertido a la Universidad oxoniense en uno de los centros educativos más antiguos y prestigiosos del mundo anglosajón; sin menospreciar a Cambridge, of course, el eterno rival al que se conoce despectivamente como "The other place" (el otro lugar).

Del País de las Maravillas a las puertas de Mordor

En cierta ocasión, "Lewis Carroll" afirmó que "se puede llegar a cualquier parte siempre que se camine lo suficiente". Con esa declaración de intenciones no queda más remedio que empezar a caminar.

Si seguimos en línea recta por George Street, desde la estación de autobuses, se llega al edificio más antiguo de la ciudad, la Torre sajona de St. Michael, muy cerca del Mercado Cubierto (Covered Market) donde, en función de la hora, podremos tomar un capuccino y una muffin -la típica magdalena rellena de chocolate- o beber una pinta de cerveza con un sándwich del cremoso "Oxford Blue" -el queso azul típico de la comarca-. A pocos metros, en el otro extremo de Cornmarket Street verá la Torre de Carfax, el único vestigio de una iglesia medieval que sobrevivió a la piqueta para abrir al tráfico esta calle -como ve, en todas partes cuecen habas- la azotea ofrece una panorámica de lujo para descubrir porqué el poeta definió este lugar como la "ciudad con chapiteles de ensueño". Desde esa altura, el horizonte de Óxford se llena de agujas, torres y cúpulas construidas en un suave tono de color miel.

El mayor Colegio de la ciudad está muy cerca de esta iglesia, a unos doscientos metros bajando por la calle St. Aldates.

Aunque los turistas no pueden entrar por esta puerta sino por la del Meadow Building, merece la pena asomarse a la entrada principal del Christ Church College para hacerse una idea de lo que nos espera dentro. La puerta se encuentra bajo la Torre de Tom, obra del mismo arquitecto que la catedral de San Pablo de Londres y de media capital inglesa, en realidad -sir Christopher Wren, que también estudió aquí- y está rematada por una campana que repica todas las noches 101 veces a las 21.05 h. para que los estudiantes regresen al Colegio; este particular toque de queda es una más de esas curiosas "costumbres-en-recuerdo-de" tan típicas de los británicos.

Colegio All Souls

La Torre da paso al Tom Quadrangle, el patio que distribuye el acceso a las principales dependencias del Colegio donde Lewis Carroll impartió clases de matemáticas durante más de cuarenta años. Según sus biógrafos, el autor de "Alicia..." solía comer en el espectacular Dinning Hall sentado frente a un retrato de Enrique VIII -famoso por mandar decapitar a dos de sus esposas- que le inspiró el célebre personaje de la Reina de Corazones y su costumbre de cortar cabezas. De todas formas, si este majestuoso comedor se ha hecho famoso no ha sido gracias al País de las Maravillas sino a Hollywood y a las películas del aprendiz de mago creado por JK Rowling que lo han tomado prestado para ambientar la Escuela de Hogwarts. En "Harry Potter y la piedra filosofal", por citar tan sólo un ejemplo, es muy fácil reconocer qué escenas se han rodado en estas escaleras, aquellos pasillos u otros rincones de la ciudad como las salas de lectura de la Biblioteca Bodleiana o la Divinity School, reconvertida en la enfermería donde ingresaban al personaje de Hermione.

Thomas Wolsey -todo un ejemplo de hombre hecho a si mismo: era hijo de un carnicero y llegó a ser Arzobispo de York, legado del Papa y Canciller de la Corte- fundó este Colegio en 1525 como Cardinal College pero su negativa a conceder a Enrique VIII el divorcio de su primera mujer, Catalina de Aragón, le costó su posición y su prestigio. Al caer en desgracia, el propio monarca retomó su idea y, en 1546, refundó la institución con su nombre actual -Christ Church- estableciendo la sede de la nueva diócesis de Óxford en la capilla colegial que, desde entonces, hace las veces de catedral de la ciudad. Allí se encuentra el sepulcro con los restos de su patrona, Santa Fridesvida, y un magnífico conjunto de nervaduras góticas en la nave central; sin embargo, la fama del templo no se debe a sus valores artísticos sino al coro de la escolanía formado por jóvenes estudiantes de este aristocrático Colegio.

