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Catedral
de Santiago de Compostela
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Aunque se han encontrado restos prehistóricos, romanos
y suevos, lo cierto es que Santiago de Compostela no ocupó
su lugar en la Historia hasta el siglo IX, cuando se descubrió
el sepulcro del apóstol y la ciudad se convirtió
en centro de la cristiandad al igual que Roma o Jerusalén.
El siglo IX:
Durante este periodo de la Alta Edad Media, el valle del
Duero era una inmensa tierra de nadie que servía de
frontera natural entre el Emirato de Córdoba y los
reinos cristianos del norte: Asturias y Navarra, que eran
independientes, y los condados de Aragón y la Marca
Hispánica, gobernados por el régimen feudalista
de Carlomagno.
En esta época no se puede hablar todavía de
una verdadera reconquista porque los musulmanes eran muy superiores
a las fuerzas cristianas y si éstas vivían en
una relativa tranquilidad se debía a los problemas
internos del emir cordobés, Alhakam I, que tuvo que
aplacar las revueltas de los nobles de Zaragoza, Toledo y
Lisboa y acallar aun pueblo que sufría una pertinaz
hambruna.
En ese contexto, en el año 816, aproximadamente, un
fraile llamado Pelayo quedó deslumbrado por unas luces
(el "campus stellae") que le guiaron hasta un paraje
deshabitado, entre los ríos Tambre y Ulla, donde descubrió
un sepulcro de mármol que contenía los restos
de Santiago el Mayor. El hallazgo de la tumba del apóstol
que, según la tradición, evangelizó Hispania
antes de morir degollado en Jerusalén, se extendió
rápidamente por todo el reino asturiano, con el apoyo
incondicional del rey Alfonso II el Casto y del obispo de
Iria Flavia, Teodomiro. El propio monarca acudió al
lugar del descubrimiento y mandó construir una pequeña
capilla, Antealtares, sobre la cella levantada por los discípulos
del apóstol -Anastasio y Teodoro- bajo el actual ábside
del templo, dando origen a una ciudad a la que llamaron, en
su honor, Santiago de Compostela.
A la muerte del rey Casto, Ramiro I afianzó la presencia
asturiana en la meseta norte gracias a su victoria en la famosa
batalla de Clavijo (844) donde se fraguó la leyenda
del Santiago Matamoros, montado en su caballo blanco, que
los reyes cristianos utilizaron como estandarte en su lucha
contra los infieles. En agradecimiento al santo, el rey asturiano
hizo el solemne voto de ofrecer cada año a la iglesia
de Santiago las primeras cosechas y vendimias y una parte
del botín que se conquistara en todas las expediciones.
Este Voto de Santiago se institucionalizó como Ofrenda
Nacional en 1643, con Felipe IV, y se repite desde entonces
cada 25 de julio.
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Terraza
de la Catedral de Santiago
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La ciudad, su diócesis y el templo:
A diferencia de otras ciudades jacobeas, como Pamplona o
León, en Compostela, el origen, desarrollo y posterior
evolución de la ciudad han sido inherentes al de la
propia catedral y a su diócesis; de tal forma que,
desde el siglo IX, el engrandecimiento del templo y el traslado
de la sede episcopal han conllevado el crecimiento de una
ciudad que no tendría razón de ser sin aquéllas.
Santiago nació por y para los peregrinos.
La antigua diócesis de Iria Flavia (Padrón,
La Coruña) debió contar con una importante comunidad
cristiana desde antiguo pues, junto a la iglesia parroquial
se ha conservado el legado de 28 de sus obispos. Uno de ellos,
Teodomiro, compartió la sede episcopal con Santiago,
poco después de producirse el hallazgo, y fue enterrado
allí el 20 de octubre de 847. Como nota curiosa, la
tradición popular asegura que bajo el altar mayor de
la iglesia de Santiago de Padrón se conserva aún
el "pedrón" (piedra) que dio nombre a la
localidad y que sirvió de amarre a los discípulos
del apóstol cuando su barca de piedra llegó
a la costa gallega.
