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“Durante los años
1540 y 1541 continuaron trabajando los destajaderos, que irían levantando los
muros de la nave central. En 1542 se registra la intervención del cantero
Juan de Troas [...] en 1544, se cerraban las capillas de las naves. En enero
de 1546 se cubría con tirantes la nave central y se comenzaba la obra de las
bóvedas. la primera capilla se cerraba en abril de 1547, pues este mes concluía
su labor Juan de Montejo recibiendo cierta cantidad por pintar
y dorar las claves y filacterias de
la primera capilla de la nave de en medio [...] En marzo se labraba en la
segunda capilla [...] en junio de 1547 se labraba en la tercera capilla, y el
5 de enero de 1548 se daban 750 maravedís a los canteros pa un almuerzo porque acabaron de cerrar la cuarta capilla de la nave de
en medio [...] Rodrigo Gil la dirigió desde 1538 hasta 1577, año de su
muerte. Se le abonaba un salario de 30.000 maravedís incrementado después a
40.000, que eran pagados por tercios. Recibía [además] el importe del
alquiler de la casa [donde moraba],...” (ext. de Antonio Casaseca Casaseca, Rodrigo
Gil de Hontañón (Rascafría, 1500-Segovia, 1577), Salamanca, 1988. pp.
81-82).
La construcción de una flamante catedral junto a la románica,
apenas amortizada, fue causa belli
fundamental del cabildo, engolosinado con erigir un gran edificio
representativo de las nuevas ínfulas urbanas, de las necesidades y
ringorrangos de una próspera feligresía que iba en aumento, alcanzando las
15.000 almas hacia fines de la quinceava centuria. Desgraciadamente, la seo
vieja se estaba quedando pequeña, o al menos eso decían los capitulares,
además de ser excesivamente baxa y oscura. Así las cosas, en 1491 los Reyes Católicos
impetraron al papa indulgencias para iniciar las obras.
La neocatedral salmantina es ante todo un edificio monumental, con
poderoso desarrollo vertical que en planta adopta la mensuración ad
quadratum –como la catedral segoviana- según rasguños aportados por el
valioso testimonio de Simón García en su Compendio
de architectura... (un gran rectángulo duplo de 200 por 400 pies
castellanos como base).
La primera traza fue ejecutada en 1510, a solicitud de Fernando el
Católico que desde Valladolid encargaba la misma instando ...a ver el sitio, hazer la traza y dar su parecer respecto a la
nueva iglesia... a Alonso Rodríguez y Antón Egas, por entonces maestros
mayores de las catedrales de Sevilla y Toledo. Tal propuesta fue aceptada en
1512 por una bien documentada Junta de Obras capitular aunque modificando la
disposición de cabecera que se forzó hasta el ochavo y fue dotada de girola
y capillas absidales. En realidad semejante reajuste nunca llegó a llevarse a
la práctica pues el proyecto final –el que hoy podemos contemplar- formuló
una cabecera plana que iba mejor con los tiempos, desestimando las iniciales
monteas de Rodríguez y Egas.
Las obras, cual Escorial
duriense, se hicieron sempiternas, pues
iniciadas en 1513, se mantuvieron en plena actividad hasta 1733. Entre 1513 y
1560, durante una primera gran campaña de actividad constructiva, se alzó el
edificio hasta el crucero (existe constatación epigráfica que autorizaba el
cambio de culto desde la catedral vieja a la nueva que data de 1550),
dirigendo las obras autores tan prestigiosos como Juan Gil de Hontañón
(1512-1526), elegido expresamente por el cabildo, Juan Gil el Mozo
(1526-1533), Juan de Alava (1535-1537) y el insigne Rodrigo Gil de Hontañón
(1538-1577), quien modificó las trazas aportadas por Alonso de Covarrubias y
Juan de Alava, e incorporando detalles en el alzado de la nave central y en
las tracerías de las capillas de las naves. Vamos, que confluyeron aquí la
flor y nata de la cantería castellana.
