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Catedral
de Pamplona
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La ciudad y su diócesis.
Aunque antes de la conquista romana ya existía un
asentamiento de los vascones junto al cauce del Arga llamado
Iruñea; históricamente, se atribuye la fundación
de Pamplona al general romano Cneo Pompeyo el Magno en el
invierno del año 74 d.C., cuando estableció
un pequeño fuerte, denominado en su honor Pompaelo,
que se utilizó como base del ejército romano
en las luchas contra las ciudades de la Celtiberia.
Posteriormente, la historia de Pamplona coincide en gran
medida con la historia de toda la península: saqueada
por suevos, vándalos y alanos, la ciudad fue conquistada
por el rey visigodo Eurico en el año 465 y atacada
por los musulmanes en numerosas ocasiones, siendo destruida
completamente en 924 por el califa cordobés Abderramán
III. A partir de entonces, Pamplona quedó reducida
a una pequeña aldea gobernada por su obispo. Una situación
que se mantuvo hasta 1319 cuando, para acabar con la continua
lucha por el poder entre la Iglesia y la Corona, aquélla
cedió el dominio de la ciudad al rey Felipe II el Luengo.
Durante ese periodo de dominio obispal, Íñigo
"Aritza", el Roble, fundó el Reino de Pamplona
en el siglo IX que, a partir de entonces, alcanzaría
su consolidación, ya como Reino de Navarra, con la
dinastía Jimena y los reyes Sancho Garcés I
y Sancho el Mayor.
En todo este tiempo, la antigua Pompaelo estuvo formada por
tres burgos independientes, cada uno con su alcalde y su propia
organización: la Navarrería, núcleo original,
donde se encuentra hoy la catedral, formado por campesinos;
y san Cernín y san Nicolás, donde se asentaron
los comerciantes extranjeros, francos mayoritariamente, que
llegaban a Pamplona atraídos por la ruta jacobea. La
relación de hostilidad entre los tres barrios se mantuvo
hasta bien entrado el siglo XV cuando el rey Carlos III el
Noble reunificó la capital en 1422, derribando sus
murallas internas y otorgándole el Privilegio de la
Unión.
Medio siglo después, Navarra entraba a formar parte
de la Corona española después de setecientos
años de independencia en los que Pamplona había
sido capital del Reino y sede de la corte de sus reyes.
Hoy en día, la ciudad cuenta con una población
cercana a los 200.000 habitantes y es conocida en todo el
mundo por sus encierros y los "sanfermines" que,
cada 7 de julio, congregan a miles de turistas para oír
el chupinazo delante de su ayuntamiento.
El origen de la diócesis pamplonesa, a la que ya hemos
mencionado anteriormente, se remonta también a la época
de la fundación de la ciudad.
Según la tradición, el monje Honesto, enviado
por el obispo de Toulouse, san Saturnino (el san Cernín
de los navarros), fue quien evangelizó Pamplona y convirtió
al cristianismo a un joven llamado Fermín que llegó
a ser su primer obispo y uno de los santos más populares.
Sin embargo, el primer documento donde se cita expresamente
a un prelado de Navarra fue en el III Concilio de Toledo celebrado
en el año 589; posteriormente, la invasión musulmana
abrió un compás de espera hasta que se inició
la reconquista y comenzaron a formarse los diversos estados
peninsulares.
Las relaciones del reino de Pamplona, en primer lugar, y
de Navarra, después, con Aragón, Castilla y
Francia, motivaron que durante los siglos IX a XVI, las poblaciones
adscritas a la diócesis de Pamplona sufrieran numerosas
alteraciones para adaptar su jurisdicción a los límites
fronterizos entre los cuatro países. Una vez incorporada
a España, se decidió establecer una nueva diócesis
en Tudela (siglo XVII) que quedó adscrita a Pamplona
en el XIX.
En la actualidad, desde 1984, la bula Supremam exercentes
de Juan Pablo II reunió ambas sedes estableciendo un
único prelado que desde entonces es arzobispo de Pamplona
y obispo de Tudela y que incluye, en su archidiócesis,
a las provincias eclesiásticas de Calahorra y La Calzada-Logroño
(La Rioja), Jaca (Huesca) y San Sebastián (Guipúzcoa).
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Catedral
de Pamplona. Claustro
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Catedral de la Asunción de Nuestra Señora.
Como ocurre con la mayoría de los templos españoles,
la actual catedral pamplonesa es el resultado de acumular
elementos de anteriores iglesias que han dado lugar a un claro
contraste entre el exterior del templo (neoclásico)
y su interior (gótico).
En la primera mitad del siglo X, como ya dijimos, Abderramán
III destruyó la primera catedral visigoda de la ciudad
en uno de sus ataques. Sobre aquellas ruinas, el rey Sancho
el Mayor mandó construir otro templo en estilo románico
que, a su vez, fue demolido a finales del XI para levantar
una nueva catedral románica, edificada entre 1100 y
1127 y en la que llegó a trabajar el maestro Esteban
(autor de la portada de las platerías de Compostela);
de esta construcción tan sólo han llegado hasta
nosotros algunos vestigios (ménsulas y capiteles con
escenas de la vida de Cristo) que se conservan en el Museo
de Navarra.
