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  Guías culturales

DON QUIJOTE EN CATALUÑA
1. CERVANTES Y SU OBRA 3/4
María Dolores Cano Menéndez
Coordinación científica: Francesc-Xavier Mingorance I Ricart)
tcua@mixmail.com / tcuasl@eresmas.com

4.2.1. Introducción (LIX y LX)
Tras su larga y ajetreada estancia con los duques (II, 30-57), Don Quijote y Sancho llegan a una venta donde unos caballeros están leyendo fragmentos del Quijote que un tal Avellaneda había publicado en 1614, cuya falsedad y disparates indignan tanto al hidalgo que cambia su rumbo con el único objetivo de desmentirle: “no pondré los pies en Zaragoza, y así sacaré a la plaza del mundo la mentira dese historiador moderno, y echarán de ver las gentes cómo yo no soy el Don Quijote que él dice”.

Tras seis días de viaje, adentrándose en un bosque, de cuyos árboles cuelgan piernas humanas, Don Quijote tranquiliza a su asustado escudero con argumentos que revelan un conocimiento certero de uno de los más graves problemas de la Cataluña de la época: “estos pies y piernas que tientas y no vees, sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles están ahorcados; que por aquí los suele ahorcar la justicia cuando los coge (...) por donde me doy a entender que debo de estar cerca de Barcelona”. En cuanto amanece, se abalanzan sobre ellos bandoleros reales “diciéndoles en lengua catalana que se estuviesen quedos, y se detuviesen, hasta que llegase su capitán (...) el cual mostró ser de hasta edad de treinta y cuatro años, robusto, más que de mediana proporción, de mirar grave y color morena”, más compasivo que riguroso.

“¡Oh valeroso Roque, cuya fama no hay límites en la tierra que la encierren!” es la frase de admiración que emite Don Quijote ante un célebre y temido bandolero, contrafigura literaria de Roca Guinarda, hijo de unos acomodados propietarios rurales vigitanos. Cervantes hace del célebre bandolero Roque Guinart una versión actualizada del caballero andante medieval, que eclipsa a Don Quijote, cada vez más espectador que protagonista. Roque es culto (escribe salvoconductos y parece haber leído la primera parte del Quijote porque conoce las aventuras de los protagonistas), valiente, noble y su sed de venganza proviene de un agravio no resarcido.

Ayuda a Don Quijote y a Claudia Jerónima, doncella atribulada y desvalida; reparte equitativamente el botín entre sus “escuderos”; es leal con sus amigos (quiere que los nyerros se solacen con las locuras del hidalgo y de su escudero), liberal con los cautivos y firme con quien se atreve a cuestionar sus decisiones. El paralelismo entre caballero andante y bandolero resulta evidente cuando Don Quijote, al comienzo del capítulo LXI, admira la vida arriesgada del cabecilla y sus secuaces, siempre al acecho y huyendo de la justicia (recordemos que Don Quijote ha sido perseguido por la santa Hermandad tras haber liberado a los galeotes, y que todos le engañan impidiéndole realizar sus sueños).

4.2.2. Nudo (caps. LI-LXIV)
Custodiados por el propio Roque, fugitivo de la justicia, y seis de los suyos, Don Quijote y Sancho llegan de noche a la playa de Barcelona, extramuros de la ciudad, Donde el famoso bandolero se despide de ambos. Volvemos, como en casa de los duques, a un escenario teatral en el que la realidad aparece deformada por quienes pretenden burlarse del héroe.

Al amanecer, caballero y escudero divisan el mar, antes nunca visto, y unas galeras con llamativos banderines, desde donde se oyen acordes de instrumentos militares procedentes de las murallas y fuertes. Llegan de la ciudad caballeros vestidos de librea, montados en hermosos caballos. Agasajados como si de personajes egregios se tratara, uno de esos caballeros amigos de Roque les invita a acompañarles. Entrando en la ciudad, los mozalbetes traviesos se burlan de tan ridículos personajes consiguiendo con sus tretas hacerles caer al suelo. Don Antonio Moreno, el rico anfitrión, cuyo objetivo es divertirse a costa de sus huéspedes, les insta a seguirle hasta su rica mansión y a salir a un balcón “que da a una calle principal” para que los muchachos “que como a mona le miraban” sigan divirtiéndose. Sancho, tan ajeno a la realidad como su amo, cree hallarse en otra casa como la de Don Diego de Miranda (II, 16-18), en otras bodas de Camacho (II, 19-21), y en otro castillo del duque (II, 30-57).

Durante la comida conversan sobre anécdotas del apócrifo Quijote y sobre la experiencia de Sancho como gobernador de la ínsula Barataria. Don Antonio conduce a Don Quijote a un apartado aposento para hacerle creer que una cabeza de bronce sostenida por un pie de jaspe responde atinadamente a cuanto se le pregunta. Después, por la tarde, sacan a pasear a Don Quijote, sin Sancho, ridículamente abrigado y, para mayor escarnio, habiéndole cosido en la espalda un llamativo letrero donde se lee: “Este es Don Quijote de la Mancha”. Al verle, muchos hacen comentarios elogiosos, pero un castellano le echa en cara su locura y la de quienes le siguen el juego.