La visita incluye otros lugares de interés como el Patio Peckwater, la pinacoteca, el claustro y, sobre todo, el Edificio de la Pradera -Meadow Building- donde el escritor Evelyn Waugh situó el inicio de una de las novelas inglesas de mayor prestigio: "Retorno a Brideshead" (1945). En aquellas habitaciones, el personaje del solitario estudiante Charles Ryder va a desayunar invitado por el acaudalado, caprichoso y encantador Sebastian Flyte. Después, se irían a caminar por el Paseo del Hombre Muerto (Dead Man´s Walk) que, como entonces, nos llevará por las campas de hierba que rodean Christ Church, a la espalda de Merton -otro de los primeros Colleges (1264)-, hasta las puertas del Jardín Botánico, el más antiguo de Gran Bretaña.

Enfrente del jardín, en la orilla del río Cherwell, se levanta el Magdalen College; sin duda, el más suntuoso de la ciudad y uno de los más fotografiados por las figuras de personajes y animales grotescos talladas en sus muros. Su alumno más conocido fue Oscar Wilde -autor de "El fantasma de Canterville" y de "La importancia de llamarse Ernesto"- y el más olvidado, CS Lewis.

¿Se acuerda de la película "Tierras de penumbra" que dirigió sir Richard Attemborough en 1993? Contaba la conmovedora historia de un profesor viudo (Anthony Perkins) que se enamora de la poetisa americana Helen J. Davidson (Debra Wringer) cuando ésta descubrió que tenía cáncer. "(…) Vivimos en tierras de penumbra, pero hay luz en la oscuridad" le decía él abrazándola. Aquel personaje fue, en la vida real, el escritor Clive Staples Lewis; un autor norirlandés, profesor de lengua en el Colegio de la Magdalena, aficionado a la mitología nórdica y profundamente católico -en un país de mayoría protestante- que fundó con su amigo JRR Tolkien un club literario llamado "The Inklings", presentimiento, en inglés antiguo. Curiosamente, esa amistad con el autor de "El Señor de los Anillos" fue la causa involuntaria que provocó su anonimato. Al fin y al cabo, ¿quién podía destacar al lado de la comunidad de Frodo Bolsón? El éxito de Tolkien eclipsó injustamente la obra de CS Lewis en espera de tiempos mejores que pueden llegar en diciembre de 2005, cuando la factoría Disney estrene la versión animada de "Las crónicas de Narnia", una historia donde cuatro niños ayudan al león Aslan a romper el hechizo de la bruja blanca que ha sumido el país en cien años de invierno.

El Colegio de la Magdalena, donde CS Lewis dio clases de literatura, está situado al oeste de la Calle Mayor (The High) que divide Óxford en dos mitades, al norte y al sur. En esta calle encontraremos, prácticamente como se levantó a mediados del siglo XVIII, uno de los conjuntos artísticos más espectaculares de la ciudad formado por la Biblioteca Bodleian, la Radcliffe Camera, la Iglesia de la Virgen María y los Colegios All Souls, Brasenose y Hertford.

El Colegio All Souls -así llamado en recuerdo de las almas de los soldados que murieron durante la guerra de los cien años contra Francia- es el único centro de la Universidad que sólo admite licenciados (fellows) en lugar de estudiantes (undergraduates) para que puedan realizar trabajos de investigación. Frente a sus torres gemelas se levanta la Radcliffe Camera; probablemente, una de las señas de identidad más conocidas de la ciudad por su curiosa forma circular y la cúpula que la corona. Alberga la colección de libros de John Radcliffe y, en la actualidad, es la sala de estudios de la Bodleian Library que está situada justo enfrente de su puerta principal. En esta Biblioteca, donde estudió el mítico Lawrence de Arabia, se conservan más de 7.000.000 de libros. Cierran el conjunto la iglesia de la Virgen María y los Colegios Brasenose -en este caso, el nombre proviene de una aldaba de la puerta con forma de animal que tiene la nariz de bronce o "brazen-nose"- y Lincoln donde vivió el fundador del Metodismo, John Wesley, en el sigo XVIII, y donde el joven David J. Moore estudió lenguas modernas mientras vigilaba la tendencia política de sus compañeros de clase. Así empezó su carrera en el mundo del espionaje un estudiante que luego triunfó con sus novelas "El espía que surgió del frío" o "La casa Rusia" y el sobrenombre de John Le Carré.

