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Plaza Mayor |
Asomada a las orillas del Tormes, no muy lejos de Portugal. Diversos hallazgos arqueológicos indican la presencia de seres humanos antes del Paleolítico. Los romanos, visigodos y árabes preceden al auge de la ciudad, cuando en el siglo XIII se funda su Universidad, la más antigua de España. Un hecho que determinará su desarrollo en los siglos posteriores, en los que se construyen gran parte de los edificios más emblemáticos de Salamanca, cuna del plateresco español, gracias a la característica piedra de Villamayor, fácil de labrar. Especialmente sugestiva es la tonalidad dorada que esta adquiere al caer los rayos del sol. Las fachadas de algunos monumentos alcanzan entonces unos matices indescriptibles.
La Plaza Mayor es sin duda la más bella de España. En torno a ella sigue girando, tal y como hace siglos, el bullicio urbano.
No es desde luego esta la única sorpresa que aguarda al viajero. La Catedral es otra, es decir, las Catedrales, porque en realidad son dos. La vieja, uno de los ejemplos eminentes del románico, con sus preciosas capillas, retablo o sepulcros, además de su peculiar Torre del gallo. Y la Nueva, una de las últimas manifestaciones del gótico europeo. Destacables son sus portadas y esbeltos arbotantes. Y su interior, con elevados pilares inspirados en gigantescos árboles, soportando la copa de las bóvedas.
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Portada de la Universidad |
Muy cerca está la Universidad, con esa fachada plateresca tan representativa y universal de Salamanca. La filigrana de la piedra es una maravilla y aún resaltan más sus contrastes a la luz del atardecer. Según la tradición, serán afortunados aquellos que sean capaces de distinguir la rana sobre la calavera. Dentro están las antiguas aulas, entre ellas la de Fray Luis de León. Las escaleras finamente decoradas y la galería superior del patio, con su rico artesonado y la vieja Biblioteca. En el Patio de Escuelas hay una estatua dedicada a aquél insigne profesor, y dos magníficas portadas. Una da acceso al hermoso patio porticado de las Escuelas Menores.
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Casa de las Conchas |
De aquí a la Plaza de Anaya, que invita a su contemplación de forma sosegada. En ella están la Iglesia de San Sebastián, el soberbio frontón neoclásico del Colegio de Anaya, la Hospedería del mismo nombre y el espectacular costado norte de la Catedral.
Prácticamente a un paso se encuentra el Convento de San Esteban, con su admirable fachada e iglesia. En la misma plaza está el Convento de las Dueñas, cuyo claustro es verdaderamente excepcional.
La gastronomía charra es exquisita y sin mayor dilación hay que ir a confirmarlo. Ahí están sus embutidos, de justa fama nacional, las alubias con oreja de cerdo y las lentejas castellanas, el tostón asado, el hornazo, el cordero o el cabrito. En cuanto a la repostería, el bollo maimón y los chochos. Sabia decisión de sobremesa es permanecer al menos otro día más en esta espléndida ciudad.
Tiene Salamanca innumerables Iglesias y sería prolijo mencionar todas. Particularmente interesantes son las de Santo Tomás Cantuariense. San Marcos, san Juan de Barbalos, Sancti Spiritus, La Clerecía, Santiago del Arrabal, La Veracruz, las Ursulas, Capuchinos, o la Purísima.
Entre sus palacios, el de Orellana, Montellano, Garcigrande, Solís y especialmente el de la Salina y el de Monterrey. Colegios como el de Calatrava y Fonseca. Casas como la de Unamuno, de los Ovalle, de las Muertes, Alvarez Abarca y como no, la de las Conchas y la de Lis. Pero no todo es monumentalidad, también existe en esta ciudad un comercio pujante y moderno en el que se ofrece la tradicional artesanía salmantina, cerámica, bordados, curtidos o joyería...
Torres, Museos y vestigios de murallas completan grosso modo la imagen de salamanca, cuya mejor panorámica, ya sea de día o de noche, puede divisarse al otro lado del Tormes, tras cruzar el magnífico puente romano que evoca la figura del lazarillo de Tormes.
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