Sabido
es que, en el siglo XIV, este gremio ofreció su participación
desinteresada en la construcción de la bellísima iglesia,
y que transportaron de forma gratuita toda la piedra y demás material
de construcción necesario para el levantamiento del templo.
Por este motivo
se les permitió establecer una cofradía afecta al templo
y utilizar una capilla del ábside para sus reuniones y para la celebración
del oficio solemne en el día de la fiesta de la santa. Además,
se les permitió contar con las llaves del portal mayor de la iglesia
para acceder a la misma siempre que les fuera necesario, privilegio exclusivo
en reconocimiento a su contribución desinteresada. Y, aún,
en recuerdo de su colaboración, sus figuras han quedado inmortalizadas
en los capiteles de las arquivoltas de la fachada, en los relieves de las
puertas principales de la misma y en los capiteles de las columnas de las
naves interiores.
Desde el paseo del
Born y en dirección opuesta al mar hallamos una serie de
calles muy relacionadas con el trabajo de las pieles, uno de los sectores
más activos de la Barcelona medieval y moderna.
En el complejo negocio
de las pieles, los blanquers (adobadores) eran los artesanos que
eliminaban el pelo o la lana de las pieles, y las trabajaban hasta dejar
pieles “en blanco”, de donde procede su nombre. Los assaonadors (curtidores)
eran aquellos que realizaban las operaciones de acabado de pieles o cueros
adobados, engrasándolos, tiñéndolos o aplicándoles
productos necesarios. Posteriormente, entregaban las pieles ya listas a
zapateros y otros oficios cuyo trabajo se relacionaba con la manufactura
de la piel.
Los curtidores se
agrupaban alrededor de la calle dels Assaonadors o calle de los
Curtidores, y en sus cercanías se encuentra también la calle
de la Blanqueria (adobadores), igualmente propia de grupos de trabajadores
relacionados con el mismo ramo profesional.
El momento álgido
del negocio de la piel en Barcelona tuvo lugar entre los siglos XVI y XVII,
y a este momento corresponde precisamente la construcción de la
casa gremial de los curtidores, situada en la esquina de la calle de su
mismo nombre con la de Montcada. La fachada de la misma incluye elementos
decorativos comunes –como veremos- a muchas otras casas gremiales: el símbolo
del gremio – sobre la puerta del edificio puede verse el peine o cepillo
utilizado para raspar las pieles- y la estatua del santo patrón
–san Juan Bautista- en la hornacina de la esquina de la fachada de la casa.
Los adobadores,
organizados en cofradía desde el siglo XIII, se ubicaron dentro
de la trama urbana teniendo siempre presente la imperiosa necesidad de
contar con en las cercanías con una corriente de agua que se llevara
el agua sucia resultante del trabajo de limpieza y adobado de las pieles,
y por ello buscaron un emplazamiento junto a la antigua acequia, denominada
Rec Comtal.
Organizados en cofradía
desde el siglo XIII, los adobadores contaron con una casa gremial que desapareció
en el s. XVIII, al mismo tiempo que iglesia del convento de San Agustí
Vell, en cuyo altar habían dispuesto su la capilla gremial. Entonces
adquirieron una casa en la cercana calle del Portal Nou, la reformaron,
e incluyeron en sus muros una losa con un león –el símbolo
del gremio- esculpido. Dicha casa fue también destruida hace unos
años, aunque la lápida es aún visible en la fachada
del edificio moderno que la sustituyó en el mismo solar.
Llibre d'Ordinacions
de l'ofici dels Blanquers
Por otra parte, y
a pesar de que la capilla gremial de los adobadores en el altar mayor de
la iglesia del convento de San Agustín desapareció, se conservan
partes del retablo, que estaba dedicado al patrón del gremio San
Agustín y que debió tener unas impresionantes proporciones.
La pintura del mismo se encargó inicialmente a Lluís Dalmau
(1452), si bien parece que no llegó a comenzarlo, y en el año
1463 el gran pintor gótico Jaume Huguet firmó el contrato
para su realización.
Tabla de San Agustín.
Retablo dels
Blanquers.
Jaume Huguet
Los trabajos de carpintería
y la imagen de madera de la Virgen recayeron en Macià Bonafé.
En el año 1714, a causa de los destrozos de la guerra y de la ubicación
del convento en el sector urbano que había de derruirse para la
construcción de la Ciudadela, el convento fue abandonado, y el retablo
desmontado. Las tablas que formaban parte del mismo se dispersaron entre
distintas instituciones barcelonesas, y algunas de ellas se pueden admirar
hoy en día en el Museo Nacional de Arte de Catalunya y en el Museo
Marés.
Casa dels Velers
Los oficios relacionados
con el ramo textil también fueron muy importantes para la ciudad
de Barcelona, especialmente en la época moderna. Buena muestra de
su riqueza es la espléndida casa del gremio dels Velers (tejedores
de velos, telas finas de seda), construida en el siglo XVIII en la que
posteriormente será la Via Laietana, y restaurada y reformada
en el s. XX.
El gremio de los
tejedores de velos data por lo menos del s. XVI, y durante muchos años
los que practicaron este oficio se reunieron en una sala del convento de
Santa Catalina. Pero en el s. XVIII, viendo los inconvenientes que les
ocasionaba el hecho de no disponer de casa propia, se decidieron a levantar
un edificio. La obra, proyectada por Joan Garrido, se terminó en
el año 1763, y los detalles escultóricos de la fachada se
deben al artista Joan Enrich. Entre los elementos decorativos del exterior
llaman especialmente la atención los esgrafiados que combinan representaciones
de motivos clásicos de cariátides con advocaciones religiosas,
como la Inmaculada Concepción. En el balcón de la esquina,
la característica capilla protege a la patrona del gremio, la Virgen
de los Ángeles.
En una ruta urbana
dedicada a los oficios y gremios tradicionales de la ciudad no podemos
dejar de incluir una visita a la catedral de Barcelona, toda ella repleta
de inscripciones y elementos propios de distintas agrupaciones profesionales
de la ciudad, puesto que muchas capillas del templo fueron construidas
gracias a los donativos de los gremios y cofradías ciudadanos.
Tabla de la Flagelación.
Jaume Huguet.
Catedral de Barcelona

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