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Siempre
se ha considerado a san Atilano, obispo de Zamora desde el año 900, como el
restaurador de la sede episcopal de Zamora. Pero en realidad ésta no fue
totalmente reestablecida hasta el 1120.
El
florecimiento de la ciudad en el siglo XII permitirá la construcción y
reforma de templos en la ciudad. De entre ellos destacará en sobremanera la
iglesia catedral.
La
catedral de Zamora, sin lugar a dudas una de las joyas del románico hispano,
preside, majestuosa el conjunto de la ciudad antigua de la ciudad, siendo su
edificio más destacable. Fue declarada Monumento Histórico-Artístico en
1889. Tanta fue la belleza que rápidamente fue conocida como "la perla
del siglo XII".
El
proceso edilicio fue realmente breve para su época, tan sólo 23 años, desde
1151, cuando parece ser que ya se había dado comienzo a las obras, hasta
1174, momento en que se consagra el templo.
El
edificio, que, como tantos de su tipología, ha sufrido muchas y diversas
alteraciones, conserva en gran medida su espíritu románico tanto exterior
como interiormente. Desde el exterior es especialmente imponente la visión
del templo desde el sur, al otro lado del río Duero, presidiendo el altozano
sobre el que se eleva la ciudad. Destaca de su exterior la torre campanario y
el cimborio, gallonado, como los de la catedral vieja de Salamanca, de la
colegiata de Toro y de la catedral de Plasencia.
El
interior sigue lejanamente modelos bizantinos, muy raramente vistos en estas
tierras. No obstante la solución adoptada para su planta, tres naves,
transepto de nave única y tres capillas absidales, nos remite a una tipología
ya empleada en San Isidoro de León y San Vicente de Ávila. Se
trata, pues, de un templo que originariamente presentaba tres ábsides
semicirculares que fueron sustituidos por sendos poligonales en época tardogótica,
reforma culminada en época del obispo Diego Meléndez de Valdés. Presenta
planta de cruz latina con tres naves. La nave central está cubierta con bóveda
de crucería simple, en tanto que las laterales y los brazos del transepto
aparecen cubiertos con bóvedas de cañón apuntado.
También
en el interior, la falta de decoración escultórica en los capiteles de los
pilares que separan las naves y sobre los que reposan las bóvedas, se ha
querido siempre poner en contacto con el austero y anicónico espíritu
cisterciense, en pleno esplendor en el momento de construcción de la
catedral.
A
los pies del templo se planteó una solución de fachada con dos torres
laterales, de las cuales sólo se levantó la septentrional, que se ha erigido
en uno de los símbolos de la ciudad.
Destaca
también el cimborio sobre el crucero. Ésta cúpula, que se soporta mediante
el empleo de pechinas, interiormente se presenta gallonada sobre tambor cilíndrico.
En el exterior su decoración plástica es excelente, flanqueando su
estructura cilíndrica mediante el empleo de cuatro torrecillas angulares.
Esta estructura de torrecillas y la cubierta con escamas derivan probablemente
de modelos procedentes del Poitou francés. En cambio la solución gallonada
del interior proviene de una antigua tradición hispana inspirada en modelos
orientales. Seguramente el cimborio fue diseñado y realizado por un maestro
francés poitevino con un gran conocimiento de su oficio. El cimborio de
Zamora se convirtió en modelo para los restantes citados.
De
los escultores que trabajaron en la decoración de la catedral zamorana,
siempre se ha destacado sobre todos al maestro que llevó a cabo la magnífica
decoración de la llamada "Puerta del Obispo". Está se encuentra en
el brazo sur del transepto y da acceso a la catedral directamente desde la
plaza en la que se encuentra el Palacio Episcopal.