Con el respaldo de los obispos y de la monarquía asturiana,
el papa León III (el mismo que coronó emperador
a Carlomagno en Aquisgrán en el año 800), avaló
el descubrimiento del sepulcro en la epístola "Noscat
Vestra Fraternitas". Alfonso III y el obispo Sisnando
ampliaron la humilde iglesia construida por el rey Casto,
respetando la construcción anterior como cabecera y
añadiendo tres grandes naves. La obra se concluyó
a finales del siglo IX, fue consagrada en 899 y saqueada por
Almanzor en el año 997. El caudillo árabe arrasó
la ciudad pero no pudo destruir las reliquias gracias a la
habilidad del obispo Mezonzo; aunque, a cambio, se llevó
las campanas de la catedral hasta Córdoba, a hombros
de los cristianos capturados, donde las utilizó como
lámparas de la mezquita (posteriormente, Fernando III
el Santo, al conquistar la capital del Emirato, devolvió
las campanas a Compostela a hombros de los prisioneros musulmanes).
El rey Bermudo de León ordenó reconstruir la
basílica y, de nuevo, fue consagrada en 1003, pero
esta vez, previendo nuevos ataques, en este caso no de los
árabes sino de los sajones y normandos, el obispo Cresconio
rodeó el templo de murallas para resguardar la entonces
concatedral y proteger a la ciudad y a los peregrinos.
Fue otro prelado compostelano, Diego Peláez, quien
propuso al rey Alfonso VI la necesidad de construir una iglesia
mayor. Las obras de la actual catedral comenzaron en 1075
de la mano del maestro Bernardo, siguiendo la pauta de las
grandes iglesias de peregrinación: Una gran cruz latina
de tres largas naves, dividida en diez tramos; crucero, también
de tres naves y cinco tramos en cada brazo; triforio en la
parte superior y un deambulatorio semicircular rodeando el
altar mayor. Todo ello, levantado con un gran alarde de belleza
y proporción, en estilo románico y en apenas
medio siglo pues en 1128 se culminó la portada del
oeste (la fachada principal) y se habilitó para el
culto.
Antes de llegar a ese momento, debemos recordar otras tres
fechas significativas: el 5 de diciembre de 1095 se trasladó,
definitivamente, la sede episcopal de Iria a Santiago; en
1120, Roma elevó el templo compostelano al rango metropolitano,
como heredero de la antigua sede de Mérida (aún
en poder musulmán) y, finalmente, en 1122, el papa
Calixto II instituyó el Año Santo Compostelano,
de forma que se celebrase siempre que el 25 de julio, festividad
del apóstol, fuese domingo.
Buena muestra de la importancia que ya tenían las
peregrinaciones en el siglo XII es que un monje de Poitiers,
Aymeric Picaud, publicó en 1139 una guía para
los peregrinos, el "Códex Calixtinus", que
se conserva actualmente en el Archivo Catedralicio.
En 1211, el maestro Mateo y su taller finalizaron las obras
y la catedral se consagró ese año en presencia
del rey de León y Galicia, Alfonso IX; algo que habría
sido imposible sin la dedicación del obispo Xelmírez
y del conde Ramón de Borgoña.
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Pórtico
de la Gloria
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Desde entonces, el cuerpo románico del templo se enriqueció
con una coraza de otros estilos, formando una "sinfonía
de piedra" que reúne románico, gótico,
renacimiento y barroco y que guarda una asombrosa unidad estética
gracias a la acción de la constante lluvia y de la
brétema, la niebla, características de esta
tierra.
Hasta el siglo XV, puede decirse que el Camino alcanzó
su máximo apogeo. Conforme avanzaba la reconquista
y el territorio al norte del Duero se iba repoblando, los
peregrinos establecieron un camino más o menos estable
a partir de Puente la Reina, donde se unían los de
Roncesvalles y Canfranc. Fue un gran momento. Los caminantes
llegaban a Compostela procedentes de toda la Europa cristiana,
protegidos y guiados por la Orden de los Caballeros de Santiago,
fundada en León en 1161. Personalidades históricas
como El Cid, san Francisco de Asís o los Reyes Católicos
llegaron al sepulcro como miles de peregrinos anónimos.