En 1137, siendo obispo Barbazán, se construyó
un nuevo claustro gótico que fue sustituido, hacia
1375, por el actual; junto a él, se edificaron otras
construcciones propias del capítulo de canónigos
regulares de san Agustín, establecido por el obispo
Pedro de Roda, entre las que destacan el lavabo de clérigos,
el antiguo dormitorio de la comunidad, la cocina y el refectorio
que hoy forman parte del Museo Catedralicio Diocesano.
Poco tiempo después, en 1391, se hundió gran
parte del edificio dejando en pie, tan solo, la cabecera de
la iglesia y la fachada principal. Tres años más
tarde, Carlos III el Noble y el obispo Martín Zalba
sufragaron, con sus propias rentas, la construcción
de una nueva catedral de acuerdo con el estilo gótico
francés imperante a finales del XIV: planta de cruz
latina con tres naves y ábside poligonal estrellado
con girola en la que se abren diversas capillas que se funden
con el propio deambulatorio, elemento éste muy original
dentro de su estilo.
Desde que terminaron estas obras en 1501, no se introdujeron
más reformas hasta que hubo que derribar la deteriorada
fachada románica, que había sobrevivido al derrumbe
de 1391, y sustituirla por la actual obra de Ventura Rodríguez,
neoclásica, del siglo XVIII.
La nueva fachada está compuesta por un gran pórtico
de cuatro columnas corintias y atrio con vano circular entre
las dos torres gemelas octogonales, levantadas sobre planta
cuadrada. En una de dichas torres, la del norte, aún
se mantiene en uso la denominada "campana María"
de finales del XVI, que con sus 12 toneladas de peso es la
mayor campana de España.
Finalmente, entre 1783 y 1803 se añadió un
nuevo tramo a la catedral, configurando la basílica
tal y como la vemos hoy en día.
El templo.
Como dijimos anteriormente, cuando el peregrino entra en
la catedral de Pamplona, lo primero que le sorprende es el
fuerte contraste que existe entre la fachada de líneas
clásicas y el interior de traza gótica; un cambio
radical que surge como resultado de las diversas fases de
construcción por las que ha pasado el templo y que
resulta tan perceptible en la nave de la epístola,
más ancha que la del evangelio, para enlazar ésta
con el claustro gótico preexistente.
Tanto la nave central como las dos laterales están
cubiertas por sencillas bóvedas de crucería.
Al fondo, en la cabecera del templo, el presbiterio carece
de retablo; en su lugar, un baldaquino neogótico preside
el altar mayor con una imagen de Santa María la Real
tallada en madera y recubierta de plata del siglo XII.
Cerca del crucero, en el centro de la nave mayor, nos encontraremos
el mausoleo con las estatuas yacentes de Carlos III el Noble
y de su esposa, Leonor de Trastámara, realizados en
alabastro por el maestro Lomme de Tournay. A cada extremo
de la nave del crucero podemos destacar: en el lado norte,
el mayor órgano de la región; y en el sur, la
gran reja del coro forjada en el XVI. Si continuamos por la
girola, una puerta nos conducirá a la sacristía
de los canónigos, edificada en 1599 y decorada en el
profuso estilo rococó.
El claustro gótico, rectangular, con magníficas
tracerías en cada uno de los arcos ojivales y crujía
afrancesada, da paso a las edificaciones, ya mencionadas,
del antiguo cabildo de canónigos donde destaca la llamada
Puerta Preciosa, acceso al antiguo dormitorio de la comunidad;
el refectorio, la capilla barbazana y la cocina. En estas
dependencias se encuentra instalado el Museo Catedralicio
Diocesano con una muestra representativa de arte medieval
y renacentista que incluye un relicario con el lignum crucis,
la colección de retablos y la biblioteca capitular.
Datos útiles.
Arzobispado de Pamplona: Plaza de Santa María la Real,
1. Teléfono: 948 22 74 00. Fax: 948 21 04 40. prensa@iglesianavarra.org
Oficina de Turismo y Central de Reservas: C/ Hilarión
Eslava, 1. Teléfono Oficina de Turismo 948 206540.
Teléfono Central de Reservas: 948 206541.
Oficina de Información Municipal: Plaza de Santiago,
s/n (trasera del Ayuntamiento). Teléfonos 948 420150/1
Oficina de Información del Gobierno de Navarra: Avenida
Carlos III, 2 (Palacio de Navarra) Teléfono de la centralita:
948 427000. Teléfono de información 948 427100.
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Webgrafía:
www.iglesianavarra.org
www.pamplona.net
www.camaranavarra.com
www.navarra.net
www.cfnavarra.es
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Carlos
Pérez Vaquero
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