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PINTURA MURAL ROMÁNICA 2/3
Mª Mercè Riera i Arnijas
T-CUA Tutories Culturals i Artístiques
 

4. Un paseo por la pintura mural: 
Los principales conjuntos, características, programas iconográficos, temáticas...
Si nos dirigimos hacia la segunda sala de románico, encontraremos un espacio que pretende reproducir el interior de una iglesia. Se trata de la iglesia parroquial de Sant Joan de Boí. Esta reproducción del espacio nos permite conocer donde se ubicaban sus pinturas originalmente. Las pinturas datan alrededor del 1100 y son consideradas como uno de los primeros conjuntos del románico catalán.
En el muro de la izquierda podremos observar un plafón con una escena que reproduce la Lapidación de San Esteban, el primer mártir de la iglesia cristiana, que encontró la muerte siendo apedreado. Lo vemos aquí en actitud serena recibiendo la fuerza de Dios, cuya representación es esa mano.

Lapidación de San Esteban. Sant Joan de Boí

EJERCICIO
Ahora buscad entre las pinturas de esta misma iglesia estas figuras:

Dibujos de dos animales del bestiario

En el interior de los arcos que separaban la nave central de la iglesia de las laterales se despliega  un bestiario monumental. Los bestiarios eran unos tratados didáctico-morales donde los animales tanto reales como fantásticos eran descritos y se buscaba en sus rasgos y costumbres una comparación con los vicios, virtudes y conductas del hombre, de Cristo y del demonio.
Finalmente en el muro de la derecha encontramos una escena de juglares, dos malabaristas y un músico. Aunque no se trata de ningún pasaje de las Escrituras esta tiene razón de ser en tanto que las iglesias eran verdaderos centros culturales y sociales en la Edad Media. En ellas se celebraban reuniones, fiestas, espectáculos…
A finales del siglo XI la influencia de la pintura del Norte de Italia llega a Cataluña. Esta pintura tiene como exponente más claro el conjunto de Sant Quirze de Pedret del cual en el Museo se conservan los ábsides laterales mientras que la decoración del ábside central está ubicado en el Museu Diocesà i Comarcal de Solsona.
Relacionados con esta obra, encontramos una serie de conjuntos muy cercanos estilísticamente, formando parte del llamado círculo de Pedret, son los ábsides de Santa Maria d’Àneu i Sant Pere del Burgal.

Ábside de Santa Maria d’Àneu

En el primero de ellos podemos observar un programa iconográfico muy complejo. Su lectura empezaría por la parte inferior donde dos serafines –la mayor categoría entre los ángeles- monumentales con las seis alas llenas de ojos, purifican la palabra de los profetas Isaías y Elías mediante unas tenazas, sellándoles la boca.
Las pinturas que se encontraban en la parte superior del ábside, hoy bastante perdidas, representaban el cumplimiento de estas profecías bíblicas, con el Mesías sentado en el regazo de María, presentándolo ésta a la adoración de los reyes magos. Precisamente serán los reyes magos los primeros que darán fe de que el niño Jesús es el verdadero Redentor. En los extremos y en buena parte perdidas las pinturas se encuentran los arcángeles –otra categoría de ángeles- que forman parte de las milicias celestiales.

En el ábside del monasterio de Sant Pere del Burgal también se han perdido las pinturas de la parte superior y se conservan mayormente las figuras que ocupan el registro medio. ¿Qué significado tienen estas pinturas?
En el registro superior encontraríamos un Cristo en Majestad (Maiestas Domini) sentado en el arco del cielo y con los pies sobre la tierra, dentro de la mandorla, una forma de almendra que responde a la idea que la divinidad no tiene ni tiempo ni espacio, es eterno. Lo vemos aquí acompañado de los arcángeles en los extremos y dos profetas.

Ábside de Sant Pere del Burgal

En el registro medio se demuestra el significado eucarístico de la pintura: las cuatro figuras centrales corresponden de izquierda a derecha a San Pedro, la Virgen María, San Juan Bautista y Pablo. María, convertida en la imagen de la iglesia ostenta el cáliz, al otro lado de la ventana San Juan Bautista, el Precursor de Cristo, lleva el Cordero, símbolo de la muerte y resurrección de Cristo. En los extremos Pedro, que según el evangelio de Mateo es la piedra dónde Cristo edificará su iglesia y Pablo, el apóstol de los gentiles y el primero en difundir el cristianismo.

Figura de la Condesa Llúcia

Fíjate ahora en el registro  inferior: en el extremo derecho se ha conservado la figura de una mujer. ¿Sabes quién es? Se trata del    primer retrato femenino del Museo y corresponde a la condesa Llúcia de Pallars, esposa de Artau I, la cual se encargó del gobierno del condado al enviudar. Esta representación como donante, la persona que patrocina la obra, nos permite dar una cronología bastante exacta de las pinturas, ya que corresponderían probablemente al periodo de su viudedad, entre 1081 y 1090.
Avanzando por las salas, llegaremos a uno de los conjuntos más importantes de la pintura mural románica catalana y europea, son las pinturas de la iglesia de Sant Climent de Taüll, en la vall de Boí. En el Museu Nacional d’Art de Catalunya se conserva la decoración del ábside central, la de los dos arcos triunfales que preceden el ábside y también la del ábside lateral Norte.
Aunque el conjunto de pintura mural de Sant Climent de Taüll ha sido objeto de estudio de muchos historiadores, no hay aún bastantes paralelismos sobre el estilo que nos permitan explicar el origen directo del pintor que realizó una de las obras más perfectas del arte románico. De la mayor parte de estos estudios se desprende una fuerte influencia bizantina en las pinturas que llegaría a Cataluña a través de la pintura lombarda.

En la parte superior del ábside se presenta la figura del Cristo en Majestad dentro de la mandorla. Es una figura solemne y majestuosa, que bendice con la mano derecha y con la izquierda sostiene un libro abierto con la inscripción “ego sum lux mundi” (yo soy la luz del mundo, cita del evangelio de San Juan 1,5). La luz se interpreta como creación, la vida, opuesta a las tinieblas del mal y de la noche. La luz es también la palabra de los profetas que iluminó a los apóstoles, la verdad que nos revela el conocimiento de Dios.
Los rasgos de la cara, enmarcados por una larga cabellera, se ordenan en una perfecta simetría, destacándose el dibujo de los ojos. Cristo lleva túnica, gris y blanca y un gran manto azul con un ribete de pedrería. Los pliegues del vestido configuran un volumen rico y elegante.
A los lados de Cristo, la primera y la última letra del alfabeto griego, alfa y omega, indicando que él es el principio y el fin de todas las cosas, tal como nos dice el libro del Apocalipsis.
Fuera de la mandorla se elabora una composición muy elaborada del Tetramorfos, la representación alegórica de los cuatro evangelistas. En la parte superior izquierda San Mateo, representado por un ángel y a la derecha San Juan, una águila, en este caso llevada también por un ángel entre los brazos. En la parte inferior dentro de cuatro círculos, dos ángeles acompañan a la parte izquierda un león, San Marcos y a la derecha  un toro, Lucas.