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Una de las preocupaciones últimas de Platón, en La república o de lo justo, es la demostración de la inmortalidad del alma. No deduce de ello ningún premio ni castigo de ultratumba. Vicente Adelantado Soriano

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EL MUSEO DE LA CIUDAD, UN PALACIO POR DESCUBRIR

María Jesús Blasco Sales
maje_su@yahoo.es

En uno de los laterales de la plaza del Arzobispo, y junto a la Cripta de San Vicente, se alza un tanto desapercibido, lo que fuera casa-palacio del ilustre alcalde de Valencia el Marqués de Campo. Los orígenes de este edificio, también conocido como Palacio de Berbedel, se remontan al siglo XVII de ahí los tintes barrocos de su fachada, sin embargo la imagen actual corresponde casi en su totalidad a las reformas que José Campo obró en él a mediados del siglo XIX. Pasados los años y tras su abandono por sus últimos propietarios, fue adquirido por el Ayuntamiento en 1973 como sede del Museo de la Ciudad, lo que evitó su ya prolongado deterioro. La recuperación y consolidación municipal le valió en 1982 la declaración de monumento histórico artístico de carácter provincial. Hoy dignamente restaurado y ampliado sirve de inmejorable contenedor de los fondos municipales por ello proponemos un paseo a través de sus variopintas salas y salones en las que se unen pasado, presente y futuro de la historia de nuestra ciudad.

El itinerario da comienzo en la majestuosa escalera, que a un lado del patio, da acceso a la planta principal del palacio, allí al pie de la misma y sobre una alfombra roja somos recibidos por el mismísimo Sorolla, en forma de busto esculpido por el no menos ilustre Mariano Benlliure. Ya en este elegante espacio nos vemos imbuidos en el ambiente palaciego del edificio gracias a la rica decoración de pinturas y estucos y a la majestuosidad de la cúpula, que se cuenta entre las mayores de la ciudad.

Llegados a la planta noble nos encontramos a la izquierda con la primera sala en la que se exponen los fondos más antiguos de la colección municipal, un conjunto de tablas góticas y exquisitos marfiles que se remontan hasta el siglo XV, todos ellos provenientes de la colección Martí Esteve compuesta por más de un centenar de obras en su mayoría anónimas y de carácter religioso que fue adquirida por el Ayuntamiento allá por 1951 para su incorporación al patrimonio municipal.

Sucesivamente el recorrido nos lleva a través de tres refinadas estancias que abren sus ventanales a la fachada principal, la Sala árabe , el Salón de Baile y el Salón Imperio, en las que se alojan valiosos lienzos de anónimos valencianos entre obras del maestro del barroco Jerónimo Jacinto de Espinosa. Este ala del palacio, la más cuidada y distinguida, conecta en su extremo izquierdo con la sala conocida como la Serre que antaño sirvió como invernadero y que hoy alberga los grandes lienzos que José Vergara realizó para la capilla de Santa Rosa de Lima. Desde este luminoso salón, caracterizado por su techo de cristal, pasamos a dos espacios muy diferentes, de un lado a la recoleta capilla de palacio de estilo neoclásico -recientemente restaurada- y de otro a la moderna ampliación en cuyas salas se exhibe la muy recomendable colección del periodista, abogado y crítico de arte Adolfo de Azcárraga.

Pero volvamos a las estancias del palacio para continuar el recorrido, no sin antes reparar en las inauditas pinturas abstractas que llenan los plafones del techo del antiguo Salón de baile, firmadas por Jordi Teixidor en 1988 y que conviven, sin embargo, en inusitada armonía con los santos y vírgenes de trescientos años atrás.

Al siguiente corredor accedemos a través de un exótico y diminuto vestíbulo recubierto de espejos y bonita ebanistería que da paso al Salón de Armas , de clara inspiración gótica, donde se recogen más de una decena de estatuillas de los mas diversos materiales y una gran talla policromada de San Vicente Ferrer de más de cuatrocientos años de antigüedad. Avanzamos en el tiempo y en el espacio hacia los siglos XVIII y XIX con obras religiosas de Camarón, los Vergara y Vicente López hasta el denominado Salón Luis XV donde los lienzos de Antonio Fillol, José Benlliure y los Pinazo entre otros, son observados por el busto en bronce del Maestro Serrano realizado, como no, por el admirado Benlliure.

Desde aquí ascendemos a la zona nueva del museo, con amplias y modernas salas, en esta encrucijada podemos elegir entre dos secciones bien diferentes, por un lado la rampa que nos conduce a una de las colecciones más valiosas existentes de pesas y medidas donada al Ayuntamiento por el Conde de Trenor y por otro las salas dedicadas a las vanguardias del siglo XX. No espere el visitante que destaquemos aquí ningún artista, ni ninguna obra, pues sería difícil elegir a quien ensalzar y a quien obviar puesto que todo un siglo de arte valenciano se nos presenta en estas cuatro salas, mejor dejemos que ellos mismos le sorprendan y le guíen.

La amplia sección dedicada al siglo XX, es sin duda lo mejor del museo. Si ascendemos hasta las últimas salas ubicadas en la zona moderna del edificio, disfrutaremos como recompensa del mejor arte valenciano de vanguardia, con obras de pintura y escultura que abarcan desde Genaro Lahuerta, Francisco Lozano, Artur Heras, Genovés, Equipo Crónica, Michavila, Salvador Soria o Iturralde entre muchos otros.

A esta magnífica representación, hay que añadir la valiosa colección del versátil abogado, escritor y crítico de arte Adolfo de Azcárraga, que además de contar entre sus piezas con obras de Pinazo, Sorolla, Cecilio Plá, Benlliure o Degrain, logra reunir a la mayoría de nuestros creadores contemporáneos, con lo que podemos afirmar que lo mejor del arte valenciano del siglo XX cuelga en las salas del Palacio del Marqués de Campo.

María Jesús Blasco Sales
Historiadora del Arte
Universidad de Valencia

 
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