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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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L’ ALMOINA, DESDE LA FUNDACIÓN DE VALENTIA AL SIGLO XXI

María Jesús Blasco Sales
maje_su@yahoo.es

En pleno centro de Valencia, a espaldas de la Basílica y entre la Catedral y el Almudín, encontramos las ruinas de la Almoina. En este solar, adquirido por el Ayuntamiento en 1985, se conservan los vestigios más remotos de nuestra ciudad que han ido saliendo a la luz en sucesivas excavaciones. Como si de las páginas de un libro se tratara, la tierra ha ido desvelando poco a poco los misterios que habían estado ocultos durante siglos, restos de época islámica, construcciones visigodas y huellas de la Valentia romana, pistas que han servido para que los arqueólogos puedan entrever nuestro pasado y escribir el principio de nuestra historia.

Afortunadamente, en este centro neurálgico de nuestra historia se han conservado huellas de los momentos claves de la vida de Valentia. Desde la fundación de la ciudad por el cónsul Junio Bruto, que según relata el historiador Tito Livio tuvo lugar allá por el año 138 a. C., pasando por su posterior destrucción en el año 75 a.C. cuando, durante una Guerra Civil, fue arrasada por Pompeyo, hasta la caída del Imperio Romano y el martirio de San Vicente se pueden leer y descifrar entre estas piedras, eso sí, solo por aquellos que conocen su críptico lenguaje; los arqueólogos que con su capacidad para interpretar las huellas que el tiempo imprime en la tierra, sirven de traductores, o más bien, de enlace entre los hombres del pasado y los del presente.

De tiempos romanos se atesoran retazos de lo que fue la Valentia Imperial. El monumental foro, centro cívico de cualquier urbe romana, algo semejante a la plaza del pueblo, o la plaza mayor de nuestras ciudades actuales, está representado en uno de los laterales de la excavación. De aquella gran plaza porticada rectangular, que ocupaba en parte la actual Catedral y la Basílica de la Virgen, restan fragmentos del pavimento de losa azul de Alcublas y una espectacular columna de más de cinco metros de altura que en su día decoraba su capitel con un revestimiento de estuco de estilo corintio. También de tiempos romanos permanecen huellas de la curia, -centro político de la urbs donde se reunía el Senado- y del macellum (mercado) con diez tabernae (tiendas) y un thermopolium (especie de bar o cantina). Pero la joya de los primeros tiempos de la arquitectura romana son las Termas, singulares en toda la arquitectura clásica por prescindir del frigidarium (sala de baños fríos) y de laconicum (actual sauna) y por ser unas de las más antiguas que se conocen en todo el mundo romano. El conjunto termal cuenta con apoditerium (vestuario) donde los ciudadanos romanos se desprendían de sus ropajes para pasar al caldarium (sala de baños calientes) donde se introducían en un alveus (bañera) abastecida desde un depósito que se caldeaba mediante praefurnium (horno), una pequeña construcción circular que podemos identificar fácilmente desde la lámina de agua de la ventana arqueológica. Además, nuestros antepasados romanos podían descansar en el tepidarium (sala templada) con una temperatura media que se mantenía constante gracias a un brasero, y para completar la sesión, un masaje corporal con aceites y ungüentos tumbados sobre alguno de los bancos exentos que todavía hoy se conservan sobre el excepcional suelo de losetas cerámicas en forma de escamas. Este original pavimento, que como la piel de una serpiente, cubría y cubre todas las habitaciones de uso público, se distingue de los suelos habituales de mosaico utilizado comúnmente en el resto edificios de este tipo.

Tras la caída del Impero Romano de Occidente, muchos de los edificios de tiempos romanos sucumbieron y otros fueron sobrevivieron reformados y utilizados para otros usos durante el cristianismo, como ocurrió con la curia y el ninfeo (fuente). De esta etapa cristiana, conservamos innumerables pistas, la más clara y comprensible dentro de este puzzle histórico es un ábside en forma de herradura, que formaba parte de una iglesia y junto a ella las primeras tumbas cristianas. Pero la reliquia más antigua recuperada de esta época es un fragmentado aunque precioso bol de vidrio tallado con escenas bíblicas, probablemente procedente de los talleres de Roma o de Ostia. También en esta zona se encontró una mesa de altar, con una pequeña columna como pie que se debió utilizar en ceremonias litúrgicas cristianas.

Las sorpresas se han ido sucediendo durante estos veinte años de excavación, de hecho, no hace mucho salió a la luz una monumental alberca que formaría parte de uno de los jardines del Alcázar –antiguo palacio de los gobernantes árabes- entre los siglos XI y XII.

Un cúmulo de señales, de huellas, de rastros de lo que fue Valentia en épocas romana, visigoda e islámica que gracias a las actuales intervenciones, configuraran el futuro Museo Arqueológico que se abrirá al público próximamente, hacia la primavera del 2007.


LA NUEVA PLAZA DE L’ALMOINA

El solar, recientemente remodelado y acondicionado por los arquitectos José María Herrera y José Miguel Rueda, ha sido convertido en una plaza abierta y diáfana. El elemento protagonista y que más llama la atención en este espacio es el cuadro de cristal cubierto por una fina lámina de agua que, además de servir de ventana arqueológica, funciona como espejo en el que se refleja la cúpula de Basílica de la Virgen, una unión metafórica de lo antiguo y lo moderno, el pasado y el presente en el que además también se funde el reflejo del espectador, un rincón integrador de lo que fuimos y de lo que somos. Ahora hierro, mármol, agua y cristal protegen los restos arqueológicos enriqueciendo el entorno con un nuevo espacio singular.

Bajo esta recién estrenada plaza, a cuatro metros y medio de profundidad, un rompecabezas de piedra y tierra de 2500 metros cuadrados, en el que construcciones de todo tipo y condición, supervivientes de una era, compiten en protagonismo.

El yacimiento, de incalculable valor histórico, ya demostró su potencial cultural cuando, durante tres años, estuvo abierto al público, registrando una media de 10.000 visitas al mes, por ello se creyó necesario la adecuación de las ruinas como futuro Museo Arqueológico que, según el proyecto previsto, estará divido en cinco espacios llamados: “Las claves del pasado”, “Ciudades debajo de la ciudad”, “Biografía de Valencia”, “Hitos históricos” y “Paseo por Valentia”.

 

María Jesús Blasco Sales
Historiadora del Arte
Universidad de Valencia

 
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