|
4.2.1. Introducción (LIX y LX)
Tras su larga y ajetreada estancia con los duques (II, 30-57),
Don Quijote y Sancho llegan a una venta donde unos caballeros
están leyendo fragmentos del Quijote que un tal Avellaneda
había publicado en 1614, cuya falsedad y disparates
indignan tanto al hidalgo que cambia su rumbo con el único
objetivo de desmentirle: “no pondré los pies en Zaragoza,
y así sacaré a la plaza del mundo la mentira
dese historiador moderno, y echarán de ver las gentes
cómo yo no soy el Don Quijote que él dice”.
Tras seis días de viaje, adentrándose en un
bosque, de cuyos árboles cuelgan piernas humanas, Don
Quijote tranquiliza a su asustado escudero con argumentos
que revelan un conocimiento certero de uno de los más
graves problemas de la Cataluña de la época:
“estos pies y piernas que tientas y no vees, sin duda son
de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles
están ahorcados; que por aquí los suele ahorcar
la justicia cuando los coge (...) por donde me doy a entender
que debo de estar cerca de Barcelona”. En cuanto amanece,
se abalanzan sobre ellos bandoleros reales “diciéndoles
en lengua catalana que se estuviesen quedos, y se detuviesen,
hasta que llegase su capitán (...) el cual mostró
ser de hasta edad de treinta y cuatro años, robusto,
más que de mediana proporción, de mirar grave
y color morena”, más compasivo que riguroso.
“¡Oh valeroso Roque, cuya fama no hay límites
en la tierra que la encierren!” es la frase de admiración
que emite Don Quijote ante un célebre y temido bandolero,
contrafigura literaria de Roca Guinarda, hijo de unos acomodados
propietarios rurales vigitanos. Cervantes hace del célebre
bandolero Roque Guinart una versión actualizada del
caballero andante medieval, que eclipsa a Don Quijote, cada
vez más espectador que protagonista. Roque es culto
(escribe salvoconductos y parece haber leído la primera
parte del Quijote porque conoce las aventuras de los protagonistas),
valiente, noble y su sed de venganza proviene de un agravio
no resarcido.
Ayuda a Don Quijote y a Claudia Jerónima, doncella
atribulada y desvalida; reparte equitativamente el botín
entre sus “escuderos”; es leal con sus amigos (quiere que
los nyerros se solacen con las locuras del hidalgo y de su
escudero), liberal con los cautivos y firme con quien se atreve
a cuestionar sus decisiones. El paralelismo entre caballero
andante y bandolero resulta evidente cuando Don Quijote, al
comienzo del capítulo LXI, admira la vida arriesgada
del cabecilla y sus secuaces, siempre al acecho y huyendo
de la justicia (recordemos que Don Quijote ha sido perseguido
por la santa Hermandad tras haber liberado a los galeotes,
y que todos le engañan impidiéndole realizar
sus sueños).
4.2.2. Nudo (caps. LI-LXIV)
Custodiados por el propio Roque, fugitivo de la justicia,
y seis de los suyos, Don Quijote y Sancho llegan de noche
a la playa de Barcelona, extramuros de la ciudad, Donde el
famoso bandolero se despide de ambos. Volvemos, como en casa
de los duques, a un escenario teatral en el que la realidad
aparece deformada por quienes pretenden burlarse del héroe.
Al amanecer, caballero y escudero divisan el mar, antes nunca
visto, y unas galeras con llamativos banderines, desde donde
se oyen acordes de instrumentos militares procedentes de las
murallas y fuertes. Llegan de la ciudad caballeros vestidos
de librea, montados en hermosos caballos. Agasajados como
si de personajes egregios se tratara, uno de esos caballeros
amigos de Roque les invita a acompañarles. Entrando
en la ciudad, los mozalbetes traviesos se burlan de tan ridículos
personajes consiguiendo con sus tretas hacerles caer al suelo.
Don Antonio Moreno, el rico anfitrión, cuyo objetivo
es divertirse a costa de sus huéspedes, les insta a
seguirle hasta su rica mansión y a salir a un balcón
“que da a una calle principal” para que los muchachos “que
como a mona le miraban” sigan divirtiéndose. Sancho,
tan ajeno a la realidad como su amo, cree hallarse en otra
casa como la de Don Diego de Miranda (II, 16-18), en otras
bodas de Camacho (II, 19-21), y en otro castillo del duque
(II, 30-57).
Durante la comida conversan sobre anécdotas del apócrifo
Quijote y sobre la experiencia de Sancho como gobernador de
la ínsula Barataria. Don Antonio conduce a Don Quijote
a un apartado aposento para hacerle creer que una cabeza de
bronce sostenida por un pie de jaspe responde atinadamente
a cuanto se le pregunta. Después, por la tarde, sacan
a pasear a Don Quijote, sin Sancho, ridículamente abrigado
y, para mayor escarnio, habiéndole cosido en la espalda
un llamativo letrero donde se lee: “Este es Don Quijote de
la Mancha”. Al verle, muchos hacen comentarios elogiosos,
pero un castellano le echa en cara su locura y la de quienes
le siguen el juego.