Dos
relieves decoran los pequeños tímpanos de los arcos. El primero de ellos
representa la Virgen con el Niño o "Sedes sapientae". Demuestra
claramente que el artista era conocedo de modelos franceses como la Portada
Real de Chartres, la puerta sur de Rheims o la puerta sur de Nôtre Dame de
Paris). El segundo de ellos nos presenta a los apóstoles san Juan y san Pedro
En
el siglo XII se contruyó a los pies una gran torre de planta cuadrangular y
cinco pisos de altura que confirió al templo su actual aspecto exterior.
El
claustro fue construido en los siglos XVI y XVII. La portada norte fue
sustituida en el siglo XVII por una nueva, de carácter clasicista, lejos del
estilo unitario del resto del templo.
En
el interior destacan sobre todo el retablo mayor, del siglo XVIII, con trazas
de Ventura Rodríguez; el retablo de Nuestra Señora de la Majestad, conocida
como "La Calva", por su ancha frente, obra gótica de finales del
siglo XIII o principios del XIV; el coro de Juan de Bruselas; el Cristo de las
Injurias, de Diego de Siloé y Jacobo Florentino; el sepulcro de Juan de Grado
o de San Ildefonso; y el retablo de San Ildefonso, de Fernando Gallego, entre
otras magníficas obras de arte.
El
retablo mayor
El
actual retablo mayor de la catedral fue diseñado por Ventura Rodríguez y
realizado por Andrés Verda, Juan Bautista Tammi, ambos maestros de origen
italiano, y el escultor Jerónimo Prebosti. Para su construcción se
utilizaron mármoles y bronce dorado al fuego. Fue construido en varias etapas
debido a las dificultades económicas del cabildo entre los años 1765 y 1776.
Posee
un gran zócalo curvilíneo, sobre el que se asientan cuatro columnas con
capiteles dorados de orden corintio que enmarcan en gran relieve central de la
Transfiguración del Señor. El coronamiento está compuesto por un relieve
con la inscripición, HIC EST FILIUM MEUS DILECTUS (Este es mi hijo amado),
rematado por la imagen de Dios Padre, y sendos ángeles a los lados, todos
ellos realizados en mármol de Carrara.
Retablo
de Nuestra Señora de la Majestad
En
el centro de un retablo sito en la capilla del Evangelio de la cabecera,
encontramos la imagen de Nuestra Señora de la Majestad o Virgen de la Calva).
La imagen fue realizada a finales del siglo XIII o principios del XIV, contratándose
el retablo mucho tiempo después, en 1558.
Es
una de las imágenes más destacadas de su época. Está en relación las
Anunciaciones de Santa María del Azogue en Benavente y de la Colegiata de
Toro. Su policromía es posterior, del siglo XVI.
El
coro
Surgido
de la mano creadora del maestro Juan de Bruselas, en el año 1503. El maestro
cobraría por esta obra un total de 9.000 maravedíes. En su sillería, que
presenta una talla de una calidad extraordinaria y minuciosa, encontramos un
auténtico repertorio de personajes bíblicos, abarcando tanto el Antiguo
Testamento (en la sillería baja) como el Nuevo Testamento (coro alto). Está
considerado como uno de los mejores ejemplos de sillería de coro de su época.
El
Cristo de las Injurias
Obra
anónima del siglo XVI, realizada en talla de madera policromada. Su
emplazamiento originario no era la catedral sino el monasterio de San Jerónimo
de Zamora, hoy desaparecido, llegando a la primera tras la desamortización de
Mendizábal en 1835.. Según la tradición el nobre de "Las
Injurias" proviene de las que esta imagen padeció durante la revuelta de
los moriscos en las Alpujarras (Granada) entre los años 1568 y 1571.
Desde
1902 esta imagen acompaña la procesión del Santo Entierro, fundándose una
Cofradía bajo su advocación cinco años más tarde, en 1925. Esta Cofradía
es la encargada de organizar la procesión de Miércoles Santo, quedando
depositada la imagen en la iglesia de San Esteban hasta el Viernes Santo, en
que vuelve, también en procesión, a la catedral.
