| 1. Introducción: forma y volumen |
Aunque
todo alumno es un ser individual miembro de una colectividad,
habitualmente, la educación que recibe prioriza el
aprendizaje de todo aquello que conforma la civilización
que lo ha precedido. Por eso mediante estos talleres intentamos
hacerle analizar y exteriorizar sus propias características
individuales. Para enriquecer su ser individual se le debe
ejercitar a observar. Y para penetrar en el mundo interior
hace falta empezar por el aprendizaje del mundo exterior:
observando las relaciones de color, de forma, de espacios,
se descubren las estructuras físicas del universo inanimado
y las estructuras anímicas de los seres vivos. Es necesario
que el alumno se acostumbre a mirar y a analizar lo que ve.
La ejecución de los trabajos debe comportar tanto la
participación mental como la sensorial, y así,
a través de la plástica, se conforma una mente
creativa.
El niño empieza distinguiendo las cosas por su forma,
y a continuación las toca, las coge y las conoce. Si
le proponemos experimentar con el volumen, facilitamos la
madurez de su percepción sensorial del mundo. Los ejercicios
de volumen son de entrada más fáciles, pues
son menos una ficción que los de superficie, que comportan
una abstracción intelectual que no a todos les resulta
sencilla. Los trabajos con volumen crean realidades corpóreas,
cosas. Teóricos como Worringer explican que la creación
de cuerpos reales, imitación de la vida, manifiesta
el deseo de poseer la vitalidad, mientras que la abstracción
contribuye al desarrollo intelectual. Para que la persona
madure, debe adentrarse tanto en su instinto vital como en
su intelecto. Por eso los niños deben ejercitarse paralelamente
en trabajos de superficie y de volumen. Y por eso se han escogido
técnicas en las que no predomine el acabado mecánico
sobre la creatividad, para que la agilidad manual se consiga
evolutivamente y ligada a la madurez mental.
El
barro es el material más idóneo para trabajar
el volumen, ya que su ductilidad hace que su simple manipulación
ya sea un placer sensorial. La sencillez de esta técnica
favorece la maduración manual, ya que el alumno es
capaz de obtener resultados satisfactorios haciendo y deshaciendo,
ampliando su conocimiento de la forma y consiguiendo expresarse
y crear por medio de este lenguaje.
El barro se trabaja pinzándolo con los dedos, añadiendo
a pellizcos, no debiéndose tener en los dedos como
juego, ya que el calor de las manos lo deshidrata. Debe trabajarse
con movimientos inteligentes de los dedos, siendo altamente
educativo incluso como manualidad.
Muchos de los alumnos ya habrán trabajado con la plastilina,
material de naturaleza opuesta al barro ya que, siendo esta
un tipo de cera, el calor la vuelve más dúctil,
debiéndose amasar con los dedos. El barro no debe trabajarse
como la plastilina, modelando pequeños fragmentos de
diferentes colores por separado. Ni tampoco como la cerámica:
esta técnica no sería adecuada puesto que su
cualidad reside en la pureza de la línea, de los perfiles,
y de la forma, matices que el niño no acostumbra a
percibir. Además, el alumno suele tener dificultades
para imaginar el color, que sólo se ve cuando la pieza
ya está cocida.
Es necesario que, cuando los alumnos modelen, entren en el
concepto de volumen. Por ejemplo, deberían observar
que una bola no equivale a la cabeza de una persona, ya que
esa tiene huecos y protuberancias. En la práctica,
veremos que a muchos niños les cuesta expresarse por
medio de volúmenes, ya que solo les interesa el argumento
de la cosa representada, que después quieren pintar
y decorar con colores para dar más sensación
de realidad. Aunque aceptable, es preferible que el niño
valore la forma en sí misma, sin necesidad de decorarla.
Así estaremos seguros de que ha comprendido y está
trabajando dentro del mundo de los volúmenes.
3.1. Construiremos una figura humana o un
animal que conozcamos bien, procurando que su actitud sea
viva. Intentaremos crear figuras expresivas, con gestos, armonizando
líneas y volúmenes, representando actitudes
determinadas y observando las estructuras del cuerpo. Se descubrirá
que el cuerpo humano tiene articulaciones y presenta asimetrías.
Primero envolveremos un palo con arcilla a su alrededor,
y tomando un dibujo de referencia, daremos forma al torso.
La arcilla debe modelarse realizando movimientos ascendentes,
definiendo todo lo posible la forma de la escultura mientras
se va trabajando. No hay que dejar que se seque, sino que
es aconse jable rociarla con agua, e ir girando de vez en
cuando el armazón para que no se pegue. El armazón
debe sobresalir 5 cm. de la parte superior de la escultura
a fin de que pueda sacarse al finalizar el trabajo.

Ya se ha completado el modelado de la escultura y es el momento
de darle los últimos retoques. Se deja secar al descubierto
la arcilla durante toda la noche, aunque tampoco hay que esperar
a que se seque demasiado; sólo necesita perder la humedad
suficiente para poder sostenerse sin la ayuda del armazón.
Cuando la arcilla haya adquirido una consistencia parecida
a la del cuero hay que corregir la superficie de la escultura
con un vaciador y darle un acabado regular.

