1.
Conceptos fundamentales y elementos característicos
La arquitectura
románica andorrana se caracteriza principalmente por una carencia
de edificios monumentales. Este hecho no nos ha de extrañar en absoluto
si nos situamos en el momento histórico en que se produce la eclosión
del estilo románico y su llegada a los valles andorranos. Los centros
de poder se encontraban fuera de los valles: La Seu d’Urgell, Castellciutat,
Castellbó, Foix, etc., como también lo estaban los principales
centros de creación artística del momento: Ripoll, Vic, Girona,
Barcelona, Toulouse, Cluny, etc.
Otro factor determinante
en la caracterización del románico de Andorra es su peculiar
orografía de alta montaña, con un entorno salvaje y hostil,
y con unas vías de comunicación precarias que no permitían
la llegada de grandes influencias a su territorio. También determinará
la naturaleza de sus construcciones la población, dispersa en pequeños
núcleos de habitación o en masías aisladas, que no
requieren grandes edificios para su uso comunal.
Como resultado
de todo ello nos encontramos con una arquitectura típica de zonas
de alta montaña, de difícil acceso y alejadas de los grandes
centros urbanos, económicos, políticos, culturales y artísticos.
La arquitectura
románica de Andorra tiene muchos puntos en común con la que
encontramos en otros lugares y parajes de las vecinas comarcas del Pallars
Sobirà, Alta Ribargorça, Vall d’Aran, del Pirineo aragonés,
etc.
Se caracteriza
por la utilización de materiales autóctonos como la piedra
pómez, la pizarra, la piedra calcárea, las maderas, etc.
Este hecho tiene una cierta importancia dado que siempre se ha considerado
que la falta de escultura monumental en el románico andorrano se
debe precisamente al uso de estos materiales pétreos autóctonos
que no son aptos para esculpir imágenes o figuras. Es esta una verdad
incompleta, ya que hemos de pensar que en los condados catalanes, a los
cuales pertenecía Andorra, existía una importante tradición
de arquitectura sin decoración escultórica que tiene su origen
en el primer románico, o románico lombardo, del cual es un
magnífico ejemplo la catedral de la Seu d’Urgell.
Como es lógico,
las pequeñas comunidades que conformaban las parroquias de los valles
andorranos no tenían necesidad de grandes templos. Es por esta razón
que la mayoría de iglesias románicas andorranas son pequeñas
y, en algunos casos no pasan de ser sencillas capillas. Por lo general,
presentan nave única de salón con ábside, semicircular
o trapezoidal, orientado, como es habitual hacia el Este. Suelen tener
pocas aberturas, hecho por otra parte nada extraño en construcciones
modestas en donde la calidad de los materiales y la capacidad de los maestros
de obra no permiten demasiadas alegrías constructivas. La puerta
de acceso al interior del templo acostumbra a encontrarse emplazada en
el muro sur de la nave, protegida por un sencillo pórtico o porche
de madera y un recinto cerrado, o sagrera, con un pequeño muro de
piedra. No es en absoluto extraño encontrar adosado al exterior
de la nave un campanario de torre, en la mayoría de los casos de
planta cuadrangular y de estilo lombardo.
Principales monumentos
de época románica en Andorra
Esta tipología
arquitectónica, que responde a la necesidad de aplicar una liturgia
específica y adaptada a una construcción de dimensiones reducidas,
tiene también un marcado sentido práctico que no debemos
obviar y, que en muchas ocasiones, los libros que trata de arquitectura
no recogen con suficiente amplitud. Una iglesia rural, además de
cumplir sus funciones como recinto sagrado (misas, oficios litúrgicos,
bautizos, entierros, procesiones, etc.), sirve también como centro
de reunión de la comunidad. En ella se da cita el consejo del pueblo,
se realizan los trueques entre pastores, ganaderos, agricultores, artesanos,
etc. Es por esta razón que encontramos el recinto cerrado alrededor
del templo, puesto que permite mantener a buen recaudo al ganado, caballerías,
etc. También por esta misma razón, entre otras, se encuentra
el pórtico al sur de la nave, ya que éste es el sitio más
soleado y, por tanto, más acogedor del exterior del templo. Pero
no hemos de olvidar nunca que su principal función es sacra, donde
se celebran diversos actos litúrgicos, o representaciones de teatro
medieval (ver: El retaule de Sant Ermengol, de la catedral de la Seu d’Urgell,
o Les Homilies d’Organyà, de Santa María d’Organyà).