Sabido es que mientras las obras iban viento en popa, en 1515, el
cabildo determinaba que maestros de la talla de Martín de Solárzano y
Francisco de Colonia visitaran lo construido, no fuera que los desajustes
descoyuntaran perfiles y cantiles, hacia esa fecha ostentaban las maestrías
mayores de las catedrales de Palencia y Burgos, otro par de los de canela en
rama.
Nuevos ilustres examinadores y peritos fueron Juan de Badajoz el
Viejo y nuevamente Francisco de Colonia en 1522, y un año más tarde Enrique
Egas, Juan de Rasines y Vasco de la Zarza. Rodrigo Gil dejará su peculiar
firma en gran parte del templo: la traza de las bóvedas para la nave central
y las laterales, el diseño de los ventanales, de los medallones al gusto
renaciente y el remate del imafronte, es decir, el grueso de la obra de cantería
ya rematada hacia la década del 1550. El 25 de marzo de 1560 el obispo
Francisco Manrique de Lara abría al culto el templo catedralicio.
Entre 1568 y 1773 se procedió al segundo gran empuje en cuanto a la
obra de la fábrica, rematando crucero y cabecera, siguiendo ésta en 1589 la
traza aportada por un clasicista Juan de Ribero Rada, convirtiéndola en
testero recto, girola, tres capillas-hornacina y potentes cimientos para las
torres siguiendo los dictados suscritos para la catedral vallisoletana. El de
Ribero Rada fue seleccionado entre los proyectos aportados por otro plantel de
prestigiosos profesionales, a saber: Nicolás de Vergara, Juan de Nates y Juan
Andrés Rodi.
Durante esta abultada secuencia cabe destacar la participación de
Juan de Setién Güemes (+1703), que construyó las capillas de la cabecera y
el arranque de las torres angulares, y Pantaleón Pontón de Setién (1703-13)
que cerró las bóvedas de la capilla mayor, girola, crucero e inició el
cimborrio.
Por su parte, dentro de una sensibilidad denodadamente barroca,
Joaquín Benito de Churriguera (1713-24) comenzó las obras de cierre de la
nave mayor y el coro, aportando trazas para un cimborrio similar al de la
catedral de Burgos, continuando los trabajos hacia el coro y trascoro Alberto
Churriguera (1725-38), Manuel Lara Churriguera (1741-1751) y Juan de
Sagarvinaga (1752-1766). Este último reconstruyó el cimborrio tras su
hundimiento a consecuencia del imparable terremoto de Lisboa de 1755, que ¡hay
que ver cómo dio en quebrantar paños!, desmontándolo por completo y
reconstruyéndolo después siguiendo instrucciones del arquitecto benedictino
fray Antonio de San José Pontones (en contra de su desmontaje total se
mantuvo el arquitecto real Juan Bautista Sachetti). De la cúpula
churrigueresca hemos conservado las trompas aveneradas cuajadas de angelotes y
el búcaro, además del tambor octogonal perforado por ocho grandes ventanales
de medio punto desde donde arranca la media naranja.
El templo catedralicio había sido solemnemente consagrado el 15 de
agosto de 1733 bajo la advocación de la Asunción de la Virgen, si bien aún
quedaron por construir sacristía y antisacristía, cuyo proyecto correspondió
a Andrés García de Quiñones y Manuel de Larra Churriguera (1752), siendo
reformado bajo el denominador común gotizante por Juan de Sagarvinaga, camaleónico
alarife, que fue nombrado maestro catedralicio desde 1754.
La catedral nueva es un grandioso edificio, de una magnificencia
fuera de lo común, equiparable en dimensiones y suntuosidad con la monumental
seo hispalense. Aún sujeto a las convenciones del gótico clásico en cuanto
a pilares y abovedamientos, más hacia el exterior si cabe, la catedral charra
surge catapultada hasta alturas espectaculares sin topar con el paroxismo del
triforio, sustituido aquí por simples andenes abalaustrados en altura.
