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Vista
aérea de Toledo
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La ciudad está enclavada en el corazón de la
Península Ibérica, sobre un promontorio granítico
que abraza el río Tajo. Sus orígenes se pierden
en la antigüedad más remota. Los romanos se instalan
en ella hacia el año190 a. C. Y los visigodos convierten
Toledo en la capital de su reino, época en la que alcanzará
un gran desarrollo. Los árabes permanecen más
de tres siglos, hasta que en el año 1085 Alfonso VI
llega victorioso a la misma. Son tiempos de convivencia y
tolerancia entre musulmanes, judíos y cristianos, lo
que favorece el auge de la ciudad, que se convierte en faro
de la cultura occidental con la Escuela de Traductores, auspiciada
por los reyes y arzobispos toledanos, y que alcanzó
su máximo brillo bajo el impulso de Alfonso X el Sabio.
Carlos V mandó construir su impresionante Alcázar
como Palacio Real. Su hijo, Felipe II trasladó definitivamente
la capital de la Monarquía a Madrid.
El visitante queda fascinado al recorrer el laberinto de
estrechas y retorcidas callejas, que siempre deparan nuevas
sorpresas al doblar esquina. Hay tanto que ver en Toledo,
que resulta imposible poder abarcarlo todo en una sola jornada.
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Catedral
de Toledo
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Sus Sinagogas, como la de Santa María la Blanca, y
la del Tránsito, legado maravilloso de la cultura hebrea.
O la antigua Judería, con sus casas de ladrillo, adobe
y madera, que en la Edad Media albergó una importante
comunidad.
Sus primitivas mezquitas, algunas abiertas al culto cristiano,
como la de El Salvador y la de Santiago del Arrabal. Otra
mezquita, la del Cristo de la Luz, pronto celebrará
su milenario. Innumerables son las Iglesias, entre ellas la
de San Ildefonso, San Nicolás , San Pedro Mártir,
San Miguel el Alto o Santo Tomé, estas dos últimas
con sus hermosas torres mudéjares. También la
de San Román, sede de un museo sobre la cultura visigoda.
Conventos como el de Santo Domingo el Real, de la Concepción
franciscana o Santo Domingo el Antiguo. Sobresaliendo del
perfil urbano aparece la magnífica Catedral gótica
de Toledo, una de las más importantes del mundo, con
sus extraordinarias fachadas y su interior bello y luminoso.
Y San Juan de los Reyes, obre cumbre del gótico toledano,
con su maravilloso claustro y la decoración de su capilla
mayor.
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Detalle
de la judería
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Durante el recorrido conviene hacer un alto en el camino
para adquirir la característica artesanía toledana.
El damasquinado, la espadería y los aceros repujados
son el símbolo y exponente de las más ricas
tradiciones toledanas, que se mantienen gracias al empeño
de los maestros artesanos. Pero hay también otros objetos
decorativos, entre los que hay que elegir la cerámica
de Talavera y el Puente del Arzobispo, alfombras, tapices
de Orgaz o los Yébenes, tallas de madera, muebles castellanos,
etc.
Casas y palacios se añaden al valioso patrimonio monumental
de esta ciudad, además de sus museos, entre los que
cabe señalar el dedicado al insigne pintor El Greco,
o el de Santa Cruz. Castillo y soberbios puentes sobre el
Tajo, como el de Alcántara o el de San Martín.
Murallas. Puertas imperiales, como la de Bisagra, la del Sol,
del cambrón, de Valmardón.
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Portada
barroca
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Edificios grandiosos como el Hospital de Tavera o el Alcázar.
Plazas emblemáticas, como la de Zocodover e incluso
ruinas romanas...
Llegada la hora de la comida, se aconseja probar la caza,
uno de los elementos básicos de la cocina toledana,
bien la perdiz estofada, la codorniz, la liebre o el conejo
al ajillo. También los asados de cordero o la ternera,
todo ello regado con los vinos de la tierra. Antes de pasar
a los variados postres, de mazapán, yemas y hornazos,
no está de más pinchar un trozo de queso en
aceite. Una cocina tradicional que ha sabido abrirse a las
nuevas tendencias y exigencias de los consumidores.
Cualquier momento del día es apropiado para realizar
un recorrido por la Ronda sur que bordea la ciudad, justo
al otro lado del río. Varios miradores ofrecen la posibilidad
de contemplar unas impresionantes vistas de Toledo, en especial
desde el Parador Nacional de Turismo “Conde de Orgaz”. El
Tajo acaricia los píes de esta mítica ciudad,
que aún acrecienta su embrujo bajo las farolas y focos
que alumbran sus monumentos, para que jamás caiga en
el olvido.
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