Fernando Sánchez Castillo. La Perla Peregrina en el MNCARS
Fernando Sánchez Castillo transforma el Palacio de Velázquez en un espacio para repensar la historia.
La exposición La Perla Peregrina, organizada por el Museo Reina Sofía, reúne en el Palacio de Velázquez la obra de Fernando Sánchez Castillo.as El artista revisa los monumentos, los símbolos del poder y los relatos históricos para mostrar que la memoria permanece abierta a nuevas interpretaciones.
El Palacio de Velázquez, situado en el parque del Retiro de Madrid, reabrió sus puertas al público tras las obras realizadas para mejorar la accesibilidad, la sostenibilidad y las condiciones de conservación del edificio. La exposición elegida para esta nueva etapa fue Fernando Sánchez Castillo. La Perla Peregrina, una propuesta que puede visitarse desde el 24 de junio de 2026 hasta el 8 de marzo de 2027.
Comisariada por Ferran Barenblit y organizada por el Museo Reina Sofía, la muestra analiza la forma en que se construyen los relatos históricos y cómo el arte puede intervenir en ellos. Fernando Sánchez Castillo utiliza principalmente la escultura para revisar imágenes, monumentos y gestos vinculados con el poder político.
La historia como un relato en permanente transformación.
Fernando Sánchez Castillo, nacido en Madrid en 1970, ha desarrollado una trayectoria marcada por el análisis de los símbolos de autoridad y de las imágenes que los Estados utilizan para representar su poder.
Estatuas ecuestres, monumentos, vehículos oficiales, figuras de dirigentes y objetos asociados a acontecimientos históricos aparecen en sus proyectos transformados, fragmentados o sometidos a nuevos usos. Con estas operaciones, el artista les retira parte de su solemnidad y revela su condición de construcciones culturales.
Una escultura monumental puede convertirse en un columpio; unos robots industriales, en instrumentos para producir formas abstractas; y dos vehículos antidisturbios, en los intérpretes de una coreografía. Los cambios de escala, material, función y contexto permiten observar estos objetos desde una perspectiva distinta.
La propuesta invita a comprender que la historia no es una narración definitiva. Está formada por interpretaciones, silencios, imágenes y decisiones que determinan qué acontecimientos se recuerdan y de qué manera se transmiten.
La Perla Peregrina como metáfora del poder.
El título de la exposición procede de una de las joyas más célebres de la historia: la Perla Peregrina, hallada en Panamá en el siglo XVI y reconocida por su gran tamaño y su característica forma irregular.
Poco después de su descubrimiento llegó a la corte de Felipe II y quedó vinculada durante siglos a la monarquía española. Velázquez y su taller la representaron en distintos retratos reales, entre ellos los de Felipe III e Isabel de Borbón.
José Bonaparte sacó la joya de España a comienzos del siglo XIX. Después de pasar por diferentes propietarios, fue adquirida en 1969 por Richard Burton como regalo para Elizabeth Taylor. Tras la muerte de la actriz volvió a subastarse en 2011 y su comprador permaneció en el anonimato.
Su recorrido permite relacionar singularidad, valor económico y autoridad. La perla pasa de la naturaleza a las cortes europeas, y de la monarquía al mundo contemporáneo de las celebridades, conservando su condición de objeto excepcional y símbolo de prestigio.
De la herida a la forma artística.
La manera en que se forma una perla proporciona otra de las claves de la exposición. Un cuerpo extraño penetra en el interior de un molusco y altera su equilibrio. Como respuesta, el organismo lo recubre progresivamente con capas de nácar hasta convertir la agresión inicial en una forma única.
Fernando Sánchez Castillo y Ferran Barenblit trasladan esta imagen al terreno de la historia. Las sociedades también recubren los conflictos, las conquistas, las dictaduras y los episodios traumáticos con sucesivas capas de relatos, símbolos, ceremonias y representaciones.
El paso del tiempo puede transformar una imposición en tradición y una herida histórica en una imagen aparentemente estable. El arte permite retirar o alterar algunas de esas capas para hacer visible aquello que permanece oculto.
En la obra de Sánchez Castillo, la historia reciente de España ocupa un lugar destacado. La Guerra Civil, la dictadura y la Transición aparecen como procesos cuyos efectos siguen presentes en la memoria colectiva. El artista recupera objetos, figuras y episodios que permiten revisar las relaciones entre memoria y olvido.
El monumento pierde su solemnidad.
Los monumentos no solo recuerdan acontecimientos o personajes. También organizan el espacio público y condicionan la posición desde la que contemplamos la historia.
La estatua ecuestre constituye uno de los ejemplos más reconocibles. El dirigente aparece elevado sobre el resto de la sociedad y el caballo transmite una imagen de dominio, movimiento y obediencia. La repetición de este modelo ha contribuido durante siglos a convertirlo en una representación aparentemente natural del poder.
Sánchez Castillo altera estos códigos mediante la fragmentación, el desplazamiento, el humor y el cambio de función. Sus intervenciones no siempre destruyen el símbolo: en muchas ocasiones lo vuelven inestable y permiten que el espectador reconozca las decisiones políticas y culturales que participaron en su construcción.
El humor adquiere así una dimensión crítica. Aquello que parecía intocable puede resultar cercano, manipulable e incluso incómodo. La autoridad pierde su apariencia de permanencia.
Un museo que muestra también el proceso creativo.
Uno de los aspectos más singulares del proyecto es la presencia del propio artista en el Palacio de Velázquez. Durante los meses de la exposición, Fernando Sánchez Castillo traslada allí parte de su estudio para trabajar ante los visitantes y conversar con ellos.
La exposición deja de ser únicamente el lugar donde se muestran obras terminadas. También permite observar el proceso creativo, los materiales, las dudas y las decisiones que intervienen en la producción artística.
Esta transformación modifica a su vez el papel del visitante. El público puede pasar de contemplar un resultado cerrado a convertirse en interlocutor del artista. La experiencia plantea una reflexión especialmente interesante para la museología contemporánea: el museo puede ser un espacio de investigación, diálogo y creación, además de un lugar de conservación y exhibición.
La Perla Peregrina propone, de este modo, una mirada crítica sobre los mecanismos con los que construimos la memoria. Las obras no ofrecen una interpretación definitiva del pasado. Introducen desplazamientos que ayudan a reconocer sus contradicciones y a preguntarnos qué relación mantienen esos símbolos con nuestro presente.
Información práctica.
Exposición: Fernando Sánchez Castillo. La Perla Peregrina
Fechas: del 24 de junio de 2026 al 8 de marzo de 2027
Lugar: Palacio de Velázquez, parque del Retiro, Madrid
Comisariado: Ferran Barenblit
Organización: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Entrada: gratuita
Los horarios y posibles cambios en el acceso pueden consultarse en la página oficial de la exposición. El Museo también ofrece una hoja de sala en PDF con información ampliada sobre el proyecto.