El campanario era,
además de la construcción destinada a acoger las campanas,
una auténtica atalaya. También se utilizaba como medio para
transmitir noticias o mensajes (incendios, ataques, etc.). En este sentido
es especialmente interesante comprobar como, en la mayoría de los
casos, los campanarios tienen, dentro de su campo visual los campanarios
de las iglesias colindantes.
Otra de las características
de la arquitectura románica andorrana es la presencia de obras de
influencia lombarda en un número elevado y significativo. Dentro
de este apartado merecen nuestra atención los campanarios lombardos
de Sant Joan de Caselles, Sant Climent de Pal, Santa Eulàlia, Sant
Miquel d’Engolasters... y muy especialmente el campanario circular de Santa
Coloma.
En las iglesias
románicas de los valles andorranos encontramos una importante muestra
de pintura mural, y todo nos hace pensar que también debió
existir una interesante pintura sobre tabla. Esta pintura, que como en
el caso de la arquitectura, se encuentra muy apartada de las producciones
de los grandes maestros, conforma, a pesar de ello, un importante grupo
que merece ser estudiado de manera más profunda.
2. - Los principales
edificios y monumentos
2.1. Sant Joan
de Caselles
Se trata de uno
de los más populares ejemplos de la arquitectura románica
andorrana. Se encuentra en el antiguo camino de Canillo (hoy Carretera
General 2, en dirección a Francia). Iglesia poco documentada en
época medieval, conservamos, no obstante, documentos relativos a
la población de Canillo en las Concordias de los años 1162
y 1176. El primer documento que hace referencia expresa a la iglesia se
encuentra en una visita pastoral del arzobispo que data del año
1312. En ella se precisa que la iglesia de Sant Joan de Caselles está
bajo la custodia del rector de la iglesia parroquial de Canillo.
El templo de Caselles
presenta una sola nave rectangular con ábside semicircular con ventana
de doble derrame, construido con posterioridad a la nave.
En el lado norte
de la nave se eleva el campanario de torre de planta cuadrangular, de estilo
lombardo. Presenta tres niveles de ventanales, los dos superiores dobles.
Actualmente se comunica con el interior del templo mediante un cuerpo rectangular,
añadido, puesto que el campanario, en origen, era independiente
del resto del templo.
Sant Joan de
Caselles
Esta iglesia presenta,
excepcionalmente, la puerta de acceso a su interior en el lado norte de
la nave. La explicación de este cambio de emplazamiento, es muy
sencilla: el lado sur del templo se levanta sobre un precipicio que cae
directamente sobre el río Valira de Oriente. De los dos pórticos
que tiene la iglesia, el que ocupa el emplazamiento original es el del
norte, que sirve de cobijo a la puerta; el segundo, a los pies del templo,
fue añadido siglos después. La sagrera que rodeaba el templo,
y que aún podemos apreciar en fotografías no muy antiguas,
fue desapareciendo a medida que se ampliaba la Carretera General núm.
2 que, como hemos dicho, comunica Andorra con Francia.
Durante una restauración
del templo se encontraron la cabeza y otras piezas de estuco, que pertenecían
a una figura de Jesucristo del mural de la Crucifixión que se encuentra
en la pared de mediodía de la nave y que permitieron su reconstrucción.
El ábside
está actualmente presidido por un retablo de estilo renacentista,
obra del llamado Maestro de Canillo, dedicado a la figura de san Juan,
patrón de la iglesia de Caselles.
2.2. Santa Eulàlia
d’Encamp
Como en el caso
de Sant Joan de Caselles, no disponemos de noticia documental alguna de
época medieval de la iglesia de Santa Eulàlia, pero sí
de la parroquia d’Encamp: en el año 952, se cita Encamp en el Acta
de Consagración de la iglesia de Castellciutat. El 23 de junio de
1083, el conde Ermengol IV d’Urgell, realiza una donación en la
que se cita otra vez Encamp. En 1312, con motivo de una visita parroquial,
se comenta que la iglesia está desprovista de objetos litúrgicos
y que, antes que el obispo se quedara con los diezmos y las primicias,
esta iglesia tenía dos capellanes en vez de uno.
El edificio actual
es el resultado de diversas campañas constructivas, restauraciones
y añadidos:
1. Nave y campanarios
románicos, de la primera mitad del siglo XII.
