Hammershøi en el Museo Thyssen: el silencio pintado
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta la primera gran retrospectiva en España dedicada a Vilhelm Hammershøi (1864-1916), una figura esencial del arte danés de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Bajo el subtítulo “El ojo que escucha”, la exposición reúne 89 óleos y dibujos del artista y de algunos de sus contemporáneos, ofreciendo una visión completa de una producción relativamente breve —poco más de 400 obras— pero extraordinariamente coherente.
Tras su paso por Madrid, la muestra viajará a la Kunsthaus Zürich, consolidando así su proyección internacional.
El redescubrimiento de un artista silencioso
Considerado uno de los pintores daneses más destacados de su tiempo, Hammershøi cayó progresivamente en el olvido tras la irrupción de las vanguardias histórica. Su pintura, ajena al estruendo de los movimientos de ruptura, parecía situarse en un territorio paralelo: ni plenamente simbolista, ni realista en sentido académico, ni impresionista.
Desde la década de 1980, diversas exposiciones han contribuido a recuperar su figura, pero en España apenas se había podido ver su obra en contadas ocasiones.
Esta retrospectiva supone, por tanto, una oportunidad excepcional para comprender la singularidad de un creador cuya ambigüedad continúa generando nuevas interpretaciones.
“El ojo que escucha”: pintura y música
El subtítulo de la muestra, “El ojo que escucha”, alude a la dimensión sensorial de su pintura y a su interés por la música. Sus cuadros parecen construidos desde el silencio: interiores donde la luz se filtra con suavidad, figuras ensimismadas, espacios vacíos que invitan a la contemplación.
En obras como Interior con mujer al piano (1901), la música no es solo un motivo iconográfico, sino una metáfora de la escucha interior y del ritmo pausado que caracteriza su lenguaje pictórico.
Retratos e introspección
Los retratos representan aproximadamente una cuarta parte de su producción.
En ellos reconstruye su círculo íntimo: familiares, músicos, amigos. La eliminación de elementos narrativos y el uso de fondos neutros suspenden a los modelos en un tiempo indefinido.
Especial relevancia adquiere la figura de Ida Ilsted, su esposa, presencia constante desde su matrimonio en 1891.
Ida aparece tanto como figura anónima de espaldas en interiores silenciosos como en retratos más cercanos, convirtiéndose en un eje emocional y compositivo fundamental.
Interiores: la arquitectura del silencio.
El género que le procuró mayor reconocimiento fue el de los interiores domésticos.
Entre 1898 y 1909, en el apartamento de Strandgade 30 en Copenhague, pintó más de 60 composiciones.
En estos espacios, Hammershøi reduce la escena a lo esencial: paredes desnudas, puertas entreabiertas, suelos iluminados por una luz lateral. En Rayos de sol o luz del sol. Motas de polvo bailando en los rayos de sol (1900), la luz se convierte en protagonista absoluta.
El vacío no transmite ausencia, sino presencia contenida.
Estos interiores dialogan naturalmente con los maestros holandeses del siglo XVII y con la tradición pictórica que también forma parte de las colecciones del Thyssen.
Ver su obra en este contexto permite establecer conexiones con artistas del pasado y del cambio de siglo.
Paisajes y ciudad desierta.
Fuera del ámbito doméstico, Hammershøi representó vistas urbanas y paisajes rurales donde nunca aparecen figuras humanas
Sus panorámicas de Copenhague muestran edificios históricos vacíos, captados desde puntos elevados, como si la ciudad hubiera quedado suspendida.
La atmósfera brumosa de algunas vistas londinenses lo aproxima al simbolismo europeo y a figuras como Fernand Khnopff
Pero su mirada permanece singular: una combinación de austeridad cromática, estructura geométrica y depuración emocional.
Años finales y autorrepresentación
En sus últimos años, retomó el estudio de la figura humana en composiciones más monumentales y volvió al autorretrato tras casi quince años sin practicarlo. En 1911 se representa pincel en mano, afirmando su identidad como pintor en un momento de transición artística.
Una pintura abierta a la interpretación
La ambigüedad de Hammershøi ha favorecido lecturas diversas: simbolismo, proto-modernidad, minimalismo avant la lettre. Su capacidad para convertir lo cotidiano en experiencia metafísica mantiene vigente su obra más de un siglo después.
Esta retrospectiva del Museo Thyssen no solo recupera a un artista fundamental, sino que invita a reflexionar sobre el silencio, la percepción y la relación entre espacio y emoción en la pintura europea.
Del 17 de febrero al 31 de mayo de 2026 Comisaria: Clara Marcellán
Más información: Museo Thyssen