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LA ARQUITECTURA ROMÁNICA EN ANDORRA 1/4

 Francesc-Xavier Mingorance i Ricart
T-CUA, Tutories Culturals i Artístiques

 

1. Conceptos fundamentales y elementos característicos
La arquitectura románica andorrana se caracteriza principalmente por una carencia de edificios monumentales. Este hecho no nos ha de extrañar en absoluto si nos situamos en el momento histórico en que se produce la eclosión del estilo románico y su llegada a los valles andorranos. Los centros de poder se encontraban fuera de los valles: La Seu d’Urgell, Castellciutat, Castellbó, Foix, etc., como también lo estaban los principales centros de creación artística del momento: Ripoll, Vic, Girona, Barcelona, Toulouse, Cluny, etc.
Otro factor determinante en la caracterización del románico de Andorra es su peculiar orografía de alta montaña, con un entorno salvaje y hostil, y con unas vías de comunicación precarias que no permitían la llegada de grandes influencias a su territorio. También determinará la naturaleza de sus construcciones la población, dispersa en pequeños núcleos de habitación o en masías aisladas, que no requieren grandes edificios para su uso comunal.
Como resultado de todo ello nos encontramos con una arquitectura típica de zonas de alta montaña, de difícil acceso y alejadas de los grandes centros urbanos, económicos, políticos, culturales y artísticos. 
La arquitectura románica de Andorra tiene muchos puntos en común con la que encontramos en otros lugares y parajes de las vecinas comarcas del Pallars Sobirà, Alta Ribargorça, Vall d’Aran, del Pirineo aragonés, etc.
Se caracteriza por la utilización de materiales autóctonos como la piedra pómez, la pizarra, la piedra calcárea, las maderas, etc. Este hecho tiene una cierta importancia dado que siempre se ha considerado que la falta de escultura monumental en el románico andorrano se debe precisamente al uso de estos materiales pétreos autóctonos que no son aptos para esculpir imágenes o figuras. Es esta una verdad incompleta, ya que hemos de pensar que en los condados catalanes, a los cuales pertenecía Andorra, existía una importante tradición de arquitectura sin decoración escultórica que tiene su origen en el primer románico, o románico lombardo, del cual es un magnífico ejemplo la catedral de la Seu d’Urgell.
Como es lógico, las pequeñas comunidades que conformaban las parroquias de los valles andorranos no tenían necesidad de grandes templos. Es por esta razón que la mayoría de iglesias románicas andorranas son pequeñas y, en algunos casos no pasan de ser sencillas capillas. Por lo general, presentan nave única de salón con ábside, semicircular o trapezoidal, orientado, como es habitual hacia el Este. Suelen tener pocas aberturas, hecho por otra parte nada extraño en construcciones modestas en donde la calidad de los materiales y la capacidad de los maestros de obra no permiten demasiadas alegrías constructivas. La puerta de acceso al interior del templo acostumbra a encontrarse emplazada en el muro sur de la nave, protegida por un sencillo pórtico o porche de madera y un recinto cerrado, o sagrera, con un pequeño muro de piedra. No es en absoluto extraño encontrar adosado al exterior de la nave un campanario de torre, en la mayoría de los casos de planta cuadrangular y de estilo lombardo.