El
sepulcro de Juan de Grado
Se
encuentra en la Capilla de San Juan Evangelista o del Doctor Grado. La
capilla, sita a los pies de la nave de la Epístola, fue creada por voluntad
de don Suero Pérez, obispo de Zamora desde 1255 hasta 1286.
Su
aspecto actual se lo debemos al Doctor Juan de Grado, canónigo de la
catedral, quien dispuso la reforma para albergar su propio sepulcro, dotándola
de dos capellanes a perpetuidad.
El
sepulcro es una de las grandes obras del gótico tardío hispano. Presenta una
compleja iconografía con lectura en sentido ascendente.
El
tímpano del arcosolio muestra una gran composición en relieve del Árbol de
Jesé, que nace de la propia figura yacente del Jesé.
La
figura yacente de Juan de Grado aparece bajo la de Jesé. Se le representa
vestido según su categoría eclesiástica y portando un cáliz en la mano. A
sus pies, un paje plañidero sostiene entre sus manos un libro.
El
retablo de San Ildefonso
Realizado
hacia 1480 por Fernando Gallego para la capilla funeraria del cardenal Juan de
Mella. Tiene dos cuerpos y tres calles, más la predela.
El
primer cuerpo del retablo está dedicado a San Ildefonso, titular de la
capilla. Encontramos representadas la Imposición de la casulla a San
Ildefonso, la Aparición a Santa Leocadia y la Adoración de las reliquias de
San Ildefonso. El cuerpo superior presenta la Crucifixión y, a cada lado, el
Bautismo de Cristo y la Decapitación del Bautista.
Fernando
Gallego también realizó el espléndido Retablo Mayor, hoy repartido entre
las iglesias de Arcenillas (Zamora), de la Asunción de Zamora y en el Museo
Catedralicio, que pudo contemplarse casi totalmente reconstruido con motivo de
la celebración en la catedral de la exposición "Remembranza",
dentro del ciclo "Las Edades del Hombre", el año 2001.
Pero
la catedral de Zamora también presenta otros muchos tesoros, como:
§
La representación de San Cristóbal, de Blas de Oña, hacia 1540.
§
La capilla del Santísimo o San Miguel, del siglo XVI.
§
Las rejas de la Capilla Mayor, y abisdiolas laterales, del Coro, de las
capilla del Santísimo, de San Nicolás, de la Caída de San Pablo, de la de
Santa Inés, de la Capilla de San Ildefonso, de la del Doctor Grado, de los
Valencia o San Bernardo, que constiuyen una rica muestra de la rejería
Zamorana e hispana.
§
La Capilla de San Ildefonso o del Cardenal, fundada por Don Juan de
Mella en 1464, con diversos sepulcros, entre los que se encuentran los que
probablemente correspondan a Don Diego de Castro y Doña Beatriz Pezellin, el
de Don Juan Romero y Don Álvaro Romero. En 1999 se descubrieron las pinturas
murales que decoraban completamente los muros de la capilla. De lo que se
conserva destaca el bautismo de Cristo, la Última Cena, el Camino del
Calvario y la Crucifixión. Las bóvedas están asimismo pintadas con la
representación de un cielo con ángeles.
También
en esta capilla encontramos dos tallas del Calvario y del Nacimiento, obra de
Juan Montejo el Viejo y Alonso de Escobar, realizadas hacia 1598.
§
En la sala capitular se conservan seis tapices conocidos comoi
"Tapices de las Artes Liberales", probablemente del siglo XVIII.
§
La tabla de Todos los Santos, en el trascoro de la catedral, obra anónima
de finales del siglo XV o principios del XVI.
§
La Sacristía, construída y reformada entre los siglos XV y XVIII.
§
La puerta de la Sacristía, obra de Juan de Bruselas y su taller,
realizada en el primer tercio del siglo XVI, donde destacan las figuras de San
Pedro y San Pablo.
§
La puerta del claustro, también de Juan de
Bruselas y su taller, en la que son especialmente interesantes las figuras de
San Esteban, San Pedro, San Juan Bautista y, quizás, San Lorenzo.
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