2. Ampliación
de la nave por el lado oeste, en el siglo XVII.
3. 1924-1926: Substitución
del ábside semicircular por el cuadrangular actual.
4. 1970: Restauración
del campanario, según proyecto del arquitecto Cèsar Martinell
i Brunet
5. 1987-1989: Restauración
y ampliación del templo. Urbanización del entorno. Proyecto
del Estudio de Arquitectura Martorell, Bohigas y Mackay. Esta última
intervención se llevó a cabo aún cuando los técnicos
del Patrimonio Artístico Nacional del Gobierno de Andorra desaconsejaron
la ampliación del templo.
Santa Eulàlia
d'Encamp
En origen era una
iglesia de una sola nave de salón rectangular, con ábside
semicircular y campanario adosado en el muro sur de la nave. El pórtico,
del cual desconocemos la fecha exacta de construcción, aparece documentado
por primera vez en el siglo XIV; puede que se trate del original,
pero no con el aspecto que tiene hoy en día.
El elemento más
significativo del templo es su esbelto campanario de estilo lombardo, de
planta cuadrangular. Presenta tres pisos de ventanas geminadas enmarcadas
por arcuaciones lombardas realizadas con piedra pómez. Es uno de
los mejores ejemplos de campanario de estilo lombardo conservado en
Andorra, y el más alto de todos ellos. Por sus características
se considera que fue construido dentro de la primera mitad del siglo XI.
Del interior del
templo destacaremos la pila bautismal del siglo XII, realizada en granito
y ornamentada con arcuaciones ciegas bajo las que aparecen sendas cruces,
todo ello en relieve.
2.3. Castillo
de les Bons
El conjunto fortificado
de les Bons está formado por diversas construcciones de épocas
diferentes, las cuales, a excepción de la iglesia, se conservan
en un estado más o menos ruinoso.
Actualmente el
visitante puede contemplar una torre de defensa, algunos muros que probablemente
pertenecían a la muralla, un depósito de agua y su canalización,
dos palomares (¿antiguas torres?) y la iglesia de Sant Romà.
Castillo de les
Bons. Vista general.
Iglesia de Sant
Romà y "Torre dels Moros"
De manera sorprendente,
no disponemos de noticias documentales sobre el castillo. Éste ha
sido siempre relacionado con los Caboet, aunque no dispongamos de ninguna
prueba que lo confirme. El documento más directo sobre alguna de
las construcciones de Les Bons, de época medieval, es el acta de
consagración de la iglesia de Sant Romà, del año 1164.
2.3.1. - Edificios
civiles y militares
El edificio principal
del conjunto actual es la torre de defensa, conocida popularmente como
la “Torre dels Moros”. Se accedía a ella por medio de un puente
que se encontraba en el muro oeste, del cual sólo se conserva el
arranque del primer arco. Presenta planta cuadrangular con un total de
cuatro pisos en altura. Los muros están revocados y presentan aspilleras
y matacanes en los pisos superiores. No tiene cimientos y se asienta directamente
sobre la roca madre. El hundimiento de los muros sur y oeste se debió,
probablemente, a un desprendimiento de la roca.
Las otras torres
que se conserva, y que se supone que formaban parte del recinto amurallado,
son las palomares de Rossell i Cotxa. La segunda, la de Cotxa, se
comenzó a reconvertir en vivienda pero nunca se acabaron las obras.
Su construcción es anterior al siglo XVII, como lo demuestra un
grafito fechado en 1625 en donde aparece el nombre de Joan Rossell. Las
aspilleras que se abren en sus muros podrían demostrar su pertenencia
al castillo. Incluso la presencia de un festejador en un ventanal que da
al sur no podría llevar a pensar en la torre del homenaje del castillo.
La palomar de Rossell,
ya restaurado, se localiza muy cerca del depósito de agua. No presenta
ningún elemento defensivo ni grafitos, hecho que dificulta en gran
medida su datación.
El depósito
de agua, conocido como “Baño de la Reina Mora”, se encuentra emplazado
al noroeste del recinto. Se trata de un depósito de agua excavado
en la roca y cerrado por un muro de piedras muy bien talladas y dispuestas
en la cara interior para evitar posibles escapes de agua. Recoge las aguas
procedentes del cercano río de Les Bons, desde donde se distribuye,
por medio de un canal, por todo el recinto.

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