Principales monumentos de época románica en Andorra

Esta tipología arquitectónica, que responde a la necesidad de aplicar una liturgia específica y adaptada a una construcción de dimensiones reducidas, tiene también un marcado sentido práctico que no debemos obviar y, que en muchas ocasiones, los libros que trata de arquitectura no recogen con suficiente amplitud. Una iglesia rural, además de cumplir sus funciones como recinto sagrado (misas, oficios litúrgicos, bautizos, entierros, procesiones, etc.), sirve también como centro de reunión de la comunidad. En ella se da cita el consejo del pueblo, se realizan los trueques entre pastores, ganaderos, agricultores, artesanos, etc. Es por esta razón que encontramos el recinto cerrado alrededor del templo, puesto que permite mantener a buen recaudo al ganado, caballerías, etc. También por esta misma razón, entre otras, se encuentra el pórtico al sur de la nave, ya que éste es el sitio más soleado y, por tanto, más acogedor del exterior del templo. Pero no hemos de olvidar nunca que su principal función es sacra, donde se celebran diversos actos litúrgicos, o representaciones de teatro medieval (ver: El retaule de Sant Ermengol, de la catedral de la Seu d’Urgell, o Les Homilies d’Organyà, de Santa María d’Organyà).
El campanario era, además de la construcción destinada a acoger las campanas, una auténtica atalaya. También se utilizaba como medio para transmitir noticias o mensajes (incendios, ataques, etc.). En este sentido es especialmente interesante comprobar como, en la mayoría de los casos, los campanarios tienen, dentro de su campo visual los campanarios de las iglesias colindantes.
Otra de las características de la arquitectura románica andorrana es la presencia de obras de influencia lombarda en un número elevado y significativo. Dentro de este apartado merecen nuestra atención los campanarios lombardos de Sant Joan de Caselles, Sant Climent de Pal, Santa Eulàlia, Sant Miquel d’Engolasters... y muy especialmente el campanario circular de Santa Coloma.
En las iglesias románicas de los valles andorranos encontramos una importante muestra de pintura mural, y todo nos hace pensar que también debió existir una interesante pintura sobre tabla. Esta pintura, que como en el caso de la arquitectura, se encuentra muy apartada de las producciones de los grandes maestros, conforma, a pesar de ello, un importante grupo que merece ser estudiado de manera más profunda.

2. - Los principales edificios y monumentos

2.1. Sant Joan de Caselles
Se trata de uno de los más populares ejemplos de la arquitectura románica andorrana. Se encuentra en el antiguo camino de Canillo (hoy Carretera General 2, en dirección a Francia). Iglesia poco documentada en época medieval, conservamos, no obstante, documentos relativos a la población de Canillo en las Concordias de los años 1162 y 1176. El primer documento que hace referencia expresa a la iglesia se encuentra en una visita pastoral del arzobispo que data del año 1312. En ella se precisa que la iglesia de Sant Joan de Caselles está bajo la custodia del rector de la iglesia parroquial de Canillo.
El templo de Caselles presenta una sola nave rectangular con ábside semicircular con ventana de doble derrame, construido con posterioridad a la nave.
En el lado norte de la nave se eleva el campanario de torre de planta cuadrangular, de estilo lombardo. Presenta tres niveles de ventanales, los dos superiores dobles. Actualmente se comunica con el interior del templo mediante un cuerpo rectangular, añadido, puesto que el campanario, en origen, era independiente del resto del templo.

Sant Joan de Caselles

Esta iglesia presenta, excepcionalmente, la puerta de acceso a su interior en el lado norte de la nave. La explicación de este cambio de emplazamiento, es muy sencilla: el lado sur del templo se levanta sobre un precipicio que cae directamente sobre el río Valira de Oriente. De los dos pórticos que tiene la iglesia, el que ocupa el emplazamiento original es el del norte, que sirve de cobijo a la puerta; el segundo, a los pies del templo, fue añadido siglos después. La sagrera que rodeaba el templo, y que aún podemos apreciar en fotografías no muy antiguas, fue desapareciendo a medida que se ampliaba la Carretera General núm. 2 que, como hemos dicho, comunica Andorra con Francia.
Durante una restauración del templo se encontraron la cabeza y otras piezas de estuco, que pertenecían a una figura de Jesucristo del mural de la Crucifixión que se encuentra en la pared de mediodía de la nave y que permitieron su reconstrucción.
El ábside está actualmente presidido por un retablo de estilo renacentista, obra del llamado Maestro de Canillo, dedicado a la figura de san Juan, patrón de la iglesia de Caselles.

2.2. Santa Eulàlia d’Encamp
Como en el caso de Sant Joan de Caselles, no disponemos de noticia documental alguna de época medieval de la iglesia de Santa Eulàlia, pero sí de la parroquia d’Encamp: en el año 952, se cita Encamp en el Acta de Consagración de la iglesia de Castellciutat. El 23 de junio de 1083, el conde Ermengol IV d’Urgell, realiza una donación en la que se cita otra vez Encamp. En 1312, con motivo de una visita parroquial, se comenta que la iglesia está desprovista de objetos litúrgicos y que, antes que el obispo se quedara con los diezmos y las primicias, esta iglesia tenía dos capellanes en vez de uno.
El edificio actual es el resultado de diversas campañas constructivas, restauraciones y añadidos:
1. Nave y campanarios románicos, de la primera mitad del siglo XII.
2. Ampliación de la nave por el lado oeste, en el siglo XVII.
3. 1924-1926: Substitución del ábside semicircular por el cuadrangular actual.
4. 1970: Restauración del campanario, según proyecto del arquitecto Cèsar Martinell i Brunet
5. 1987-1989: Restauración y ampliación del templo. Urbanización del entorno. Proyecto del Estudio de Arquitectura Martorell, Bohigas y Mackay. Esta última intervención se llevó a cabo aún cuando los técnicos del Patrimonio Artístico Nacional del Gobierno de Andorra desaconsejaron la ampliación del templo.

