2.2.
Interior
La catedral de
Barcelona es un edificio de tres naves. Su ábside está rodeado
por un deambulatorio con capillas radiales, y la menor altura de estas
respecto a la de la bóveda del deambulatorio permite la apertura
en el muro de ventanales alargados. El crucero o transepto se marca sólo
espacialmente, y no sobresale en planta; se consigue a través de
la supresión de las capillas laterales del tramo que une el que
une el testero a las naves. Las naves se hallan rodeadas por capillas dispuestas
a lo largo de todo su perímetro, dispuestas entre los contrafuertes,
cuya masa queda englobada en el interior de la iglesia.
El interior de
la catedral se ha calificado de estilo catalán, en contraposición
a la arquitectura gótica que se desarrolla en el resto de la península
ibérica, de signo más decididamente francés. Las características
que diferencian a ésta y otras iglesias catalanas (p. ej. Santa
María del Mar) de sus contemporáneas son las siguientes:
Interior de la
catedral
A.- Los templos
acostumbran a tener una única nave, generalmente de gran altura.
Si hay naves laterales, como en el caso de la catedral, tienen igual altura
que la nave central.
B.- La consecuencia
directa del punto anterior es que se produce la sensación de un
espacio unificado, engrandecido, y de gran pureza arquitectónica.
Esta impresión se ve entorpecida en el caso de la catedral de Barcelona
por la presencia en medio de la nave central del coro, que rompe la perspectiva
de la misma.
El trascoro es de
mármol blanco, y fue ejecutado por Bartolomé Ordóñez
y sus ayudantes italianos a principios del s. XVI. Constituyen, en Barcelona,
el punto álgido de calidad y de espíritu renacentista. Las
tallas representan el martirio de Santa Eulalia, antigua patrona de la
ciudad hoy sustituida por Nuestra Senyora de la Merced. La joven Eulalia,
cristiana de Barcelona, fue martirizada durante su adolescencia por orden
del gobernador Daciano (s. IV); al no querer renunciar a su fe cristiana
sufrió azotes, se le desgarró la carne con garfios, se le
rociaron las heridas con aceite hirviendo y con plomo fundido, se la lanzó
por una pendiente metida dentro de un tonel lleno de cristales rotos y
clavos, se la encerró dentro de un corral infestado de pulgas, y,
finalmente, murió clavada a una cruz en forma de X. Durante muchos
años no se supo dónde se encontraban sus restos, pero en
el s. IX fueron localizados en la capilla de Santa María de las
Arenas - más tarde iglesia de Santa María del Mar-
y trasladados a la catedral.
Misericordia
del coro de la catedral
El coro fue iniciado
en el año 1380. Su elemento más destacable es la sillería
alta, de madera, ejecutada por el escultor Pere Ça Anglada con un
estilo grácil y elegante (gótico internacional). Incluye
cuarenta y ocho misericordias de temática preferentemente profana,
entre las cuales hay algunas tan curiosas como aquella en la que los protagonistas
sostienen palos y parecen jugar a algo similar al hoquey, la de la
pareja en actitud amorosa, la de la matanza del cerdo, o la escena
en que una vieja agarra y atiza con una especie de escoba a su marido mientras
una pareja más joven observa lo que está ocurriendo. La sillería
baja, tallada unas décadas más tarde por Macià Bonafé,
es mucho más sencilla. La decoración del conjunto se continuó
a finales del s. XV con unos doseletes y pináculos tallados
por los alemanes Miguel Lochner y Juan Federico de Kassel. Entre los años
1517 y 1518 Bartolomé Ordóñez ejecutó algunas
mamparas de roble del coro que representan escenas del antiguo testamento
con un denso contenido doctrinal, puesto que están dispuestas en
paralelos alusivos a la figura de Jesucristo. En 1519, con motivo de la
reunión en el coro del XIX Capítulo de la Orden del Toisón
de Oro, convocada por su Gran Maestre el emperador Carlos I, el pintor
Joan de Borgunya recibió el encargo de pintar los doseles y respaldos
de las sillas con escudos y leyendas.