Cuando la pieza está un poco más seca, ya puede
sostenerse por sí sola. El siguiente paso consiste
en vaciarla, es decir, en seccionarla horizontalmente en tres
partes mediante un hilo para cortar arcilla. No debe ejercerse
demasiada fuerza al cortar y hay que prestar atención
para evitar que la sección superior no pierda el equilibrio.
Antes de separar las dos secciones se hacen un par de marcas
perpendiculares a la línea de corte a cada lado de
la escultura, que nos servirán de guía a la
hora de reensamblarlas. Tener que realizar esta división
de la pieza puede resultar inquietante, sobre todo teniendo
en cuenta el esfuerzo y el tiempo que se ha invertido en la
realización del modelado, pero no hay de qué
preocuparse, ya que todo volverá a estar en su lugar.

3.2. Ahora crearemos una obra abstracta
e imaginativa: fijaremos el barro con los dedos sobre una
madera o cartón de 20 x 20 cm., que hará de
plataforma giratoria y nos permitirá ver la pieza desde
todos los ángulos. Una mano ayudará a la otra:
mientras una añade más barro, la otra aguantará
la pieza para evitar que caiga. Entonces se modelará,
añadiendo o quitando barro para dar forma. Se pueden
usar espátulas de madera para alisar dando forma, aunque
el acabado puede ser rugoso. Para desprender la escultura
de la plataforma basta con pasar por debajo un hilo de nylon.
La capacidad de transformar figuras del mundo real como si
fuesen formas abstractas revela con qué agilidad se
mueve la mente por los espacios plásticos. La captación
sensorial de la forma facilita la articulación de volúmenes
rotundos y alargados, de espacios vacíos y llenos.
3.3. Cuando las piezas están completamente
secas, podemos elegir alguna de ellas para lijarla y encerarla,
o para policromarla, o si está bien construida, podemos
cocerla. El color da una nueva dimensión a las figuras.
Se puede decorar asimétricamente una forma simétrica
o añadir los detalles que no se han sabido sugerir
por medio de la forma.
3.4. Podemos intentar crear una pequeña
jarra o plato inspirándonos en piezas medievales o
antiguas, que se puede decorar rascando su superficie con
cuerdas o conchas, creando cenefas y ritmos geométricos.

- Arcilla: tierra fina, formada principalmente
por partículas de silicatos de aluminio hidratados.
Mezclada con agua adquiere una consistencia plástica
muy dúctil, que puede ser modelada y trabajada de
diversas maneras. Sometida a cocción se contrae,
pierde el agua y se endurece. Por ello es la materia prima
de todas las artes cerámicas.
- Barbotina: arcilla reducida a pasta líquida
que se usa para decorar en relieve objetos de cerámica
y para pegar entre sí las partes de los mismos.
- Barro de modelar: arcilla de gran plasticidad
que permite su fácil manipulación. Se halla
en muchos lugares y generalmente no sirve para la cerámica,
a no ser que se temple con otras materias.
- Incrustación: procedimiento decorativo
que consiste en introducir una materia dentro del hueco
hecho a tal fin en otra, ajustándola perfectamente,
de modo que la superficie presente motivos y colores variados.
Se hace incrustación con maderas, marfil, hueso,
metales, piedras duras, etc.
- Modelado: arte de formar estatuas o relieves
con barro, cera u otro material dúctil.
- Pegar o coser el barro: unión
de superficie de arcilla algo húmeda con la ayuda
de una papilla de barro.
- Peinar: método que consiste en
decorar la superficie húmeda de una vasija pasando
un peine de dientes despuntados, hecho de madera, cuero
o goma.
- Tornear: trabajar con el torno, máquina
giratoria para dar circularmente un perfil regular a un
objeto, sea de madera o bien de barro para cocer posteriormente.
BIBLIOGRAFÍA:
- AINAUD DE LASARTE, J.: Cerámica
y vidrio, Ars Hispaniae, X, Madrid, 1952
- BOIX, Esther y CREUS, Ricard: El arte en
la escuela. Expresión plástica,
Polígrafa, Barcelona, 1986
- CAMPS, E.: La cerámica medieval
española, Madrid, 1943
- LEACH, Bernard: Manual del ceramista,
Blume, Barcelona, 1981
- LLORENS, J.: Platos y botes de cerámica
catalana, Barcelona, 1977
- LLUBIÀ, Luis: Cerámica medieval
española, Labor, Barcelona, 1967
- MARTÍNEZ, Balbina: La loza dorada,
Editora nacional, Madrid, 1982
- PLOWMAN, John: Enciclopedia de técnicas
escultóricas, Acanto, Barcelona, 1995
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FICHA TÉCNICA
GUÍA DIDÁCTICA:
La pintura a la acuarela
AUTOR: Mar Aige (Barcelona, marzo de 2001)
PROYECTO: “Guías Didácticas”
T-CUA Tutories
Culturals i Artístiques
COORDINACIÓN Y MAQUETACIÓN: Francesc-Xavier
Mingorance i Ricart
(adaptado para Liceus.com en mayo
de 2004 por Julián
Rojo)
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Para cualquier consulta sobre
el contenido de las “Guías Didácticas”
o de nuestros programas y para su contratación,
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Culturals y Artístiques
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