Gracias a aquella corriente humana, los pequeños reinos
cristianos de la Península Ibérica pusieron
fin a su aislamiento del resto de la Europa occidental y se
fue creando el ambiente propicio para un fecundo intercambio
de ideas y de estilos.
En este contexto, ¿por qué se inició
una etapa de lento declive?
El 4 de mayo de 1589 (un año después de la
destrucción de la poderosa Armada Invencible) una expedición
de 200 navíos y más de 15.000 hombres, con el
pirata Drake a la cabeza, se presentó en el puerto
de La Coruña para asaltar la ciudad, quemar las reliquias
del apóstol y atacar Portugal, país que, por
aquel entonces, formaba parte de la España de Felipe
II. Alarmados por las noticias de que el corsario inglés
se disponía a atacar Santiago, el arzobispo, Juan San
Clemente, y el Cabildo de la catedral decidieron esconder
los restos del apóstol en el ábside de la basílica
de forma que estuvieran a salvo si el pirata, como parecía,
arrasaba la ciudad. Finalmente, el desembarco de los ingleses
fue repelido pero la salvación de Santiago, supuso
el olvido de las reliquias que, escondidas con tanto empeño,
se perdieron desde finales del siglo XVI hasta la segunda
mitad del XIX.
Puede resultar difícil de entender que la Iglesia,
los monarcas e incluso el pueblo llano se olvidaran de venerar
al apóstol, pero así fue. Los ciudadanos de
Santiago se enfrentaron a la autoridad del obispo, que había
sido causa de continuos enfrentamientos y asaltos entre los
grandes señores gallegos y el obispado compostelano;
además, las guerras, el hambre y la peste que asolaban
el viejo continente hicieron mella también en España.
El hombre que impulsó de nuevo el Camino revitalizando
la diócesis de Santiago fue el cardenal Miguel Payá
y Rico. Un alicantino que, como arzobispo de Santiago, deseó
encontrar las reliquias del apóstol para que los fieles
pudieran venerarlas de nuevo. Los trabajos de excavación
en el pavimento de la catedral se prolongaron durante mucho
tiempo hasta que, finalmente, encontraron detrás del
altar mayor una urna que contenía huesos. Con gran
mentalidad científica, Payá encargó a
la Universidad compostelana que analizaran los restos y, con
esos datos, la Santa Sede instruyó un proceso que culminó
en 1884, cuando el papa León XIII declaró la
autenticidad del segundo hallazgo en su constitución
Deus Omnipotens.
Desde entonces, el Camino de Santiago se ha convertido en
un itinerario religioso, cultural o, simplemente, turístico
que reúne cada año a miles de peregrinos en
la Plaza del Obradoiro.
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Planta
de la Catedral de Santiago
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La catedral de Santiago:
Esta fachada del Obradoiro es, sin duda, una de las principales
señas de identidad del templo. La construyó
Casas Novoa en 1738 como un grandioso retablo barroco que
servía de antesala al románico interior. Entre
las Torres de las Campanas (a la derecha) y de la Carraca
(izquierda), de 76 metros de altura, el cuerpo central se
corona con la figura de un Santiago peregrino sobre un arca
que representa el sepulcro. En todo el conjunto, de gran ligereza,
el barroco recubre los arcos y las bandas lombardas originales
sobre las que se construyó esta monumental fachada.
Las otras entradas a la catedral son: la Azabachería,
situada al norte, fue reconstruida en el XVIII por Ventura
Rodríguez siguiendo los cánones neoclásicos;
la de Platerías, al sur, conserva la portada más
antigua de la catedral, es románica y en ella destacan
los tímpanos de sus dos arcos de entrada, con escenas
de la Pasión y de la tentación de Cristo; la
Puerta Real o de la Quintana, fue diseñada por el canónigo
Vega y es considerada como una de las primeras muestras del
barroco compostelano; y, finalmente, la Puerta Santa, una
sencilla portada de 1611que recuperó las esculturas
del coro cuando éste fue eliminado y que se abre sólo
los años jubilares.