Aquella noche, la esposa de Don Antonio y unas amigas organizan un baile, con el propósito de divertirse a costa de un Don Quijote “largo, tendido, flaco, amarillo, estrecho en el vestido, desairado, y sobre todo, no nada ligero”, a quien requiebran inútilmente, porque él se mantiene fiel a “la sin par Dulcinea del Toboso”, aunque, de tanto danzar, acaba molido en el suelo, hasta que Sancho le conduce al lecho.

Siguen las burlas con el episodio de la cabeza parlante, que da respuestas de “Pero Grullo” a cuanto se le formula. Cervantes, siguiendo a Cide Hamete Benengeli, explica que la cabeza no es sino un artilugio que Don Antonio encargó fabricar “para entretenerse y suspender a los ignorantes” y que los inquisidores mandaron deshacer, porque la adivinación se consideraba fruto de un pacto demoníaco (véase el volumen complementario a la edición del Quijote dirigida por F. Rico, pág. 223).

Paseando Don Quijote y Sancho por la ciudad, a pie, junto con dos criados de Don Antonio, llegan a una imprenta, donde el hidalgo, que no había visitado otra antes, mantiene un interesante diálogo con un traductor sobre “el arte de traducir” y arremete contra la segunda parte del Quijote apócrifo, que allí se estaba corrigiendo para una segunda edición, que no salió hasta 1732.

Don Antonio decide que en la tarde de aquel mismo día Don Quijote y Sancho visiten las galeras de la playa. Les recibe el comandante y la chusma (galeotes y demás marinería), con música, cañonazos y las ceremonias propias de los grandes acontecimientos. De repente, desde Montjuïc perciben señales de alarma, al haberse descubierto un bergantín turco próximo a la costa, circunstancia que coloca a Don Quijote ante una guerra y unos enemigos auténticos, precisamente aquellos contra los cuales habían luchado los héroes caballerescos de ficción.

En esa escaramuza nada libresca Don Quijote oye por primera vez en su vida los disparos de escopeta que lanzan los turcos desde el bergantín, capturado enseguida por las galeras españolas, y que causan la muerte de dos soldados españoles. El arraéz, atadas las manos y condenado a la horca, resulta ser una hermosa doncella cristiana, Ana Félix, hija de un morisco renegado.

4.2.3. Desenlace (caps. LXIV y LXV)
Don Quijote se ofrece a rescatar de Argel con sus armas y caballo, “como había hecho Don Gaiferos con su esposa Melisendra”, a Don Gregorio, caballero enamorado de Ana Félix, pero, al tratarse de un asunto importante y arriesgado, no le toman demasiado en serio.

“Y una mañana, saliendo Don Quijote a pasearse por la playa armado de todas sus armas (...) vio venir hacia él un caballero, armado asimismo de punta en blanco, que en el escudo traía pintada una luna resplandeciente”, el cual, tras identificarse como el caballero de la Blanca Luna, desafía a Don Quijote, asegurando que su dama es más hermosa que Dulcinea e imponiendo como condición, en el supuesto de salir vencedor, que, dejando aquél las armas y absteniéndose de buscar aventuras, se retire a su aldea durante un año, donde vivirá en paz.

Don Antonio y el virrey, que les habían divisado desde la ciudad, salen a la playa acompañados de otros muchos caballeros. Convencido el virrey de que se trata de otra burla preparada contra Don Quijote, da su licencia para el duelo, que rápidamente se resuelve a favor del caballero de la Blanca Luna, el cual exige al derrotado hidalgo que acepte las condiciones del desafío. Quijote le pide que le quite la vida, ya que la ha quitado la honra, pero el vencedor reclama lo pactado. Sancho ayuda a su maltrecho señor a montar en una silla de mano con la que entra en la ciudad, adonde también se dirigen el virrey y el gobernador, deseosos de averiguar quién es el Caballero de la Blanca Luna.

Estando el derrotado hidalgo recuperándose en el lecho y siendo atendido por Sancho, llega la noticia de que Don Gregorio se halla ya en Barcelona, deseoso de reunirse con su amada. Don Quijote, desarmado y vestido de camino, con Sancho, a pie “por ir el rucio cargado con las armas”, salen de Barcelona, de regreso a la Mancha.

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FICHA TÉCNICA

GUÍA DIDÁCTICA: Don Quijote en Cataluña
AUTORA: María Dolores Cano Menéndez
PROYECTO: “Guías Didácticas”
T-CUA Tutories Culturals i Artístiques
COORDINACIÓN Y MAQUETACIÓN: Francesc-Xavier Mingorance i Ricart
(adaptado para Liceus.com en 2004 por Julián Rojo)

 

INFORMACIÓN Y CONTRATACIÓN

Para cualquier consulta sobre el contenido de las “Guías Didácticas” o de nuestros programas y para su contratación, os podéis poner en contacto con nosotros.
Horario de atención personalizada: 9-14h, de lunes a viernes.
T-CUA, Tutories Culturals y Artístiques
C. Diputació, 427, Bajos, Interior
08013 - BARCELONA
Tel./Fax: 93-231-45-00
Correo electrónico: 
tcuasl@eresmas.com / tcua@mixmail.com
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