Aquella noche, la esposa de Don Antonio y unas amigas organizan
un baile, con el propósito de divertirse a costa de
un Don Quijote “largo, tendido, flaco, amarillo, estrecho
en el vestido, desairado, y sobre todo, no nada ligero”, a
quien requiebran inútilmente, porque él se mantiene
fiel a “la sin par Dulcinea del Toboso”, aunque, de tanto
danzar, acaba molido en el suelo, hasta que Sancho le conduce
al lecho.
Siguen las burlas con el episodio de la cabeza parlante,
que da respuestas de “Pero Grullo” a cuanto se le formula.
Cervantes, siguiendo a Cide Hamete Benengeli, explica que
la cabeza no es sino un artilugio que Don Antonio encargó
fabricar “para entretenerse y suspender a los ignorantes”
y que los inquisidores mandaron deshacer, porque la adivinación
se consideraba fruto de un pacto demoníaco (véase
el volumen complementario a la edición del Quijote
dirigida por F. Rico, pág. 223).
Paseando Don Quijote y Sancho por la ciudad, a pie, junto
con dos criados de Don Antonio, llegan a una imprenta, donde
el hidalgo, que no había visitado otra antes, mantiene
un interesante diálogo con un traductor sobre “el arte
de traducir” y arremete contra la segunda parte del Quijote
apócrifo, que allí se estaba corrigiendo para
una segunda edición, que no salió hasta 1732.
Don Antonio decide que en la tarde de aquel mismo día
Don Quijote y Sancho visiten las galeras de la playa. Les
recibe el comandante y la chusma (galeotes y demás
marinería), con música, cañonazos y las
ceremonias propias de los grandes acontecimientos. De repente,
desde Montjuïc perciben señales de alarma, al
haberse descubierto un bergantín turco próximo
a la costa, circunstancia que coloca a Don Quijote ante una
guerra y unos enemigos auténticos, precisamente aquellos
contra los cuales habían luchado los héroes
caballerescos de ficción.
En esa escaramuza nada libresca Don Quijote oye por primera
vez en su vida los disparos de escopeta que lanzan los turcos
desde el bergantín, capturado enseguida por las galeras
españolas, y que causan la muerte de dos soldados españoles.
El arraéz, atadas las manos y condenado a la horca,
resulta ser una hermosa doncella cristiana, Ana Félix,
hija de un morisco renegado.
4.2.3. Desenlace (caps. LXIV y LXV)
Don Quijote se ofrece a rescatar de Argel con sus armas y
caballo, “como había hecho Don Gaiferos con su esposa
Melisendra”, a Don Gregorio, caballero enamorado de Ana Félix,
pero, al tratarse de un asunto importante y arriesgado, no
le toman demasiado en serio.
“Y una mañana, saliendo Don Quijote a pasearse por
la playa armado de todas sus armas (...) vio venir hacia él
un caballero, armado asimismo de punta en blanco, que en el
escudo traía pintada una luna resplandeciente”, el
cual, tras identificarse como el caballero de la Blanca Luna,
desafía a Don Quijote, asegurando que su dama es más
hermosa que Dulcinea e imponiendo como condición, en
el supuesto de salir vencedor, que, dejando aquél las
armas y absteniéndose de buscar aventuras, se retire
a su aldea durante un año, donde vivirá en paz.
Don Antonio y el virrey, que les habían divisado desde
la ciudad, salen a la playa acompañados de otros muchos
caballeros. Convencido el virrey de que se trata de otra burla
preparada contra Don Quijote, da su licencia para el duelo,
que rápidamente se resuelve a favor del caballero de
la Blanca Luna, el cual exige al derrotado hidalgo que acepte
las condiciones del desafío. Quijote le pide que le
quite la vida, ya que la ha quitado la honra, pero el vencedor
reclama lo pactado. Sancho ayuda a su maltrecho señor
a montar en una silla de mano con la que entra en la ciudad,
adonde también se dirigen el virrey y el gobernador,
deseosos de averiguar quién es el Caballero de la Blanca
Luna.
Estando el derrotado hidalgo recuperándose en el lecho
y siendo atendido por Sancho, llega la noticia de que Don
Gregorio se halla ya en Barcelona, deseoso de reunirse con
su amada. Don Quijote, desarmado y vestido de camino, con
Sancho, a pie “por ir el rucio cargado con las armas”, salen
de Barcelona, de regreso a la Mancha.
Siguiente 
|
FICHA TÉCNICA
GUÍA DIDÁCTICA:
Don Quijote en Cataluña
AUTORA: María Dolores Cano Menéndez
PROYECTO: “Guías Didácticas”
T-CUA Tutories
Culturals i Artístiques
COORDINACIÓN Y MAQUETACIÓN: Francesc-Xavier
Mingorance i Ricart
(adaptado para Liceus.com en 2004
por Julián
Rojo)
|
|
INFORMACIÓN
Y CONTRATACIÓN
Para cualquier consulta sobre
el contenido de las “Guías Didácticas”
o de nuestros programas y para su contratación,
os podéis poner en contacto con nosotros.
Horario de atención personalizada: 9-14h, de
lunes a viernes.
T-CUA, Tutories
Culturals y Artístiques
C. Diputació, 427, Bajos, Interior
08013 - BARCELONA
Tel./Fax: 93-231-45-00
Correo electrónico:
tcuasl@eresmas.com / tcua@mixmail.com
Página web en proceso de reelaboración
|
|