Otros elementos que destacan en el exterior del templo son:
la Torre del Reloj o Berenguela (barroca); el cimborrio gótico
que cubre el crucero (que sustituyó al anterior románico);
el claustro, de 1521 (gótico-renacentista, obra de
Rodrigo Gil de Hontañón y Juan de Álava)
y las Torres de la Corona y del Tesoro, sobre los ángulos
situados al sur del crucero.
En el interior, el Pórtico de la Gloria, esculpido
por el maestro Mateo en el siglo XII, es una de las esculturas
cumbres de la Edad Media europea. En el parteluz, la figura
del apóstol sostiene un tímpano donde Jesucristo,
que nos muestra los estigmas en sus manos, aparece con los
cuatro evangelistas, rodeado por los ancianos del apocalipsis
que, vestidos de músicos, pregonan su triunfo. Según
la tradición, el peregrino debe introducir los dedos
de la mano derecha en un hueco y golpear la cabeza en el Santo
dos Croques. A continuación, subirá al camarín
del Altar Mayor para abrazar al apóstol y bajará
a la cripta para rezar un Credo ante su sepulcro. Si es año
santo y el peregrino se confiesa y comulga, habrá ganado
el jubileo.
Como sucede en las iglesias de peregrinación, la cabecera
de la nave principal está rodeada por una girola en
la que se abren numerosas capillas: cuadrada, la central;
semicirculares, las siguientes y, poligonales, las últimas.
Entre las capillas destacan la de el Salvador (la más
antigua de todas, es románica y está cubierta
con una bóveda de cañón) y la del Pilar
(barroca). La capilla mayor, románica en su origen
pero recubierta por el barroco, contiene púlpitos renacentistas,
un baldaquino del XVII y la talla de un Santiago sedente (XIII)
en el camarín barroco. En el subsuelo se accede a la
cripta donde se guarda la urna de plata con las reliquias
del apóstol, realizada en el XIX de acuerdo con los
modelos románicos. Otras capillas interesantes son:
la Corticela, en el crucero norte, que fue oratorio e iglesia
independiente hasta el siglo XVI; la Comunión (neoclásica);
las Reliquias (donde reposa el Panteón Real) y la gran
Sala Capitular.
El "botafumeiro", un enorme incensario que se balancea
desde el cimborrio del crucero gracias a un sistema de vigas
y poleas accionado por los "tiraboleiros" que tiran
de unas cuerdas de esparto, tuvo su origen en el siglo XVI.
Aquel original, de plata, fue robado por las tropas francesas
en 1809 durante la Guerra de la Independencia; el actual,
realizado en latón plateado, mide metro y medio, pesa
50 kilos y sólo se utiliza en las misas solemnes.
En sus 8.000 metros cuadrados, la catedral compostelana contiene
muchos otros tesoros (la custodia de Arfe, los tapices confeccionados
sobre cartones de Rubens o Goya, las reliquias de Santos,
la veeduría, etc.); un rico patrimonio histórico-artístico
que este templo atesora, desde hace doce siglos, para todos
los peregrinos.
Datos útiles:
Gerencia de Promoción del Camino de Santiago. Edificios
Administrativos San Caetano. San Caetano, s/n. 15704 Santiago
de Compostela (Coruña). Tel.: 981 544 817.
TURGALICIA. Autovía Santiago - Noya. Km. 3. A Barcia.
15896 Santiago de Compostela (Coruña). Tel.: 981 542
500.
Arzobispado de Santiago de Compostela. Plaza de la Inmaculada,
1. 15704 Santiago de Compostela. Tel.: 981 572 300. arzsantiago@planalfa.es
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Webgrafía:
www.archicompostela.org
www.galinor.es/santiago/
www.santiagodecompostela.org
www.ciudadespatrimonio.org
www.citcompostela.com
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Carlos
Pérez Vaquero
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