Sepulcro de Santa
Eulalia
La cripta de la
catedral corresponde a la parte inferior del presbiterio, y se accede a
ella mediante una ancha escalinata. Está cubierta con dos tramos
de bóveda de crucería, y en la clave mayor de la misma se
esculpieron los relieves de la Virgen y de Santa Eulalia. La cripta está
presidida por el sepulcro de Santa Eulalia, de mármol blanco, que
fue solemnemente inaugurado en el año 1339 tras una fastuosa ceremonia
de traslación de las reliquias de la santa. Durante muchos años
se ignoró el nombre del autor del sepulcro, pero actualmente sabemos
que fue proyectado durante el segundo cuarto del s. XIV por el maestro
Lupo di Francesco, originario de Pisa. El sarcófago está
trabajado en relieve por todas sus caras con historias referentes a la
vida y martirios de la santa; la tapa incluye el traslado de sus
reliquias al sepulcro gótico en el año 1339 en su cara anterior,
y la ascensión de su alma al cielo en su parte posterior. Está
sobremontado por la imagen escultórica de la santa rodeada de dos
ángeles.
Las capillas laterales
poseen importantes obras de arte. Para comprender tal riqueza decorativa
es necesario tomar en consideración la gran importancia que en los
siglos del gótico tuvieron las corporaciones religiosas y gremiales,
que rivalizaron en la creación de sus altares en el interior de
la catedral y de otras iglesias. Así, durante la segunda mitad del
s. XV el pintor Jaume Huguet recibió encargos de algunos gremios
para ejecutar los retablos de sus capillas de la catedral. Desgraciadamente,
algunos de ellos han sufrido en gran manera el paso del tiempo o sólo
se conservan de ellos ciertas tablas (retablo de San Esteban de los freneros,
retablo de San Bernardino y del Ángel Custodio del gremio de los
esparteros y vidrieros), mientras que otros (retablo de los zapateros)
únicamente nos son conocidos por fotografías.
Durante los siglos
XIV y XV, los retablos fueron mayoritariamente pictóricos. Entre
las obras maestras de pintura la gótica conservadas en las capillas
de la catedral es necesario mencionar el retablo de la Transfiguración,
ejecutado por Bernat Martorell (1449-1452) con su inconfundible estilo
preciosista y repleto de detalles realistas y narrativos. Se puede ver
en la capilla de San Benito, una de las que rodean el deambulatorio. En
el centro del retablo aparece la figura de Jesús hablando a sus
discípulos acompañado de Moisés y Elías. A
cada uno de los lados hay dos tablas, referidas a la Transfiguración,
al momento posterior a la misma, y a los milagros de los panes y los peces
y de las bodas de Caná. Pero quizá son las escenas de la
predela o banco inferior del retablo las más conocidas, por su belleza
y perfección; entre ellas se hallan el encuentro con la samaritana
y el encuentro con la mujer cananea.
Bernat Martorell:
Retablo
de la Transfiguración.
Detalle
Aunque sin formar
parte de retablo alguno, son también de época gótica
algunos magníficos monumentos funerarios entre los que seleccionamos
el sepulcro del obispo Ramon d’Escales, en la capilla hoy conocida como
de las Almas del Purgatorio. Fue realizado por Antoni Canet (1409-1411)
y se enmarca dentro del estilo conocido como gótico internacional.
En su parte inferior, a lo largo de la parte frontal de la caja, se representa
la procesión funeraria del obispo, con ocho figuras de plañideros
encapuchados que muestran rostros y actitudes muy variados: unos se tiran
las barbas, otros se estrujan las manos, otros se tocan la mejilla o se
rasgan los ropajes..., gestos todos ellos interpretables como signos de
aflicción y de dolor. En la tapa, estirada, la imagen yacente del
obispo vestido de pontifical, con el alba, la casulla, el báculo,
la mitra...
A partir del siglo
XVI y hasta el siglo XVIII la mayoría de retablos fueron realizados
por escultores y tallistas, y la catedral barcelonesa conserva un conjunto
muy representativo de la escultura polícroma catalana de época
moderna. Entre ellos cabe destacar el retablo del Roser (del Rosario),
tallado por Agustín Pujol hacia 1619, que incluye magníficos
relieves con historias de la vida de Jesús y de María.
Custodia de la
catedral
de Barcelona
Aún en el
interior de la catedral, la sacristía conserva objetos litúrgicos
y piezas de orfebrería, entre los que destacan el conjunto formado
por la custodia, la denominada “silla del rey Martín”, la
“banda del rey Martín”, tres coronas y otras piezas de joyería.
Según la tradición, las dos coronas fueron regaladas a la
catedral por el rey Martín, como también se cree que lo fue
la silla de plata sobredorada. La custodia acostumbra a estar colocada
sobre la silla y es una pieza fundamental de la orfebrería gótica.
Otra obra clave es la cruz procesional de Santa Eulalia, de plata dorada
y esmaltada, obra del platero barcelonés Francesc Vilardell; en
el reverso de la misma se pueden ver, en esmalte translúcido, la
figura de Santa Eulalia y los cuatro evangelistas.

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