Detrás del Hertford College y de su famoso Puente de los Suspiros -una bonita copia del original veneciano- podemos girar a la izquierda por el Teatro Sheldonian para llegar de nuevo a la Torre sajona de St. Michael. Desde aquí la última visita se encuentra a poco más de quinientos metros por la calle St. Giles, poco después del Museo Ashmolean -un edificio de corte neoclásico que conserva una curiosa mezcla de animales disecados, monedas, armas y otras piezas pertenecientes a la familia Ashmole- y, para variar, esta vez no se trata de otro Colegio sino de una taberna. Ya era hora.

A diferencia de otros lugares, no se extrañe si aquí le sorprende una larga fila de curiosos haciendo cola para entrar a "Eagle and the chid", la taberna del águila y el niño donde se reunía el club literario "The Inklings"; la culpa es del taquillazo de "El Señor de los Anillos", que ha vuelto a poner de moda este pequeño local. Allí se reunían cada martes Tolkien, el mencionado CS Lewis, Tangye Lean y Charles Williams para discutir los entresijos de la "Tierra Media" y leer un nuevo capítulo de las aventuras de la comunidad del anillo.

Colegio Balliol

John Ronald Reuel Tolkien nació en Bloemfontein, actual Sudáfrica, en 1892, pero pasó la mayor parte de su vida vinculado a Óxford. Al quedar huérfano con apenas doce años, su hermano Hilary y él fueron adoptados por su tía Beatrice y educados por un tutor, el padre Morgan, que le inculcó su profundo sentido religioso. Licenciado en Lengua inglesa, al finalizar la I Guerra Mundial, el escritor regresó a Óxford con su mujer y sus cuatro hijos y empezó a escribir "El Hobbit" en 1930. Tardó seis años en acabarlo pero cuando se publicó en 1937 alcanzó un éxito inmediato. Su editor y la necesidad de mantener a la familia le llevaron a crear una secuela de aquella novela, a la que llamaría "El Señor de los Anillos", mientras impartía clases de literatura en el Merton College. Tardó doce años en acabar la trilogía que se publicó entre 1954 ("La comunidad del anillo" y "Las dos torres") y 1955 ("El retorno del rey") cuando el autor tenía 62 años. Su recuerdo aún se percibe en el ambiente de esta tradicional taberna inglesa y es una excusa perfecta para brindar, en su memoria, con una pinta de cerveza.

Puede que a estas alturas se pregunte si en Óxford no escriben las mujeres y tiene razón, haberlas haylas; lo que ocurre es que no han logrado ni la fama ni el reconocimiento de sus colegas masculinos. Además de Bárbara Pym -una autora más conocida por cómo escribe (usa las comillas y otros signos como recurso para resaltar qué dicen los personajes) que por lo que realmente ha escrito; por ejemplo, "Murió la dulce paloma" (1993)- la escritora más famosa de la ciudad fue la dublinesa Iris Murdoch, fallecida en 1999 y popular gracias a la película "Iris" que recreó los últimos años de su vida, aquejada de la enfermedad de Alzheimer.

En el tintero se quedan otros nombres, como el autor local Philip Pullman y sus obras "Luces del Norte" -una niña busca en una mansión de Óxford quiénes fueron sus padres- y "La materia oscura" -un relato fantástico sobre mundos paralelos- o el "Inspector Morse" de Colin Dexter, muy famoso en Inglaterra por una serie de televisión; anécdotas, como la costumbre del Colegio donde estudió el actor Rowan "Mr. Bean" Atkinson -la cena de Navidad siempre incluye un buen plato de jabalí para conmemorar que un alumno del Queen´s College repelió el ataque de uno de estos animales en el Patio, matándolo con un tomo de Aristóteles que le lanzó al hocico- y costumbres, como practicar el "punting" por los ríos de la ciudad, hincando en el lecho del río una pértiga de cinco metros para mover una pequeña embarcación de madera con forma de batea llamada "punt"; así podrá recordar que, en otro paseo en barca, aquí nació la historia de Alicia en un país de maravillas. Ahora es usted quien tiene que descubrir otras historias de Óxford caminando por lugares donde cualquier rincón se convierte en buena literatura.

Carlos Pérez Vaquero
Fotografías: Leandro Escudero

Webgrafía:

www.oxford.gov.uk

www.ox.ac.uk
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