| Es
el caso, por ejemplo, del gremio de los zapateros. Ya desde el siglo XIII
(1203) dispusieron de un altar dedicado a su patrón, San Marcos,
en el interior de la catedral. Este altar se trasladó en el año
1346 a una capilla de nueva construcción, y en 1432 pasaron a ocupar
la capilla actual. Aunque apenas se conserva nada de su decoración
original, sabemos que a lo largo de los siglos encargaron diversos retablos
y por lo menos un frontal, el denominado Frontal de la Flagelación,
ejecutado por Jaume Huguet (c. 1450-1456), actualmente conservado en el
Museo del Louvre de París. Además, los zapateros tuvieron
el privilegio de disponer de una sepultura en el claustro de la catedral,
y aún se pueden apreciar en el mismo algunas losas sepulcrales decoradas
con el zapato que es símbolo del gremio. El mismo elemento que se
puede ver también esculpido en la parte alta del muro exterior del
templo, por la parte de la calle dels Comtes, en correspondencia
con la situación de la capilla actual de San Marcos.
Retablo de San
Bernardino
y el Angel Custodio.
Jaume Huguet.
Catedral de Barcelona
Los vidrieros y los
esparteros se unieron en gremio común, y en el año 1459 ocuparon
la primera capilla que habían dejado libre los zapateros. La decoraron
con un. retablo dedicado a San Bernardino y al Angel Custodio, que eran
los santos patrones de cada uno de los oficios en aquel momento unidos
en un único gremio. La pintura fue encargada a Jaume Huguet, y su
taller tuvo una gran intervención en el mismo (1459-1475). Aunque
la obra sufrió mucho a lo largo de la historia, fue reconstruida
y hoy en día se puede ver en el Museo de la Catedral.
Guarnicioneros,
carpinteros, constructores y otros oficios contaron también con
capillas y fosas comunes para sus entierros en los claustros de la catedral,
pero esta última costumbre dejó de tener lugar en 1806.
La plaza de Sant
Felip Neri constituye un espacio de interés indudable para el
conocimiento de los oficios los barceloneses, puesto que hasta aquí
se trasladaron en el siglo XX dos edificaciones gremiales procedentes de
otros espacios urbanos remodelados, y así fueron preservadas de
su desaparición.
Plaza de Sant
Felip Neri
Se trata, en primer
lugar, de la casa del gremio de los zapateros, la más antigua entidad
corporativa de la que tenemos testimonio documental en la ciudad de Barcelona.
Como hemos visto, los zapateros contaban desde antiguo con un altar dedicado
a su patrón, San Marcos, en la catedral. En el siglo XVI este poderoso
gremio se hizo construir una casa en la calle de la Corríbia, y
aunque parecen haber contado con un desconocido emplazamiento anterior,
hoy en día éste nos es desconocido. En el año 1943
desapareció del trazado urbano la calle de la Corríbia debido
a la reforma de la plaza de la catedral, y ello conllevó la destrucción
y posterior reconstrucción en su actual ubicación de la casa
del gremio de los zapateros.
Vida de Sant
Marc i Llibre dels
Privilegis
i Ordinacions dels Sabaters
En la fachada de
la casa, que originalmente tenía solamente dos pisos, podemos aún
ver la inscripción que nos da la fecha de su construcción
(1565). Asimismo, entre los dos balcones del primer piso se aprecian los
relieves del león que simboliza a San Marcos entre cuatro escudos
con zapatos, y también el zapato que es símbolo del gremio
y que fue utilizado como modelo para la realización del zapato del
monumento a Colón, de 122 cm de largo. La casa alberga hoy en día
el Museo del Calzado.
En la misma plaza
de Sant Felip Neri podemos admirar también la fachada de
un segundo edificio que siglos atrás realizó las funciones
de casa gremial. En el siglo XVI los caldereros adquirieron una vivienda
de cierta prestancia situada en la calle de la Boria. La casa había
pertenecido a una buena familia de la ciudad, y los caldereros la adaptaron
a su nueva función. El sector se vio afectado por la reforma urbana
que Barcelona sufrió a principios del s. XX, y más concretamente
por la abertura de la Via Laietana. Ahora bien, en vista del valor
artístico de la casa, se decidió desmontarla y reconstruirla
–con ciertas variantes respecto a la disposición original de sus
elementos- en la plaza de los Josepets de Gràcia para posteriormente
ser instalada en su actual emplazamiento actual. La fachada del edificio
aún deja ver la importancia de las reminiscencias góticas
en las soluciones formales renacentistas.
Casa dels Revenedors
En la plaza del Pi
llama la atención del visitante la casa del gremio de los Revendedores.
Este gremio ya había consagrado una capilla en la iglesia de San
Antonio hacia el año 1447, pero pronto (1452-1455) se trasladaron
a la del Pi. El principal elemento decorativo de esta nueva capilla
fue el retablo dedicado al patrón del gremio, San Miguel, atribuido
por sus características a Jaume Huguet. Algunos compartimentos del
retablo, fragmentado, se pueden ver actualmente en el Museo Nacional de
Arte de Cataluña.
A pesar de la antigüedad
de la institución, los revendedores no contaron con su propia casa
gremial hasta el siglo XVII., cuando encargaron la edificación del
número 3 de la plaza del Pi, y la decoraron con la escultura
de San Miguel de la fachada. Un siglo más tarde se emprendieron
nuevos trabajos en el edificio, y se adaptaron los pisos segundo, tercero
y cuarto a pisos de alquiler, quedándose el gremio únicamente
con la primera planta. Como en el caso de la casa del gremio de los tejedores
de velos, lo más característico de su fachada son los esgrafiados,
propios del momento en que se levantó el edificio.
Aún en la
plaza del Pi, un edificio nos ilustra la existencia de las cofradías
y su misión socio-religiosa. La casa de la Congregación de
la Purísima Sangre, justo en frente de la iglesia, no es propia
de una institución relacionada con la defensa de unos privilegios
determinados, sino que su misión primaria fue procurar buena muerte
a los condenados proporcionándoles toda clase de auxilios espirituales.
El edificio fue construido en 1542 en el solar de la antigua casa rectoral
de la iglesia del Pi, pero fue reformada en el año 1613 y
posteriormente en 1789. Es característico de su fachada el escudo
sostenido por dos ángeles.
Por supuesto, la
ciudad de Barcelona dispone de muchos otros recuerdos de los oficios y
profesiones que la habitaron durante numerosos siglos, pero en muchas ocasiones
estos son fragmentarios o no pueden ser globalmente interpretados, como
es el caso de los que nos ocupan.

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