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    RESUMEN:

    Hiparquia, filósofa cínica, fue esposa del también filósofo cínico Crates, con quien convivió a la manera que postulaba su doctrina. Esto le supuso una total ruptura con los convencionalismos de la sociedad patriarcal y misógina de la Atenas del siglo IV a.C.

    Se ha datado su plenitud vital o floruit entre el 336 y el 333 a.C., por lo que se la considera entre ocho y diez años mayor que su marido Crates. Era hermana del también filósofo cínico Metrocles quien, a pesar de haber sido en un principio alumno de Teofrasto, abandonaría más tarde la filosofía peripatética para hacerse cínico, después de superar, con la ayuda de Crates, los efectos desagradables de una experiencia desafortunada.

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    Hiparquia era natural de Maronea, ciudad de Tracia conquistada por Filipo el año 355 a.C., circunstancia que pudo provocar el traslado de su familia a Atenas, pese a lo cual, y según las noticias antiguas, parece que mantuvo un buen nivel social. Se ha datado su plenitud vital o floruit entre el 336 y el 333 a.C., por lo que se la considera entre ocho y diez años mayor que su marido Crates. Era hermana del también filósofo cínico Metrocles quien, a pesar de haber sido en un principio alumno de Teofrasto, abandonaría más tarde la filosofía peripatética para hacerse cínico, después de superar, con la ayuda de Crates, los efectos desagradables de una experiencia desafortunada. Parece ser que fue a causa de la relación entre Metrocles y Crates que Hiparquia conoció al que sería su esposo. Diógenes Laercio cuenta que Hiparquia quedó cautivada por las doctrinas de Crates, de quien se enamoró tanto por sus palabras como por su conducta. Por este motivo, Hiparquia habría de amenazar a sus padres con quitarse la vida en caso de ser entregada en matrimonio a alguno de los que la pretendían, pues ignorando belleza, juventud y fortuna de los solicitantes, manifestó que sólo se uniría a Crates. Éste, a petición de los padres, intentó disuadirla; para ello se despojó de su manto y al mostrar su deforme cuerpo desnudo le dijo que aquél era el novio y aquella toda su hacienda, por lo que le pedía que meditase la elección, pues sólo si adoptaba el modo de vida cínico podría ser su compañera. Hiparquia no dudó en aceptar las condiciones del cínico y renunciando a sus posesiones se vistió de manera similar. Crates e Hiparquia, sin hogar, consumaron su matrimonio en la calle, por lo que Crates denominó a su boda “canigamia”, o lo que es lo mismo, casamiento de perros. Como es sabido, a los filósofos cínicos se les denominó perros, kynes, de donde podría provenir el nombre de su doctrina; otras explicaciones atienden al Kynosargo, gimnasio que, ubicado a las afueras de Atenas, fue el primer foro que acogió las lecciones de Antístenes y de sus seguidores. En cualquier caso, y sea cual fuere la naturaleza del término ‘cínico’, cabe señalar que, en efecto, la forma de vivir de estos pensadores sin techo y mendicantes, sin apenas pertenencias, y obligados a realizar los actos más íntimos en la calle, bien les pudo valer el calificativo de ‘perros’; si a esto le añadimos sus conductas antisociales y sus discursos destinados a subvertir el orden establecido, podemos entender el rotundo triunfo de un apelativo capaz de devenir en nombre de la escuela.

    ISBN- 978-84-9822-632-4

    Autor: Catalina Aparicio Villalonga.

    Extensión: 10 págs.

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