4.
Un paseo por la pintura mural:
Los principales
conjuntos, características, programas iconográficos, temáticas...
Si nos dirigimos
hacia la segunda sala de románico, encontraremos un espacio que
pretende reproducir el interior de una iglesia. Se trata de la iglesia
parroquial de Sant Joan de Boí. Esta reproducción del espacio
nos permite conocer donde se ubicaban sus pinturas originalmente. Las pinturas
datan alrededor del 1100 y son consideradas como uno de los primeros conjuntos
del románico catalán.
En el muro de la
izquierda podremos observar un plafón con una escena que reproduce
la Lapidación de San Esteban, el primer mártir de la iglesia
cristiana, que encontró la muerte siendo apedreado. Lo vemos aquí
en actitud serena recibiendo la fuerza de Dios, cuya representación
es esa mano.
Lapidación
de San Esteban. Sant Joan de Boí
EJERCICIO
Ahora buscad entre
las pinturas de esta misma iglesia estas figuras:

Dibujos de dos
animales del bestiario
En el interior de
los arcos que separaban la nave central de la iglesia de las laterales
se despliega un bestiario monumental. Los bestiarios eran unos tratados
didáctico-morales donde los animales tanto reales como fantásticos
eran descritos y se buscaba en sus rasgos y costumbres una comparación
con los vicios, virtudes y conductas del hombre, de Cristo y del demonio.
Finalmente en el
muro de la derecha encontramos una escena de juglares, dos malabaristas
y un músico. Aunque no se trata de ningún pasaje de las Escrituras
esta tiene razón de ser en tanto que las iglesias eran verdaderos
centros culturales y sociales en la Edad Media. En ellas se celebraban
reuniones, fiestas, espectáculos…
A finales del siglo
XI la influencia de la pintura del Norte de Italia llega a Cataluña.
Esta pintura tiene como exponente más claro el conjunto de Sant
Quirze de Pedret del cual en el Museo se conservan los ábsides laterales
mientras que la decoración del ábside central está
ubicado en el Museu Diocesà i Comarcal de Solsona.
Relacionados con
esta obra, encontramos una serie de conjuntos muy cercanos estilísticamente,
formando parte del llamado círculo de Pedret, son los ábsides
de Santa Maria d’Àneu i Sant Pere del Burgal.
Ábside
de Santa Maria d’Àneu
En el primero de
ellos podemos observar un programa iconográfico muy complejo. Su
lectura empezaría por la parte inferior donde dos serafines –la
mayor categoría entre los ángeles- monumentales con las seis
alas llenas de ojos, purifican la palabra de los profetas Isaías
y Elías mediante unas tenazas, sellándoles la boca.
Las pinturas que
se encontraban en la parte superior del ábside, hoy bastante perdidas,
representaban el cumplimiento de estas profecías bíblicas,
con el Mesías sentado en el regazo de María, presentándolo
ésta a la adoración de los reyes magos. Precisamente serán
los reyes magos los primeros que darán fe de que el niño
Jesús es el verdadero Redentor. En los extremos y en buena parte
perdidas las pinturas se encuentran los arcángeles –otra categoría
de ángeles- que forman parte de las milicias celestiales.
En el ábside
del monasterio de Sant Pere del Burgal también se han perdido las
pinturas de la parte superior y se conservan mayormente las figuras que
ocupan el registro medio. ¿Qué significado tienen estas pinturas?
En el registro
superior encontraríamos un Cristo en Majestad (Maiestas Domini)
sentado en el arco del cielo y con los pies sobre la tierra, dentro de
la mandorla, una forma de almendra que responde a la idea que la divinidad
no tiene ni tiempo ni espacio, es eterno. Lo vemos aquí acompañado
de los arcángeles en los extremos y dos profetas.
Ábside
de Sant Pere del Burgal
En el registro medio
se demuestra el significado eucarístico de la pintura: las cuatro
figuras centrales corresponden de izquierda a derecha a San Pedro, la Virgen
María, San Juan Bautista y Pablo. María, convertida en la
imagen de la iglesia ostenta el cáliz, al otro lado de la ventana
San Juan Bautista, el Precursor de Cristo, lleva el Cordero, símbolo
de la muerte y resurrección de Cristo. En los extremos Pedro, que
según el evangelio de Mateo es la piedra dónde Cristo edificará
su iglesia y Pablo, el apóstol de los gentiles y el primero en difundir
el cristianismo.
Figura de la
Condesa Llúcia
Fíjate ahora
en el registro inferior: en el extremo derecho se ha conservado la
figura de una mujer. ¿Sabes quién es? Se trata del
primer retrato femenino del Museo y corresponde a la condesa Llúcia
de Pallars, esposa de Artau I, la cual se encargó del gobierno del
condado al enviudar. Esta representación como donante, la persona
que patrocina la obra, nos permite dar una cronología bastante exacta
de las pinturas, ya que corresponderían probablemente al periodo
de su viudedad, entre 1081 y 1090.
Avanzando por las
salas,
llegaremos a uno de los conjuntos más importantes de la pintura
mural románica catalana y europea, son las pinturas de la iglesia
de Sant Climent de Taüll, en la vall de Boí. En el Museu Nacional
d’Art de Catalunya se conserva la decoración del ábside central,
la de los dos arcos triunfales que preceden el ábside y también
la del ábside lateral Norte.
Aunque el conjunto
de pintura mural de Sant Climent de Taüll ha sido objeto de estudio
de muchos historiadores, no hay aún bastantes paralelismos sobre
el estilo que nos permitan explicar el origen directo del pintor que realizó
una de las obras más perfectas del arte románico. De la mayor
parte de estos estudios se desprende una fuerte influencia bizantina en
las pinturas que llegaría a Cataluña a través de la
pintura lombarda.
En la parte superior
del ábside se presenta la figura del Cristo en Majestad dentro de
la mandorla. Es una figura solemne y majestuosa, que bendice con la mano
derecha y con la izquierda sostiene un libro abierto con la inscripción
“ego sum lux mundi” (yo soy la luz del mundo, cita del evangelio de San
Juan 1,5). La luz se interpreta como creación, la vida, opuesta
a las tinieblas del mal y de la noche. La luz es también la palabra
de los profetas que iluminó a los apóstoles, la verdad que
nos revela el conocimiento de Dios.
Los rasgos de la
cara, enmarcados por una larga cabellera, se ordenan en una perfecta simetría,
destacándose el dibujo de los ojos. Cristo lleva túnica,
gris y blanca y un gran manto azul con un ribete de pedrería. Los
pliegues del vestido configuran un volumen rico y elegante.
A los lados de
Cristo, la primera y la última letra del alfabeto griego, alfa y
omega, indicando que él es el principio y el fin de todas las cosas,
tal como nos dice el libro del Apocalipsis.
Fuera de la mandorla
se elabora una composición muy elaborada del Tetramorfos, la representación
alegórica de los cuatro evangelistas. En la parte superior izquierda
San Mateo, representado por un ángel y a la derecha San Juan, una
águila, en este caso llevada también por un ángel
entre los brazos. En la parte inferior dentro de cuatro círculos,
dos ángeles acompañan a la parte izquierda un león,
San Marcos y a la derecha un toro, Lucas.
|