Santa Eulàlia d'Encamp

En origen era una iglesia de una sola nave de salón rectangular, con ábside semicircular y campanario adosado en el muro sur de la nave. El pórtico, del cual desconocemos la fecha exacta de construcción, aparece documentado por primera vez en el siglo XIV; puede que se trate del original,  pero no con el aspecto que tiene hoy en día.
El elemento más significativo del templo es su esbelto campanario de estilo lombardo, de planta cuadrangular. Presenta tres pisos de ventanas geminadas enmarcadas por arcuaciones lombardas realizadas con piedra pómez. Es uno de los mejores ejemplos de campanario de estilo lombardo conservado en  Andorra, y el más alto de todos ellos. Por sus características se considera que fue construido dentro de la primera mitad del siglo XI.
Del interior del templo destacaremos la pila bautismal del siglo XII, realizada en granito y ornamentada con arcuaciones ciegas bajo las que aparecen sendas cruces, todo ello en relieve. 

2.3. Castillo de les Bons
El conjunto fortificado de les Bons está formado por diversas construcciones de épocas diferentes, las cuales, a excepción de la iglesia, se conservan en un estado más o menos ruinoso.
Actualmente el visitante puede contemplar una torre de defensa, algunos muros que probablemente pertenecían a la muralla, un depósito de agua y su canalización, dos palomares (¿antiguas torres?) y la iglesia de Sant Romà.

Castillo de les Bons. Vista general.
Iglesia de Sant Romà y "Torre dels Moros"

De manera sorprendente, no disponemos de noticias documentales sobre el castillo. Éste ha sido siempre relacionado con los Caboet, aunque no dispongamos de ninguna prueba que lo confirme. El documento más directo sobre alguna de las construcciones de Les Bons, de época medieval, es el acta de consagración de la iglesia de Sant Romà, del año 1164.

2.3.1. - Edificios civiles y militares
El edificio principal del conjunto actual es la torre de defensa, conocida popularmente como la “Torre dels Moros”. Se accedía a ella por medio de un puente que se encontraba en el muro oeste, del cual sólo se conserva el arranque del primer arco. Presenta planta cuadrangular con un total de cuatro pisos en altura. Los muros están revocados y presentan aspilleras y matacanes en los pisos superiores. No tiene cimientos y se asienta directamente sobre la roca madre. El hundimiento de los muros sur y oeste se debió, probablemente, a un desprendimiento de la roca.
Las otras torres que se conserva, y que se supone que formaban parte del recinto amurallado, son las palomares de Rossell  i Cotxa. La segunda, la de Cotxa, se comenzó a reconvertir en vivienda pero nunca se acabaron las obras. Su construcción es anterior al siglo XVII, como lo demuestra un grafito fechado en 1625 en donde aparece el nombre de Joan Rossell. Las aspilleras que se abren en sus muros podrían demostrar su pertenencia al castillo. Incluso la presencia de un festejador en un ventanal que da al sur no podría llevar a pensar en la torre del homenaje del castillo.
La palomar de Rossell, ya restaurado, se localiza muy cerca del depósito de agua. No presenta ningún elemento defensivo ni grafitos, hecho que dificulta en gran medida su datación.
El depósito de agua, conocido como “Baño de la Reina Mora”, se encuentra emplazado al noroeste del recinto. Se trata de un depósito de agua excavado en la roca y cerrado por un muro de piedras muy bien talladas y dispuestas en la cara interior para evitar posibles escapes de agua. Recoge las aguas procedentes del cercano río de Les Bons, desde donde se distribuye, por medio de un canal, por todo el recinto.