En el ornato de la fábrica el bilingüismo se hace revelador: Juan
Gil sigue hormas plenamente góticas en la fachada de poniente (también se
usan escudos en las zonas bajas del interior), a las que se van superponiendo
aderezos renacientes de la mano de Rodrigo Gil (existe constancia documental
por el pago de tondi a los
entalladores Miguel de Espinosa, Anaya y Juan de Troas). Los gruesos pilares,
sustentados sobre basamentos circulares, seguramente diseñados por Juan Gil,
aunan baquetones que, proyectándose en aéreos pilares, originan ricas bóvedas
estrelladas de intrincados terceletes y combados.
A buen seguro que los comitentes capitulares secundaron resultados
formales con plena garantía retardataria, cómodos en harina de arbotante,
contrafuerte, gárgola cosmética y pináculo “académico”, de una solidez
a prueba de galanteo aunque no necesariamente arcaizante.
La misma torre, la capilla que comunica con la catedral vieja o la
fachada principal y la Puerta de Ramos de Juan Gil, desgranan ingredientes
plenamente goticistas en el seno de una escenografía urbana de alto copete
mucho más ambiciosa. Pero desde el exterior, el goticismo va perdiendo pie a
medida que avanzamos en altura y nos adelantamos hacia la cabecera.
Parece evidente que lo que la catedral nueva rezuma de goticismo no
es ni mucho menos patraña epigónica sino manifiesto en sí mismo, de una
rotundidad geológica que hubiera hecho las deliciasde Julio Verne, obra
singular ilustrativa de una franja edilicia especialmente pródiga en toda la
corona castellana (p. ejem. catedrales de Segovia, Astorga y El Burgo de Osma,
amén de colegiales y parroquias en Berlanga de Duero, Villacastín, Roa,
Castrojeriz, Villasandino, Lerma, Simancas, etc.).
En la fachada occidental de la catedral nueva Juan Gil plantea una
gran fachada-pantalla con cuatro grandes arcos en correspondencia con las tres
naves y la septentrional capilla-hornacina, los arcos, de roscas angreladas y
las bovedillas de crucería pautan la gran superficie de dorada piedra de
Villamayor. El tramo correspondiente a la nave central remata con un Calvario
instalado sobre el conopio que algunos han intentado atribuir a Juan de Gante,
las arquivoltas destellean de figuración bajo doseletes y frondas vegetales
cuya autoría es de compleja certificación (tal vez Domingo de Vidaña, Gil
de Ronza, Egidio, Juan Rodríguez y Antonio de Paz). La puerta de acceso es bífora,
con doble arco carpanel, esquema que resulta duplicado en el cierre de los
relieves.
La torre de campanas, que acogía por su base la capilla medieval de
San Martín, fue elemento bisagra entre ambas catedrales. Pedro de Ribera trató
de solventar los graves problemas estructurales planteados por su inestable
alzado, si bien todo quedó en agua de borrajas, acentuándose aún más tras
el cruento seísmo de Lisboa, cuando varios arquitectos fueron consultados y
adoptaron diferentes puntos de vista fruto de sus correspondientes veedurías:
Francisco Moradillo, fray Antonio Manzanares, Juan de Sagarvinaga, Ventura
Rodríguez e incluso el del ingeniero francés Baltasar Devreton, cuya
atrevida conseja fue ratificada a pies juntillas, rodeando los cuerpos bajos
de la torre mediante encintados de tensadas cadenas que iban placados con
sillería, formulando así un superficial perfil en talud.
CATEDRAL
VIEJA
MONUMENTOS
DE LA PROVINCIA DE SALAMANCA
CIUDAD
RODRIGO

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FICHA TÉCNICA
GUÍA DIDÁCTICA:
LA
CATEDRAL NUEVA DE SALAMANCA.
AUTOR:
José
Luis Hernando Garrido
PROYECTO: “Guías Didácticas”
T-CUA Tutories
Culturals i Artístiques
COORDINACIÓN Y MAQUETACIÓN: Francesc-Xavier
Mingorance i Ricart
(adaptado para Liceus.com en 2004
por Julián
Rojo)
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